27 dic. 2008

Feria y fiesta


¿Quién querría ir a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara?


Yo no. ¿Para ver cursilerías, homenajes y académicos echarse porras unos a otros? ¡Éste libro muestra cómo el pulimento de la emoción consigue a través de cúspides verbales embargar los ámbitos cotidianos! O, no hay duda de que Fulanito de Tal con esta novela ha conseguido alcanzar la madurez narrativa y al mismo tiempo se ha instalado como uno de los mejores representantes del infratremendismo mágico-sucio que él mismo inventó.


Es decir, que ya me imagino esas presentaciones de libros en las cuales unos ensoberbecidos universitarios a su muy particular modo imitan a los animadores de cabaret. ¡Con uuuusteeeedeeees, laaadys and geeeentlemaaaan! ¡Damas y caballeeeros, el autor de moda! Denle un fuerte aplauso.


Una imagen muy precisa e infernal de la eternidad es el insomnio, como bien pensara Cioran, y también una lectura de poesía puede ser adecuada para imaginarse los lamentos del purgatorio. Y no menos infernal es la monstruosidad de miles de libros reunidos bajo un mismo techo. Esas medusas librescas que otros llaman estantes con novedades, a mí me causan terror. Para dirigir una megabiblioteca hace falta estar ciego, impedido para leer, como Borges. De esa manera el pánico ante tanta palabrería encuadernada se vuelve tolerable.


Por eso preferí asistir a los quinceaños de mi sobrina. Como buen ateo llegué impuntual a la iglesia. Luego, durante las primeras y sobrias horas de la fiesta, frente a los adornitos, las pláticas presuntuosas, los vestidos rosas, el pastel y el vals, en verdad, que me regocijé de no estar entre escritores y miles de lectores. ¿Cómo cambiar una conversación sobre la narrativa italiana contemporánea a una sobre lo gordo que se ha puesto el primo de no sé quién?


Necesitaría estar loco para preferir contemplar una vez más El Hombre en llamas de Orozco que a mis sobrinos bailando una coreografía hip-hopera. ¿Qué insensato preferiría la retórica de un escritor consagrado a la de un padre orgulloso de su retoño?


Esas disquisiciones estaba cuando por fin sirvieron el tequila. Me abalancé casi sin decir salud, hasta el fondo. Era el único que lo bebía solo, sin el infame refresco. ¡Qué análisis tan profundos en mi mesa se daban sobre el tema de moda! Lamentablemente no recuerdo cuál era. Comprendí que necesito al menos tres tequilas para formarme una opinión sobre la economía política de nuestro país.


Mis sobrinos menores de edad me invitaron a que me uniera a su mesa para que también les dejaran a ellos una botella. Yo no estaba tan dispuesto a complacerlos porque me hubiera parecido inmoral irme de mi mesa sin beberme todos los tragos que me correspondían. Ya me empezaba a sentir feliz de escuchar a un imitador de Vicente Fernández en vez de esos conciertos gratuitos que se ofrecen en la Feria Internacional del Libro.


Sin embargo, en algún momento ya estaba al lado de mis sobrinos oyéndolos gritar: ¡fondo, fondo, fondo! Y luego alguien me propuso bailar, qué bailen los borrachos, dije, y seguí bebiendo. Y riendo, y las luces, y todos como locos le hacían al spelling: W, M, C, A, y empecé a mover los brazos, y a servirme otra y creo que devoré un pedazo de pastel, que alguien puso delante de mí.
¡Qué vivan los novios! Grité, porque la fiesta ya estaba rebuena. Sonaba una típica canción de Rostros Ocultos, y yo creo que todos aprovecharon para ponerse una cara muy difusa, porque yo ya no distinguía a nadie. Llegando a la fiesta, ¡pues me tomo otra porque vamos llegando!, te veo besándote con otro, ¡qué poca madre!, yo no lo quiero, hoy te tengo que olvidar, claro que sí, pero ¿qué es lo que yo tengo que olvidar? Olvidóseme el olvido.


Era el remedio olvidar, decían en la Edad Media, y olvidóseme el… ¿qué se me olvidó? Que esto que l’otro, salud. ¡Que expriman las botellas! Beatus ille cuium vivere est bibere. En otras palabras: ¡Queremos barra libre!


Y cuando desperté, la fiesta ya no estaba ahí…

24 dic. 2008

Feliz navidad

¿Qué puede significar la navidad para un ateo?

Me gustaría responder con sencillez. No sé si pueda. Es difícil pensar en la navidad a estas alturas del siglo XXI como una festividad religiosa. Es el día más pagano que pueda haber. Un día de consumismo exacerbado. El espíritu navideño es el espíritu más materialista que conozco.

Se cena con la familia, se reparten regalos, que anidan bajo un arbolito, ¿qué sentido tiene tener un pino artificial en la casa? ¿Por qué no una ceiba, o un chopo o un sauce?

Por lo menos en México se conservan los nacimientos. No en todas las casas. En las más tradicionales o en las menos enajenadas o en las que menos sueñan secretamente en ser gringas.
A mí me gustaba poner nacimientos, era como hacer una maqueta, como escenificar. Y, por supuesto, era un recordatorio de que la navidad no es aniversario de Santa Claus, sino la supuesta fecha en la que nació Jesucristo.

Una perdedera de tiempo es discutir sobre la existencia histórica de los mitos. Yo no lo voy a hacer, sólo me replanteo las cosas, ¿deberé preguntarme qué significa para mí como ateo la navidad pagana, santaclosiana, fetichista, cursi e imbécil? ¿O cuestionarme qué es para mí el dudoso milenario natalicio de Cristo?

Sobre la navidad fetichista, del pavo y los regalitos, pienso que es un periodo de locura. Dice Philiph Roth en el Lamento de Portnoy, que es terrible tener que soportar la locura de los judíos durante todo el año y encima en diciembre soportar la imbecilidad de los cristianos. O algo así. Y es cierto, si no fuéramos cristianos ¿por qué celebrar el 24 de diciembre? ¡Pero que sea una fecha más de compromiso social o familiar que de verdadera comunión espiritual, para mí, significa que el cristianismo es de todas las religiones la más estúpida, en la medida en que sus miembros ni siquiera se enteran de por qué festejan.

Por eso no está mal poner el nacimiento. Así se recuerda un poco de que se trata. El árbol no está mal. Es un símbolo universal de la protección, del amparo, de la familia. Pero yo no puse árbol ni nacimiento. Sólo me pregunté qué significa el nacimiento de Cristo y pensé que en navidad se debe celebrar (con gran regocijo) la muerte de Dios.

Dios murió un 24 de diciembre hace 2008 años. No digo aproximadamente porque me parece pedante. Que quede claro. No nació. Murió.

Dios había creado todo, y ensoberbecido, creía que todo era bueno. No porque todo fuera bueno, sino porque Él lo había creado. Castigaba con mucha facilidad, era vengativo, violento, asesino, cruel, despiadado, infame. Le agradaban las pestes, las guerras, las matanzas. Prohibía muchas cosas en especial aquellas que fueran libertarias.

Por fortuna murió. Como digo, un 24 de diciembre. Hace dos milenios, un muchacho se dio cuenta de que ese Dios nunca había existido. Que el verdadero dios tenía que ser el amor. No el odio. Ni las prohibiciones ni los castigos, sino el perdón y la paz. Ese joven comprendió, tuvo que comprender, que el antiguo Dios era hijo de los hombres, es decir, reflejo fiel de las miserias humanas, creación, invento de los poderosos para sustentar su dominio. Su crítica del cielo, ciertamente, fue una crítica de la tierra.

Ese joven, como cualquier otro, disfrutaba las fiestas, bebía, invitaba vino, le gustaba acaparar la conversación, defendía a las mujeres, se enojaba y se preocupaba por los pobres y los enfermos. Fue un hombre condenado que al morir enseñó que el hombre es sufrimiento, que el hombre está condenado desde el comienzo y que en este mundo (no en otro) se tiene la posibilidad de amar, a pesar de todas las vilezas. Con su muerte pudo comprenderse que Dios había muerto, que los dioses mueren cuando el ser humano los supera moralmente y que cada vez que ocurre esa superación el hombre se queda solo, abandonado. No es dios, sino el hombre quien está en la cruz.

Entonces, como todos llevamos nuestra corona de espinas, nuestro ego que astilla, hay que celebrar la navidad, festejar que dios ha muerto.

20 dic. 2008

Sinsueño

Con corazón café de latidos
y amargamente acelerados
otra vez la noche
de música viene
y mi voz el edificio mancha
ceniza alada
humo cantante
en los ojos que de insomnio
se consumen.

10 dic. 2008

Las ruinas de Troya

Desde niño he convivido con dos historias oficiales de México: la de la escuela y la de la casa. En la primera me enseñaron a vitorear personajes históricos, aun cuando entre sí se odiaran o se hubieran odiado de pertenecer a la misma época. Suponerlos portadores de la misma camiseta es un error, o bien, uno tendría que imaginarse un equipo lleno de individualistas incapaces de mantener un estilo de juego coordinado, en el cual no todos correrían al parejo ni estarían dispuestos a dar apoyo al compañero, por el contrario, continuamente se reclamarían con discordia unos a otros.

¿O estaré mal por imaginarme a Morelos y a Juárez golpeándose? Uno quería la religión católica como única y sin tolerancia para las demás, y el otro después de estudiar varios años con sacerdotes, me parece que terminó despreciándolos.

No creo que hubieran llegado a un acuerdo o que siquiera habrían debatido con civilidad porque ambos eran tenaces y de sólidos principios. Sí, allí donde los mortales somos necios y ambiciosos, los héroes son tenaces, y donde nosotros mostramos incapacidad para el diálogo, los héroes demuestran principios sólidos.

El camino de la virtud consiste en conquistar a unos cuantos historiadores, después, la historia se encargará de absolver y trocar defectos en virtudes.

Pero los demasiado virtuosos no son simpáticos. Los héroes de la historia oficial no sólo no están a la altura del arte, ya tampoco llegan al nivel de la artesanía de los libros de primaria. A un niño medianamente listo le resultan inverosímiles tantas virtudes en Juárez. ¿Si era tan inteligente por qué no se peinaba de manera menos ridícula? Podrían preguntarse, o ¿por qué siendo tan chaparro, Madero fue electo para presidente? A sabiendas que ellos jamás elegirían al más chiquito para jefe de grupo, si lo hicieran un rato más tarde empezaría un desorden incontrolable. ¿Y quién quiere una revolución en un salón de clases o en una república?

La otra historia oficial, la de mis padres, formada por la cultura popular no oficialista, la que tiene por máximos héroes a Villa y a Zapata, debo decir, es de mayor sensibilidad artística. Porque admirar a un ignorante, tosco y mujeriego es más decoroso que admirar a un culto, honorable y pinche estadista.

¿Por qué no comprenderán los libros de texto que lo mejor de los héroes son sus debilidades? Desde tiempos homéricos, la voz de la literatura aparece para testimoniar alguna infamia. Infamias notables, por supuesto. De ese modo, Aquiles es admirable por sus berrinches, Héctor, por sus miedos; Ulises por sus trampas; Patroclo por su estupidez; Ajax por su brutalidad. Eso es lo que cautiva.

En México, Historia es la asignatura en la que los estudiantes presentan más bajo nivel. Los alumnos se aburren, los profesores se aburren y las madres sólo se preocupan porque el hijito salga bien en matemáticas. Con eso me conformo, dicen abnegadamente. Acaso creerán que con tener habilidad matemática, los tenderos no los estafarán al devolverles el cambio. Es decir, un aprovechamiento tangible de las enseñanzas escolares.

En cambio, ¿cuál es la ventaja de saber que el águila de las monedas proviene de un mito sospechoso? ¿Por qué una sociedad que había divinizado la imagen de la serpiente elegiría para asentarse un sitio donde la serpiente fuera devorada? Estas dudas tal vez nos harían maliciar la intromisión de algún historiador cristiano en la cosmovisión indígena. Para no confundirlos, se prefiere no planteársela a los niños. En los exámenes sólo una opción debe ser correcta: sí o no, blanco o negro. Antes que comiencen a dudar de la veracidad de los libros de texto, los alumnos deben aprenderse de memoria explicaciones simplistas y, muchas veces, falseadas, sin que importe el aburrimiento que ello conlleve.

¿Y quién no se va a aburrir con invenciones tan maquilladas? Si alguien quisiera conocer México mediante los libros de primaria y secundaria, fácilmente concluiría que éste es un país donde florecen los hombres probos y, consecuentemente, nuestra república tendría que estar rebosante de riquezas. Por eso es lógico que los estudiantes no crean que la historia esté vinculada con el presente o con la realidad y que, por lo mismo, no les importe o la juzguen fastidiosa.

Una vez les pregunté a unos muchachos qué era la historia. Casi a coro respondieron la misma formulita, algo así: una ciencia que nos ayuda a conocer el pasado para entender el presente y llegar a un mejor futuro. Como los animé a que me contestaran con honestidad me dijeron que era una cosa aburrida que trataba de muchas personas muertas y que no explicaba un carajo. Sin embargo, está claro que su actitudes, primero, la de responder lo que el profesor quiere oír, y luego, la de sus sinceros improperios contra la historia, son perfectamente explicables por causas históricas.

¿Cuántos traidores han dicho por las tardes lo que su jefe quiere escuchar para por la noche asesinarlo? Yo estoy seguro de que Porfirio Díaz odiaba a Benito Juárez desde que éste fuera su profesor de derecho civil por allá del 1850. Estoy persuadido de que el joven Díaz era uno de esos que respondía lo que su maestro quería escuchar y, desde entonces, planeaba ganarse su confianza para levantarse en armas contra él veinte años después. Y Juárez, lo apuesto, creía que sus clases eran interesantísimas y que Porfirio –todavía no era don-- era un alumno valioso y con futuro. Aunque ningún historiador se haya imaginado esto, yo confío en mis conjeturas.

¿Ustedes cómo se imaginan que fue? Les he preguntado a mis alumnos y les pido que escriban sus figuraciones históricas, como si se tratara de un taller de creación literaria en vez de una clase de historia. Y es que yo, sin saber de historia, por azares de la pobreza y de no encontrar ningún empleo digno, me he parado frente a un grupo de púberos que desean, ellos o sus padres, aprobar un examen y nada más, pero yo he optado por platicarles la historia de México basándome en Ibargüengoitia, quien a su vez se basó en Lucas Alamán. Es decir, he asumido que la historia puede considerarse una rama de la literatura y, por tanto, ser divertida, contener suspenso e, incluso, buen lirismo.

Quizá no todos, pero algunos se han divertido imaginado Querétaro en el siglo XIX como un pueblo rascuache, donde todos se conocen y se saludan y dejan abiertos los portones de sus casas. Y han imaginado lo fácil que era distinguir el hogar donde conspiraban (¿o en perfecto castellano debería ser comploteaban?) los padres de la patria ya que la suya era la única puerta cerrada. Y los he oído decir: qué güeyes, mensos, babosos. Mas, a pesar de los insultos, creo que Hidalgo y sus muchachos se vuelven así más entrañables.

En un país como el nuestro, los bustos impolutos de grandes hombres son como una burla o como algo ajeno, no relacionado con la cotidianidad. ¿Cómo hacer para que los estudiantes consideren que la historia se vincula con el presente? Yo sólo veo una forma: derruir los monumentos, ensuciar a los impecables y mostrar cómo contribuyeron todos a la descomposición.

La destrucción de Troya no se explica por las fortalezas, sino por las debilidades de los héroes. Las vilezas soterradas de nuestro panteón heroico, seguramente, explicarán algo acerca de este país en ruinas.

8 dic. 2008

III

Ella fue los ojos
que brillaban
como arrulladoras
lámparas de miel
en las noches de aquellos días
cuando yo dormía y a mi lado
ella no dormía, ella temblaba
antes del desayuno
como si los ruidos acechantes
del sueño aún la atacaran
con esa metralla indescifrable
del peligro
con los animales sueltos de la paranoia
me abrazaba y temblaba y descalza
huía de la cama para preguntarme
si todavía, si aún, si en verdad
y sí, yo la quería hasta el umbral
del odio
y en las noches rodeados de ciudad o de frío
la quería hasta su pasado
hasta el origen inocente de su perversión
la quería casi hasta el amanecer
peleando
insistiendo en el acero venenoso
de los celos
hasta el adiós definitivo la quería
pero se fue y se quedó
como los sueños, como las pesadillas
y ahora comprendo
los temblores del insomnio
porque no duermo y no es por hambre
ni por la música
mi agitada espiga dolorosa...

II

Y del sueño a los días
de aromosos azules
de terribles escuelas
y de faldas con niñas
Y de esos días al insomnio
al nuevo miedo
a la nueva espera
del nosequé que acecha
Las guerrillas oscuras
en la selva de las deshoras
ambulancias y gritos
truenos y mutaciones
penumbras enmascaradas
y el frecuente no dormir
frenesí de la vigilia
que torna los días
cansados y motiva
a quedarse quieto, aislado
escribiendo remedios
contra el miedo
y lanzándolos luego
hacia el imperio en llamas
el llamado mundo
dormitorio de los sin sueño
allí donde se conectan los insomnios
allí donde ella fue voz y beso
carne y mar, estela y casi
casi presencia...

Agitada espiga dolorosa (primera parte)

No por el hambre
esa boca abandonada
ni por la música
de dolorosas espigas agitadas
acaso por el día
tan mal aprovechado
o porque mis ropas
las sucias y las recién lavadas
sobre mi cama echaron el recuerdo
de unos días de otros años
en los que no dormía
Primero por el miedo
verdadero, justificado y absurdo
del nosequé que acecha
después por la espera
del padre que no llega
de la madre que no llega
noches de enmudecidas ventanas
en las cuales las hojas murmurantes
con su blanco llamado incendian
a los ojos que extravían sus puertas
y para enfrentar ese incendio
y abatir el fuego del miedo
se lanzaban
las palabras cual agua
combatían una tras otra
hasta la calma
cuando yo volvía bajo las sábanas
al sueño…

19 nov. 2008

Kant y Remi

No creo que Kant y Remi sean antagónicos. El otro día, mientras veía el capítulo cinco de Remi, creo que comprendí la filosofía de la historia.

Sin familia es el nombre de la novela de Hector Maulot, en la que se inspiró esa caricatura, acaso la más significativa de la década de los ochenta. Remi es un niño obligado a vagar y a enfrentarse al hecho de no tener familia. Un Oliver Twist cualquiera, dirán algunos, bueno, parecido, pero no. Hay que olvidarse un poco del tópico y concentrarse en el símbolo.

El tapiz humano se entreteje con hilos de locura, escribió, poéticamente, el señor Kant. Y eso debe significar que si nos subimos a un puente y contemplamos los rebaños histéricos de automóviles o a las ocho de la mañana las estampidas de oficinistas en el transporte público, nos parecerán tales imágenes propias de seres errantes. Animales políticos que no saben ser ciudadanos.

Nos creemos superiores al resto de los animales, nada más porque fuimos expulsados del paraíso de la irracionalidad. Superiores por la gracia de tener más sensibilidad para el drama.

Remi vivía feliz con su madre. Y sin padre. Cuando éste regresó, él fue expulsado del edén de Chavanon. Ya antes había visto cómo, por problemas económicos, su madre había vendido a la vaca que los alimentaba y que era su única amiga. Craso error. El hombre no puede ser amigo de los animales. Debe explotarlos, tomarlos como medios y no como fines. En algún momento, dice Kant, el hombre dejó de considerar a los animales como compañeros de la creación, compañeros del mundo, y los empezó a ver como productos, la vaca y la cabrita son leche y queso, la paciente oveja es lana y el león, espectáculo, entretenimiento.

Pero si el ser humano ha decido beneficiarse de los animales que le resulten provechosos, es bajo el entendido de que no se debe tratar a otro humano como si fuera una bestia. Es decir, la ética debe normar las relaciones humanas, y en cambio, la conveniencia regir el trato con las bestias. No hay que tomar a otro ser humano como un medio, sino como un fin en sí mismo. Se puede tener un perrito para sentirse acompañado, pero no un hijo.

Sin embargo, Remi no ve a la vaca como leche y queso, sino como a Rouset, su amiga. Y para él también son amigos los perros de la compañía del signor Vitalis, no mascotas ni empleados, sino compañeros del mundo, tan hijos de la creación como cualquiera, fines en sí mismos.

Hector Maulot nació en 1830, Kant en 1724. En ese siglo que los separa, nació la música de Schubert. Melancólica y sonriente, compasiva, romántica. De la razón pura al sentimiento puro. Y luego, al realismo. No hay razón ni sentimientos puros cuando se tiene hambre.

El realismo no es otra cosa que la conciencia de que existe el hambre. Uno no es tan humano que no estrangule un día / pájaros sin sentir herida la conciencia, escribió Miguel Hernández, el gran poeta que padeció la cárcel y la angustia de tener un hijo hambriento que de sólo pan y cebolla se alimentaba cuando aquella guerra fratricida.

En otras palabras, uno puede ser amigo de las vacas, siempre y cuando no se tenga hambre y no estén los bolsillos sin un franco, o sin un euro, o sin un peso ni un centavo. Por el hambre, Remi, como la vaca, fue vendido a Monsieur Vitalis. Al señor de la Vida. Al extranjero errante, al artista de las calles. Remi, como todos los hombres, fue abandonado a la vida. Alguien pensó que la vida era una madrastra, no una madre, alguien como el señor Vitalis, con espaldas anchas, que nos muestra que no todo es pecho.

El hombre tiene una inclinación a entrar en sociedad. Dice Kant. Para mí que esto significa que se disfruta tener un rostro junto a uno cuando es la hora de la comida. Y que no es agradable medir con minuciosidad la cantidad justa de sal cuando uno va a comer a solas. Significa que el hombre desea tener una familia.

Conviene decir que la familia no es una proximidad genética o una compatibilidad sanguínea, sino una comunión espiritual. La familia es algo que se pierde conforme uno va creciendo y se va distanciando de los que viven bajo el mismo techo. La familia es algo que se busca en las fiestas, en los estadios, en los centros comerciales, y también en la oficina y en la escuela y en los ojos de los limosneros.

La vida es la errancia en busca de una familia
Y acaso la verdadera familia es la errancia
Hay que seguir para saber...

El hombre tropieza en sí mismo con la cualidad insocial. Según Kant, porque somos unos mandones, queremos que las cosas se hagan a nuestro gusto, gobernar a los otros como gobernamos a los perros y a los corderos, y porque todos estamos así, con el deseo de imponernos, con el deseo de que las cosas sean a nuestra medida, nos levantamos a diario y nos cepillamos los dientes, contrariando esa disposición natural que nos ordenaría quedarnos bajo las sábanas. Porque queremos un elogio o un mejor celular y demostrar que valemos más que nuestros vecinos. Al menos eso creía Kant. Y hasta se atrevió a bendecir el afán de poseer y de mandar. 

A don Emmanuel Kant le pudo parecer bien que Remi perdiera la quieta satisfacción en la que vivía tras las faldas de su madre y se entregara al trabajo y al penoso esfuerzo. Ya que así logró desarrollarse, aprendió a leer y a escribir, a cantar, a tocar el arpa, a valerse por sí mismo, a resistir el hambre y a mantener el orgullo a pesar de todo.

¿El progreso justifica el sufrimiento de un niño de ocho años? ¡Pinche Kant!

El fin del ser humano no debiera ser el progreso, a mí qué me va a importar que los nietos de mis bisnietos vivan más cómodamente. Que, además, como van las cosas no va a ser así. Aunque tampoco creo que el sufrimiento de un niño sea tan grave como pensaba Dostoievski. 

Volviendo al tema, aunque algunos alemanes no lo crean, no fue la voluntad de poder la que hizo que Remi aprendiera el alfabeto, sino el deseo de comunicarse con su madre, para entender los mapas y encontrar el camino de regreso. Se trata de la familia, de poseer una familia, he ahí la sociabilidad, aunque ahí mismo, es cierto, la insociabilidad. El concepto de familia está ligado al de los extraños. Las puertas del hogar se cierran, y para que haya paz, no debe haber vecinos molestos. Esto se llama insociable sociabilidad: poner una casa al lado de otra para desconocer el nombre de los vecinos.

Toda la cultura y todo el arte son frutos de la insociabilidad. Esto significa que para conquistar a una mujer aprendemos a tocar la guitarra, a recitar poemas, vamos al gimnasio y hasta oímos la música que ella prefiere. Con tal de demostrarle que somos mejores que el otro, que valemos más, que será más dichosa con nosotros, con tal de poseerla un día o, mejor dicho, de poseer una familia, competimos, nos estiramos, acaparamos los frutos de la insociabilidad con tal de que alguien nos quiera diariamente.

Gracias al arpa, Remi encuentra a su madre. A la auténtica. A la señora Milligan. Resultó que era inglés. Se reconocieron espiritualmente, sin reconocerse a conciencia. Daba igual porque de todos modos somos huérfanos. La verdadera, pero en verdad, la verdadera madre es la felicidad. Y a ese vientre no regresaremos.

Es agradable tener una madre que te pregunte si estás bien, que desconfíe de tus pretextos, que platique de los chismes cotidianos, que trate de ser consuelo y confidente. Pero la madre no puede ser amante, y la amante no puede ser hija, y la hija no puede ser amiga, ni la amiga, madre. La familia no alcanza a ser siempre familia.

Queremos cerrar la puerta para protegerla y resulta que no hay nadie dentro. Que hay que salir a buscarla, caminamos y caminamos en su búsqueda. Padecemos la errancia, la orfandad y el deseo de llegar a casa. A un lugar habitable.

13 nov. 2008

Vos tenés razón, Alejandra

Son frutos las palabras
del árbol de los besos
para que mis labios hablen
necesito tu boca
mas las ramas lluviosas
del árbol del poema
son un impotente abrazo
lleno de frío.

Como las aves
aprende latín y dame
besos miles
luego un ciento
luego mil seguidos y otro ciento
y otros mil seguidos
y un último ciento.

Son en verdad los besos
mis palabras
balbuceo es lo demás
escúchame otra vez
y hazme preguntas miles
luego un ciento
y dame mil palabras
que no sean la ausencia
porque siento los cientos de días
que me has dejado en silencio
sin tus miles de preguntas
que son besos de presencia...

8 nov. 2008

El perrito que leía y las ruinas de Troya

Seguramente es mentira lo que escribió Bukowski en el prólogo de Pregúntale al polvo, acerca de que alguna vez discutiendo con una mujer, él gritó: ¡Yo soy Arturo Bandini! Pero no importa que sea mentira, gracias a Dios, sólo los científicos y las mujeres celosas se preocupan por la verdad. Afanarse por la verdad es una vulgaridad y una presunción de seres mediocres hacer ostentación de la verdad.

En esa fregona novela, John Fante describe el entusiasmo candoroso con el que su alter ego, Arturo Bandini quiere dar a conocer a toda persona el único texto que ha podido publicar, las breves cuartillas que lo acreditan como escritor, un cuentito llamado: El perrito que leía.

Ahora que aparecieron unos poemas míos en El Financiero, yo tuve la tentación de ser como Arturo Bandini, es decir, quise limosnear un poco de atención presumiendo una presunta condición de poeta.

Fadanelli, en cambio, en lo que seguramente también es una mentira, dice que publicar significa para él una íntima vergüenza. Insistir en la producción de símbolos y signos en una época que no tiene respeto por la inteligencia le parece descabellado.

La verdad es que sí resulta vergonzoso presentarse como poeta o como escritor. No sé por qué. Cuando una amiga me presenta como tal, yo quisiera de inmediato agregar algo como: pero no soy maricón, o pero también trabajo, o en realidad lo que me gusta es el futbol.

La culpa la tuvo Jaime Augusto Shelley. En su taller de poesía me dijo que convertirse en poeta es un anhelo de vedettes, lo valioso es escribir poemas. Quizá no lo dijo así. El punto es ése. No se trata de andar en las pasarelas buscando reflectores, sino de trabajar en las madrugadas, tachando palabras, dando vueltas en torno a una obsesión, procurando exprimir ese instante iluminado en el que un esbozo de poema atravesó nuestra mente enferma.

No que te reconozcan, sino que sea posible transmitir un sentimiento. Y los sentimientos nunca son totalmente nuestros, o en todo caso, sólo son nuestros en la medida que alguien más los siente. Por eso se escribe, para compartir lo más íntimo y no andar con las experiencias como con costales de piedras tristes atoradas en la garganta.

O poeta é um fingidor, dijo Pessoa. Sí, el objetivo de fingir el propio dolor consiste en que el otro pueda identificarse con tal dolor y sentir las palabras del poema como suyas. Para ello el poeta necesita extraer desde las entrañas del lenguaje los vocablos precisos, no los suyos, sino los de todos, que al mismo tiempo serán oraciones que nadie ha pronunciado.

Por otra parte, creo que si me avergüenza autonombrarme poeta es porque yo considero que tal oficio no es del todo indigno. Recuerdo a Ovidio que en su Arte de Amar decía que a la mujeres no se les podía conquistar con poemas, ¡si lo sabré yo que soy poeta! Exclamaba, y si exclamaba era porque asumía tal condición como un oficio más, por cierto, poco prestigioso.

Acabo de leer por primera vez a un extraordinario poeta español, Roger Wolfe, lean nada más:

Es inútil, le dije.
Escribir.
Escribir es inútil.
Ya, me contestó.
Ya lo estaba yo pensando
el otro día.
¿Y a qué conclusión llegaste?
Pues eso. Lo que dices
tú. Que carece por completo
de sentido. Sólo que...; bueno,
también poner ladrillos
es inútil...

¿Se dan cuenta de lo que quiero decir? Bueno, bien a bien no sé qué decir. Cuando Rulfo ganó el Premio Cervantes dijo que se sentía una pura nada, no algo ni un poco, sino pura nada. Aunque yo sé que también soy pura nada, disfruto ver mis poemas publicados, así como disfruto perder el tiempo en You Tube y así como sufro todos los días ignorando qué pasó con el nuevo número de Replicante, en el cual posiblemente apareciera un texto mío, soy una pura nada muy vanidosa...

Así que dejo el enlace para que busquen esos poemas el día 6 de noviembre:
http://impreso.elfinanciero.com.mx/pages/Ejemplar.aspx

¡No me llames hijo de puta! ¡Yo soy Bandini, Arturo Bandini!

30 oct. 2008

De los dulces a los cigarros

Me parece increíble que haya pasado más de un año desde que te moriste.

Tan increíble que, como ves, ya no creo que exista la muerte. ¿Cómo va existir si te estoy escribiendo? Le encuentro más sentido escribirle a los muertos que a los vivos. Los vivos andan en sus problemas, preocupados por la cotización del dólar, atrapados en el tráfico, buscando trabajo o presentando exámenes, ¿cómo van a tener tiempo para leerme? En cambio los muertos sí que saben aprovechar la vida. Se quedan quietos, carecen de expectativas, no corren tras un futuro dudoso.

Ojalá pudiera conservar este tono. Hacerme el que sonrío, hacerme el que estoy bien. Pero no. Algo tiembla en mí cuando te escribo, siento que estoy rozando la nada, que me acerco al verdadero vacío. Una especie de precipicio sin sentido.

El otro día andaba en la noche, con mucho frío, con tu saco azul, que no sé si es tuyo o ya es mío. Lo he usado desde el día de tu muerte como ochocientas veces. Tu nieta y mi sobrina se quedó con un suéter que tú le prestaste una tarde helada porque dijo que olía a ti. Supongo que yo comencé a usar tu saco por el mismo motivo… para creer que no has muerto del todo.

Creo que nunca leíste a Lucrecio. Él escribió que hay falsedad en los discursos de quienes temen a la muerte. El polvo no siente ni se enamora. No se puede sufrir cuando ya no existes.

Tu cuerpo estaba tan frío aquella mañana. Cuando toqué tu pecho fue como tocar una losa. ¿Qué habrá sido de tu corazón? ¿Nada? ¿Te acabaste y punto? ¿Es verdad, eso es todo?

Sólo a solas pude llorar ese día, arrugando la cobija, lloré con pura tristeza. Ya tenía que vivir sin ti, sin hablarte, sin escribirte. Por supuesto, que ya desde antes había recordado tu muerte. Intenté hacer un poema sobre ella años antes de que murieras. Tal vez no lo sepas, pero al padre hay que matarlo. Son cosas arraigadas del inconsciente, nada personal, créeme.

¿Y cómo no iba a pensar en tu muerte cuando abandonabas la comida durante quince días para nutrirte en exclusiva de alcohol y cigarros? Varias veces te pusieron tubos con suero para que pudieras recuperarte y prometernos una vez más que ya dejarías la bebida.

Eras divertido cuando te emborrachabas, trocabas tu seriedad usual y decías incontables tonterías. Exhibías los defectos de toda la familia. Despilfarrabas sin reparos lo que metódicamente ahorrabas durante meses. Doctor Jekyll, míster Hyde, cómo te extraño.

Te acompañé a la tienda una noche. Deseabas otra anforita de Bacardí y el pan para que yo merendara. Después de pedir tu botella, me preguntaste qué quería. ¿Yo qué iba a querer? Ándale, dijiste, anímate. Cedí escogiendo cualquier dulce. Pero al tomar los productos, yo cargué la botella y los cigarros. Tú los dulces y el pan. Antes de cruzar la calle creíste que aquello no era correcto. Cambiamos de mercancías, y antes de que cambiara la luz del semáforo tuviste tiempo de moralizar: así debe ser, yo con los vicios, tú con los dulces.

Hace más de un año empecé a fumar. ¿Sabes? Me gusta la amargura, no sólo la del tabaco. Cuando mis alumnos o mis amigas me dicen que no sea tan amargado, me siento bien, como si me elogiaran. La amargura me suena a prueba de madurez. Mientras uno prefiera los dulces, creo, significa que uno anhela continuar siendo niño, es decir, que uno no quiere asumir la realidad problemática del mundo.

Lo dulce es un engaño. Lo amargo en cambio es una enseñanza. A los niños los llenamos de dulces para que sean felices. Incluso con las medicinas. Se procura disfrazar el amargo sabor de lo curativo. No es casual que sean amargos los remedios. Aceptar que el mundo es un problema, que la destrucción no cesa, que no hay felicidad duradera y que es imposible escaparse de las derrotas y de los fracasos, aceptar esas amarguras, pienso, es saludable. Y signo de madurez.

Pero la muerte no es amarga. No tiene sabor. Ausencia plena. Eso es. Y eso es lo que más duele y lo que más miedo causa. Ojalá fuera amarga y rasposa como diez cigarros durante el insomnio. Ojalá fuera pesada y desgarrante como tres tequilas seguidos. Pero no, sabe a nada. Precipicio sin fondo ni sentido.

Debí concluir en el anterior párrafo. Continúo porque no puedo irme sin otras palabras. Éste es el trabajo del hombre, echar palabras y palabras y esperar a que los muertos respondan. Vamos al billar, padre, aunque sé que tú prefieres la carambola y se te hace de vulgares el pool. Ven una tarde a jugar canasta o vamos un domingo al estadio Azteca o veamos una película de Tin Tan, ésa que sólo hemos visto diez mil veces y que ya casi no me acuerdo en qué termina. Ándale. Tengo vodka y Delicados con filtro. Anímate.

24 oct. 2008

Autoelogio

No sé en qué mala hora decidí estudiar literatura. Yo debí ser abogado.

Lo que realmente anhelo es conversar sobre pleitos, hablar con voz fuerte, usar relojes caros y conocer cuáles son los más recientes automóviles en el mercado.

O debí ser economista, leer todos los días El Financiero, comprar dólares un día antes de la crisis, tener una oficina en un quinto piso y preguntarme en las mañanas qué corbata combina mejor con mi traje nuevo.

En verdad quisiera la vida honrosa de los médicos, prolongarle la vida a mi prójimo en vez de creer que la muerte no es desgracia para el muerto. Quisiera repartir consejos y medicamentos todos los días de mi vida y las noches, y no desperdiciarlas en el bote del insomnio.

Mejor debí ser cura, predicarle a mis conciudadanos cuál es el camino del bien y denostar los vicios, en lugar de alabarlos como acostumbro. Debí sostener firmemente una tabla de valores, no que me la paso cuestionándolos y buscando defectos en las virtudes.

¿Por qué no fui biólogo o químico o farmaceuta de perdida? Si no hallo nada más fascinante que enterarme del proceso mediante el cual se pudre la comida y aparece toda una diversidad de insectos a besar, luego de románticos rondines, los lácteos descompuestos.

Hablando en serio, yo hice un test vocacional y salí que tenía esperanza de ser arquitecto. Ojalá hubiera aprendido a construir maquetitas, a distinguir el Art decó del estilo Bauhaus. Pero soy un ignorante para quien todo se trata de paredes y techos que finalmente se derrumbarán.

No sólo ignorante, sino cúmulo de inepcias. Jamás pude dibujar ni soñar con decoro en ser diseñador. Con oído nefasto para la música y las lenguas, tenho o português ruim, very bad english, je suis nul en français, ¡pessimo con il italiano!

Si al menos no fuera torpe para remediar descomposturas eléctricas, clavos mal puestos en un librero, llaves inagotables de agua que se desfondan e inexplicables hornos de microondas que a contentillo se estropean. Si al menos para mis libros que andan en el suelo lograra fijar una pinche repisa.

Si a pesar de no saber nada, disfruto opinando acerca de todo, ¿mi vocación no era meterme de antropólogo? O acaso de peluquero, si no tuviera retraso manual. O si consiguiera pastillas contra la náusea, volverme politólogo.

Pero lo que de verdad quise desde siempre, desde el vientre materno, fue ser futbolista. ¿Por qué habré nacido con dos piernas izquierda, y siendo diestro? Soy miope como Pelé, mas sin su talento; fanfarrón como Maradona, sin su habilidad; egotista como Hugo Sánchez sin su suerte y bravucón como Cuauhtémoc Blanco, sin su genio.

Carezco de trofeos en mi departamento, tampoco hay ningún diploma, sólo un par de litografías con teporochos pulqueros. Cómo envidio a la gente que cuelga en muchas paredes sus reconocimientos. Yo sólo podría enganchar a mis muros la abejita trabajadora que me concedió mi maestra del kínder en un lejano año.

Si mis tantas incapacidades laborales fueran compensadas con la suerte en el amor, no sería un amargado. No hay mujer que al volver la vista hacia cualquier punto no encuentre un hombre más guapo, más divertido, más culto, más sencillo, más atrevido, más fuerte, más serio, más simpático, más decente, más servicial o más sensato que yo. O con mejor trabajo, o mejor cuerpo o mejor cutis o mejor futuro que yo. ¿Cómo demonios se puede tener futuro? ¿En qué lugar se guarda algo que no existe?

En fin.

Como decía, no tengo remedio, soy hedonista, es decir, sonrío. ¡Ah, las palabras! A propósito de la falta de mujer, López Velarde decía:

En mi pecho feliz no hubo cosa
de cristal, terracota o madera,
que abrazada por mí, no tuviera
movimientos humanos de esposa.

Tampoco sé ser hermeneuta, sin embargo, considero que la palabra clave es feliz. Y por parafrasear, a propósito de mi falta de aptitud laboral, diría yo:

Para mi frente feliz no hubo empleo
de oficina, ciencia o estudio
en que no viera aun sudando cual reo
un cierto cariz literario.

Ni modo. Así soy, y quéyquéyquéyqué…

21 oct. 2008

Celebrar los funerales

Se me hace muy difícil reflexionar acerca del profundo significado de la palabra final. Todos saben que la vida tiene etapas y, por eso mismo, finales. Algunos son fáciles de observar, la salida de la escuela, el rompimiento de una relación, una mudanza, etc. Pero hay unos finales imperceptibles e importantes que aparecen en silencio y sólo después de un tiempo se hacen visibles. Por el contrario, los finales evidentes, en realidad, se van volviendo marcas de comienzos.

En la literatura, que es lo que viene a mi mente cuando intento hacer cualquier reflexión, me parece que los mejores finales son los que provocan deseos de conocer más, los que dejan incertidumbre. Para hablar con ejemplos, el último verso de la Ilíada que dice: así celebraron los funerales de Héctor, domador de caballos. De ese modo termina, en una breve interrupción de la guerra, pero todos sabemos que la guerra continuaría. ¿Por qué finaliza esa obra antes de que la guerra concluya?

Acaso porque el símbolo de la destrucción ya había quedado claro. No hacía falta regodearse con el fuego y las ruinas. Pero sabemos que comienza la odisea, no sólo de Odiseo, sino la de todos los héroes aqueos que sobreviven y la de los troyanos que logran escapar. Cuando Ulises decide detener la guerra que había armado al volver a su patria, con la concordia sellada, por fin acaba esa epopeya.

Pero hay algo de falsedad en las historias que concluyen felizmente. Ya todo será paz, dicen esos finales. Nada cambiará. Y sabemos que no. Que las cosas no dejan de cambiar, de destruirse, que no hay paz.

Fukuyama y otros politólogos y filósofos, que creyeron que después de la caída del Muro de Berlín viviríamos el Fin de la Historia, pecaron de la misma ingenuidad que el infante que duerme tranquilo después de un “y vivieron felices para siempre”.

Si hubiera un inmortal deseoso de relatar la vida humana jamás concluiría por falta de temas; si finalizara su escritura sería sólo por fastidio. Aunque quién sabe si eso que llamamos fastidio no sea sino la conciencia, incluso a nivel inconsciente, de estar muriendo. Mucha confianza deben tener en la capacidad de prolongar la vida mediante medicamentos aquellas personas que terminan de leer libros aburridos.

Yo siento que me acabo. Que envejezco. Y sé que ver y oír a un viejo enfada cuando se desea continuar siendo joven. He aquí una razón para no llevarme bien con mi generación. Soy más viejo que mis contemporáneos.

Siento que el mundo es una guerra. Una invasión, un continuo luchar. Busco un refugio entre las ruinas. Salgo diario a combate, a combatir el espejo, la calle, el mismo sol, con el aliento amargo del café y del cigarro. Los recibos de la luz y el teléfono, la renta y el agua, el gas y la tarjeta de crédito, son ejércitos que derriban las murallas forjadas por mi corazón para defenderme cada mes de los bárbaros embates de las cuentas. Las cuentas infinitas en las que no cabe el tiempo.

Y para mí, que quiero ser escritor, Aquiles es una hoja en blanco. Y yo que soy un hombre común, Aquiles no tiene rostro, es la pura nada, pero es la muerte de pies ligeros. Yo voy a morir de pura intrascendencia. Porque no puedo huir. ¿En qué ciudad el tiempo no se fuga? ¿Adónde ir sin que me sigan mis propias quejas?

Si he de morir al menos pido un compromiso. Que mi muerte traiga días de tregua. Ya que la vida es un continuo luchar, que sea mi muerte un breve descanso. Celebren mis funerales.

Ése sería un buen final… lleno de incertidumbre.

11 oct. 2008

La política y el caño

Todos los sábados estoy tentado a comprar El País. Sólo por Babelia. Pero gracias a internet siento que me ahorro diez pesos. Fuera de eso, por mí que todas las novedades del mundo se vayan por el caño.

Me pondré un poco pedante y filólogo, si no es lo mismo. Caño y canon provienen del latin canon. Y en inglés también hay una relación entre main[1] y mainstream. No sé por qué la gente no traduce mainstream por caño o canon. Pero eso no es relevante.

Lo relevante es que yo me ahorro diez pesos cada sábado, y quizá otros más, gracias a mi empeño en desinteresarme de las noticias. Mi televisión lleva varias semanas desconectada. La última vez que vi un noticiero de TV Azteca tuve el deseo de arrastrar ese demoniaco aparato un par de cuadras y arrojarlo al Viaducto para solazarme con todos sus cables y botones destripados. Sin embargo, pensé que aun así alguna persona se interesaría en informarme cómo van los vientos de la cosa pública.

Fadanelli, a quien terminaré odiando si no termino mi tesis en este mes, declaró a un periodista de Babelia que los políticos son como criados: “A ellos se les encargó el bien público, son empleados de nosotros pero nadie los ve como empleados, pero yo sí. Para mí son mis criados, ahora, ni modos, he encontrado criados estúpidos.”

Esos criados estúpidos no tienen el poder que la gente les atribuye. Hay demasiado primitivismo en eso de decir este puente lo hizo Fulano de Tal, la nueva línea del Metro es obra de Zutano y Perengano privatizó tal cosa. Mas el canon del periodismo marca que los políticos son importantes y que se debe hablar de sus frivolidades.

A mí me resulta difícil distinguir a un periodista de una vecina chismosa. Y si procuro aquilatar con sensatez las cosas, en realidad preferiría saber cuál de mis vecinas le es infiel a su esposo que averiguar quién será el próximo presidente de los Estados Unidos.

El mainstream es un caño de banalidades aceptado por las buenas conciencias. Yo prefiero mi mala conciencia ilustrada, es decir, mi cinismo. Ya ni siquiera suspiro por alcanzar ideales. Me parece absurdo reflexionar en una nueva política de seguridad pública. Me conformo con que se remedie el farol descompuesto de la esquina.

Y quienes habrán de reparar el alumbrado público van a ser trabajadores que no hacen ostentación de ninguna ideología. Ojalá los políticos y los “líderes de opinión” tuvieran la misma decencia. Pero no, sienten fascinación por los discursos de facunda nobleza. Ansían agrandar el caño de las buenas intenciones, ocultar mediante imágenes y palabras la mierda irremediable del mundo. Como si alguna vez pudiera advenir una sociedad perfecta. Como si los recursos limitados de la naturaleza alcanzaran para la felicidad de todos.

Debemos amar, se nos dice, amar la vida y amar la patria, amar la familia y amar a los insoportables niños, amar los valores todos del sacrosanto canon. ¿Y la mierda? La mierda que corre oculta por ese amoroso caño, ¿qué hacer con ella, hacer que no existe, amarla, negarla?

En mi opinión se ama el canon, porque se ama lo que éste oculta, se ama su poder, la capacidad que tiene el caño de esconder la podredumbre. Ama el canon quien no quiere ver la mierda.

Interesarse por los políticos, esos criados estúpidos, es un efecto de vivir fascinado con el poder. Esa fascinación, disfrazada de amor, reparte latigazos. El hombre-masa que rinde culto a los políticos tiene mucho de masoquista y acaso anhela él mismo convertirse en verdugo.

Por eso a mí los chismes políticos, los grandes hombres, las ocho columnas, sólo podrán importarme cuando se me acabe el papel higiénico. Por ahora, me interesan más los ayudantes de electricista que cambian lámparas en las calles.

[1] large pipe or line for the distribution of water

8 oct. 2008

Recodo de este día de siempre

Oh, puta amiga, amante, amada
recodo de este día de siempre
Jaime Sabines
Yo sé que mereces más que un poema
mereces el más nuevo celular
o que la vida golpeadora te trate
con un poco de respeto
o un poco de música en tu oído
para esquivar las tantas horas
ruidosas de la calle.
Quizá si todavía las flores existieran
merecerías aquellos sedosos colores
que resguardaban del mal olor de los marchantes.
Pero como la calle cada vez
se llenará de más y más bullicios
y locos y más pobres y peores olores
y sin música y sin flores en tu oído
¿qué oirás en las cansadas horas
cuando gritan las preocupaciones?
Esas que yo sé que no mereces
porque tú en la acera
en medio de los contaminados
y acelerados humos de la ciudad
y a pesar del frío del escote y del fastidio
de los tacones
te mantienes en verdad floreciendo
Ojalá nunca hubieras de marchitarte
ojalá pudieras en otro mundo
florecer a gusto…

18 sept. 2008

Yo no fui

DEDO INQUISIDOR: ¿Dónde estabas la noche del 15 de septiembre de 2008?

ANTONIO: ¿Cómo que dónde? En el mismo lugar que todos: bajo el cielo, sobre la tierra.

DEDO INQUISIDOR: ¿Dónde celebraste la Independencia de México?

ANTONIO: ¿Celebrar? Yo que voy a andar celebrando, vivo refugiado en mi departamento, ¡que celebren los mexicanos! ¿Yo por qué? Además cuál independencia.

DEDO INQUISIDOR: ¿Estás a favor o en contra de la violencia?

ANTONIO: Pues a veces.

DEDO INQUISIDOR: ¿Cómo que a veces? ¿La apoyas o la condenas, eres parte de la solución o un terrorista en potencia?

ANTONIO: Las cosas no son tan fáciles, yo quisiera fumar en lugares públicos cerrados sin que alguien crea que estoy violentando sus pulmones, quisiera burlarme de las estupideces sin que el estúpido se sienta ofendido, en el fondo me caen bien, ¿sabes? Por eso supongo que no estoy en contra de la violencia, más bien trato de acostumbrarme a ella y no me pongo a llorar cuando la violencia connatural a la vida destruye diversas formas de cultura. ¿Eso es terrorismo?

DEDO INQUSIDOR: ¿Qué?

ANTONIO: Respirar es hacer violencia. ¿A cuántas hormigas asesinaron los miles de pacifistas que marcharon contra la violencia?

VIOLENCIA: Ochocientas veintiuna.

ANTONIO: Ah, ¿ya ves?

DEDO INQUISIDOR: No entiendo.

ANTONIO: Pus no.

VIOLENCIA: Insúltalo a ver si así entiende.

ANTONIO: Mejor tú dile quien eres, y que me deje de acusar.

VIOLENCIA: Me gusta que te acuse. Las acusaciones también son actos violentos.

DEDO INQUISIDOR: ¿De qué hablas? ¿Quién eres tú y dónde estabas la noche del 15 de septiembre a las once de la noche?

VIOLENCIA: En todas partes, en todo el mundo, en todos los corazones.

DEDO INQUSIDOR: Conque sí. Entonces tú fuiste quien lanzó esas granadas contra civiles, mujeres y niños.

VIOLENCIA: (aparte) ¿Las mujeres y los niños no son civiles?

ANTONIO: Ya no me acuerdo de mis clases de civismo.

DEDO INQUISIDOR: ¿Se burlan de una tragedia?

ANTONIO: La verdad es que yo ya ni tengo fuerzas de burlarme, ahí sigan discutiendo. (Se cruza de brazos y dormita)

VIOLENCIA: No me burlo, mis provocaciones no son tan vulgares, pero juguemos. Adivina Inquisidor, ¿quién soy?

DEDO INQUISIDOR: La Violencia y te vamos a encerrar y a condenar a muerte y a torturar y…

VIOLENCIA: ¡Mis consejos!

DEDO INQUISIDOR: Es que tenemos que acabar contigo.

VIOLENCIA: A ver, seamos didácticos, yo soy aficionada al didactismo y a las enseñanzas, ¿sabías que yo inventé la escuela, las bancas alineadas, la tarima que eleva al profesor, etc.? Bueno, no importa, lo que importa es que te daré una cátedra.

DEDO INQUISIDOR: No creo eso de la escuela, ¿estarás mintiendo?

VIOLENCIA: No me hacen falta las mentiras. Mira, soy una invención humana, si me presento ante un león, éste no me ve, no me oye, y solito va y devora a la cebra. Dirás que por instintos naturales que eso no es violencia, en efecto, pero no tan mecánicamente como lo imaginas. Conozco perros que matan patos o palomas por diversión, no por hambre.

DEDO INQUISIDOR: A mí no me interesa la violencia, si se le puede llamar así, de los animales.

VIOLENCIA: Ah, mi querido extraterrestre o robot o planta, ¿qué eres si no un animal?

DEDO INQUISIDOR: ¡Ya vas a empezar con insultos!

VIOLENCIA: Todavía no los requiero. Mira, los humanos se sienten tan importantes que creen que los ciclones son por su culpa. ¡Dios ya no nos quiere, hay que hacer sacrificios, el calentamiento global, etc.! Les encantan las invenciones por la culpabilidad que sienten de estar vivos. Mas, antes de la humanidad había en este planeta lluvias, tormentas, nevadas, ciclones, huracanes, y toda clase de fenómenos destructivos que acababan violentamente con otras especies. Por supuesto, no se decía que fuera “violentamente”. Porque la violencia no existe más que en el corazón humano.

DEDO INQUISIDOR: ¿El corazón? En el corazón habitan sentimientos: amor, compasión, alegría…

VIOLENCIA: Odio, rencor, ira, rabia… No le tengas miedo a los sentimientos. Los hombres no explicaban el deseo de controlar al otro, de adueñarse del mundo, más que inventándome. Eso que en los animales se conoce como instinto de supervivencia en los humanos se llama crueldad.

DEDO INQUISIDOR: No es tan fácil, los secuestradores, lo terroristas, no me digas que sólo quieren vivir, ¡que vivan y que no jodan!

VIOLENCIA: No se puede, Dedo, vivir es joder. Hay dolores “violentos” desde antes de que un humano nazca. Esos dolores, esa violencia, son la expulsión del paraíso de la nada. Nadie puede evitar ser dañado por el cambio de clima, todos lloran, el recién nacido, quieras o no, se enfrente con violencia a vivir sin alimento automático, al aire, al ruido, a los gestos simpáticos de sus familiares. La violencia que sienten los humanos es insalvable, genera violencia. El más pacifista lleva en su corazón a un criminal, créeme.

DEDO INQUISIDOR: Pues a todos los que lleven en su corazón a un criminal los atraparemos y los destrozaremos y conseguiremos vivir en paz.

VIOLENCIA: He ahí la violencia: el violento deseo de vivir en paz.

ANTONIO: Oye, yo quiero vivir en paz, aunque para ello tenga que asesinar a mis vecinos.

VIOLENCIA: Exactamente. No sé por qué se les olvida que son animales carnívoros y que tienen que asesinar a otros animales para sobrevivir. Ni sé cómo se les olvida que no alcanzan los alimentos y que hay un montón de empleos que no están dispuestos o capacitados para desempeñar y que requieren esclavos o trabajadores que necesariamente vivirán en peores condiciones que ustedes y que por lo mismo los envidiarán y querrán desplazarlos a la primera oportunidad.

DEDO INQUISIDOR: Pero si vivimos en paz con nosotros mismos…

VIOLENCIA: ¡No vives contigo mismo, vives en comunidad, coño!

DEDO INQUISIDOR: Sí, sí, pero si amamos a nuestro pueblo y trabajamos por la comunidad y…

VIOLENCIA: Entonces serás violento con los que sean de otros pueblos y de otras comunidades y con personas que no creas que merezcan pertenecer a la misma comunidad que tú. Habrá exiliados, extranjeros y traidores. La violencia no puede cesar.

ANTONIO: Sí, caray, declárate violento y ya, todos en paz.

DEDO INQUISIDOR: Soy violento, pero sólo con los violentos.

ANTONIOS: Todos somos violentos, así qué chiste.

DEDO INQUISIDOR: Bueno, sólo seré violento con los terroristas que lanzaron granadas en Morelia.

ANTONIO: Bueno, es tu vida, en verdad te juro por la virgencita de Guadalupe que yo no fui. Y como todo Teatralismo debe tener algo de novedad, vamos a terminar éste invitando a Pedro Infante y cantando juntos:

PEDRO INFANTE: Si te vienen a contar cositas malas de mí

VIOLENCIA: Manda a todos a volar y diles que yo no fui

ANTONIO: Parapa papa papá

PEDRO INFANTE: Son puros cuentos de por ahí

VIOLENCIA: Tú me tienes que creer a mí

DEDO INQUISIDOR: A ti te dicen “el yo lo vi”

TODOS: ¡No, no, no, no, yo no fui!

15 sept. 2008

Sin mañanas

De nuevo he perdido la mañana
apenas la luz extendía sus brazos
yo ya no podía quitarme el cansancio
otra vez debí dedicarme al encierro
con los ojos como pozos exhaustos
con los ojos por varias horas mudos
queriendo soñar que mi encierro
no es sino jaula de sueño
y no debo preguntarle a los extraños
ni a mi familia ni a las iglesias
si vivir sin mañanas, sin sol ni azul
es condena, y si lo es, ¿por qué a mí?
¿quién me escogió la prisión lluviosa de la tarde?
¿quién me encarcela en las celdas de la noche?
Y hace que estos pozos exhaustos de mis ojos
derramen gotas de extrañeza y agotamiento
gotas que son protesta de las húmedas piedras
que deben blindar la ciénega del alma
gotas que cristalizan de pena adormecida
las llaman lagañas y bostezos los infames
ruidos que no alcanzan categoría de voces
porque sin rostro dan órdenes y burlas
capataces de la puntualidad y del abismo
y de los castigos por llegar tarde
¿llegar tarde? ¿yo que sólo vivo la tarde
que tengo vedada la mañana
detrás del espejuelo de la pesadilla?
Allí donde la gente quiere fugarse
largamente, largamente, largarmente
Pero solo se van a trabajos, a calles y casas
igual de solas, igual de cansadas
y se van con prisa
como si les apurara morirse
o vivir que es lo mismo que morirse
Resulta que es lo mismo estar aquí
perdiendo todas las mañanas
andar sin azul ni sol por la vida
sin recordar al viejo y renovado viento
de los días que extravío
y que otros pierden corriendo
como si fueran a alcanzarlo alguna vez
Ellos corren y yo me quedo
casi sin piernas tras una ventanilla
que tampoco funciona para habitar
¿cómo va a funcionar una ventanilla
para ver la vida desaparecer?
sin mañanas
¡y sin soles!

9 sept. 2008

Para la trabajadora de cualquier estación

Que no se les ocurra un aparato
Que no decidan colocar una máquina
Que ya bastantes máquinas hay en la calle
A veces creo que voy por una fábrica
de metales histéricos cuando ando en la calle
a veces creo que refrigeradores
microondas y televisiones caminan
con dos patas y ropa por las banquetas
con su frío, con su prisa, con su cháchara
y entran al metro y viajan
como si fueran personas, pero no
me equivoco, aún son personas
que sólo parecen máquinas
porque en su rostro no están los ojos
sino botones de furia y neurosis expedita
ni está la sonrisa en sus bocas
que son como sintonías perdidas
incomunicables y descompuestas
por eso no, por favor no
de la manera más atenta, no
no hagan otra seria caja de metal
con rostro de botones y sin voz
que nos despache boletos
con mirada indiferente, no
yo quiero ver una boca con sonrisa posible
¿y si no es posible?
Si después de tantos días y tantas horas
y tantos boletos para viajes rutinarios
ya nadie puede la sonrisa
ni la mirada amigable ni siquiera,
oiga usted, ni el porfavor ni el gracias.
Entonces, les suplico otra cosita
hagan otra caja de metal
que nos aviente boletos
aunque jamás sonría ni sepa platicar
ni sea dichoso en ocasiones verla
con manos suaves acomodando los billetes
pero al menos, esto sí, con esto me conformo
antes que inventen su horrenda máquina
déjenme darle a la persona unas palabras
si es que se pueden las palabras dar,
porque las palabras a veces
dependiendo de los ojos que las oigan
consiguen ser poemas
y los poemas sirven para sonreír
aunque algunos ojos lloran
yo en este caso sólo quiero
que no sean los que lean ojos de máquina
sino unos ojos con sonrisa posible.

2 sept. 2008

El tiempo por cigarros

Mido el tiempo por cigarros porque no me gustan los relojes. También me disgustan los celulares. Y por uno de esos dos motivos más de una maldita me ha dejado plantado. El otro día, afuera del metro Xola, la estuve esperando tres cigarros.

Luego me di cuenta de que tenía la tarde libre y mis pies ganas de moverse. Caminé hacia la cresta del Viaducto que está sobre Tlalpan. Vi las columnas de automóviles, me parecieron ovejas histéricas sin pastor. Me sentía en una especie de frontera. ¿A qué Delegación pertenece ese trozo de cemento convulso, Cuauhtémoc, Iztacalco, Benito Juárez?

Elegí pasarme al otro lado de la avenida. Las putas sólo se paran del otro lado. Sólo llevaba veinte pesos en la cartera. Pero me entretendría un rato. Es mejor ver putas que ver muebles o ropa o libros. Bajé por un pasillo subterráneo para cruzar Tlalpan, en realidad esos pasos son alcantarillas. Me tapé la nariz porque apestaba a verano. El verano escupe sin piedad lluvias todas las tardes y la lluvia al mezclarse con los orines produce una peste mucho peor que la de la mierda en tiempo de secas. También intenté trotar. Mis pies estaban aptos para una larga caminata pero no resistieron trotar más de diez metros. Además, una chica me llamó.

Desde el suelo en que estaba extendió hacia mí su brazo no con una pistola sino con un boleto del metro en la mano, tenía los ojos perdidos. Le di dos pesos. (Un cigarro suelto menos) Comenzó a balbucear. Tenía el ombligo de fuera. Puedes ir, dijo, al metro Bellas Artes, busca a un tipo moreno con una camisa a cuadros y un pantalón café. Yo me quedé viendo su vientre y pensé que jamás había estado embarazada. ¿Pero cuántos niños, vagos, compañeros o hermanos habrían arrojado dentro de ella su semen? Por favor, agregó, y cerró los ojos y me di cuenta de que no sólo estaba drogada, también tenía una herida en la pierna. Le di otros dos pesos. Otro cigarro menos.

El aire de arriba, extrañamente, no me pareció un alivio, como suele ocurrir. Carajo, no soy Teresa de Calcuta. Además siempre he desconfiado de esa señora, ¿por qué no se quedó en Albania cuidando de sus conciudadanos?, indigentes y miserables también abundan en los Balcanes. ¿Los Balcanes? ¿Quién coños me creo, un periodista de El País? Tuve que renunciar a las putas. Ya no las podía ver con sosiego. Regresé con la chava que continuaba echada a medio pasillo. A ver, dime cómo se llama o cómo le dicen a ese tipo que buscas.

Quizá algo más que su pierna se estaba jodiendo en su cuerpo, aparte de su mente, porque habló como si su lengua estuviera enmohecida. Dijo algo así como Cabán o Tablán. Tal vez la podría llevar a mi departamento. ¿Cómo me iba a ver yo haciendo algo semejante? La va a violar, pensaría cualquier vecino. O llevarla a un hospital. O llamar una patrulla. Para que la que la violen sean otros.

Voy a buscar a ese muchacho, le dije, no te preocupes. ¿Por qué hice eso? Bueno, yo tenía la tarde libre y un boleto del metro.

Cuando salí en Bellas Artes, pensé que mejor me hubiera bajado en Hidalgo. Si bien en la Alameda hay muchos chavos indigentes, más bien se trata de una zona de chichifos. Luego creí que quizás a la persona que buscaba esa niña no era un indigente sino un chichifo. Yo no me iba a rebajar a preguntarle a ninguno de esos putos si se llamaban Cabán o Tablán o el carajo.

Si yo iba a pasarme una amena tarde entre putas, ¿cómo terminé entre maricones de la Alameda que buscan cliente o servicios? Me senté en el Hemiciclo a Juárez a comerme un jocho de a cinco pesos. Se me ocurrió entonces que la pobre muchacha allí en ese subterráneo no sabía si era mañana, tarde o noche. También imaginé que en la noche salen de las alcantarillas los chavos y que uno de ellos seguro podría saber algo o si no, pues, ya me iba a mi casa y punto. A mí qué me va importar quién se desangra o quien no.

Pasaron cuatro cigarros. Vi a un chamaco con el puño en la nariz y unos trapos grises por ropa. Andaba taloneando. Pa’ un taco, me dijo, sin desentenderse de su mona. ¿Tú conoces a un Cabán o Tablán, que sepan de una chava que anda por Viaducto? ¡Puta madre! Nomás de oírme me di cuenta de que cada día soy más estúpido. ¿Quién iba a saber aclararme algo con esos datos tan estultos que tenía? El chico se me quedó viendo con esos ojos amarillosos y huecos que cargaba, casi inmóvil, nomás conservando el puño en la nariz y la otra mano extendida. Los pelos de su cabeza semejaban clarísimamente un lacerado campo de cactus negros. Muestra irrefutable de que ahí dentro había un desierto. Le di un peso. Medio cigarro menos.

Buscas al Talibán, me dijo en cuanto me di la vuelta. El Talibán, las aves negras, el Talibán, repitió y se fue. No me quiso hacer caso de nuevo. Pero comprendí que Talibán era un nombre con sentido. Ese mocoso supo en unos cuantos segundos entender el sentido de un nombre propio. Yo llevaba alrededor de ocho cigarros sin encontrarle sentido a aquello. Soy una prueba de la inutilidad de los estudios universitarios.

Fui hacia la Plaza de la Solidaridad. Nadie la conoce por ese nombre. Pero ahí donde se ponen a jugar ajedrez jubilados y vagabundos y donde talonean chavos de la calle. A otro que me pidió un peso, le pregunté por el Talibán. ¿Qué pedo, eres tira? Preguntó y luego viendo mi flaqueza y facha de indiscutible estudihambre, dijo: anda en los troles. Le conté lo de la tipa en Viaducto.
Ha de ser la Muñeca, dijo. ¿Es morena, cabello largo y un pantalón azul de mezclilla? Sí, respondí. Ah, sí es ella, aseguró y yo no entendí porque pasamos años en las aulas estudiando sistemas complejos de análisis, cuando la realidad es tan sencilla de describir.

Él ya sabe donde está. Pero él mismo se la madrió, dile que se aguante, que no chingue, a ver si se le quita lo puta.

Me esperé unos cuatro cigarros en el andén porque todos los trenes pasaban atascadísimos de gente. ¿Por qué deciden buscarse un empleo al otro extremo de la ciudad? Quién sabe si fueron cuatro o menos, porque cuando no se fuma, el tiempo es más perezoso.

Bajé de nuevo a la alcantarilla que cruza calzada de Tlalpan, allí permanecía la joven. ¿Encontraste al Talibán? ¿Por qué ahora sí entendí perfectamente el nombre? No, dije. No agregué nada. No iba a darle explicaciones a una desconocida, ni que fuera mi esposa. Le ofrecí los catorce pesos que me quedaban. Gracias, dijo. Tenía los ojos lindos. Te alcanza para tres hot-dogs, aquí afuera. O podemos ir a mi casa si quieres. Nel, porque el Talibán es capaz de madrearme de nuevo, mejor voy a buscarlo, ha de andar en los troles.

Se fue hacia el Eje Central, por la Algarín. Yo salí del otro lado. Quise un cigarro suelto, pero ya no me quedaba ni un quinto. Por suerte, me di cuenta hasta después de pedirle a un señor que iba fumando que me vendiera un cigarrito. Mientras esculcaba mis propias bolsillos, él, asustado, me dijo, no hay bronca, quédatelo, o algo así. Sentencié, entonces, rumbo a mi casa, que había sido un día de suerte.

27 ago. 2008

Un blog sin música es un error

El mes pasado escribí unas línas sobre Porno Para Ricardo, banda cubana de punk-rock. Y hace dos días detuvieron a Gorki Aguilera, líder y vocalista del grupo. Es acusado de peligrosidad. Lo han encerrado para prevenir sus posibles futuros delitos. ¿Alguien puede concebir tamaña injusticia? En Cuba los ciudadanos pueden ser culpables antes de cometer cualquier delito. Existe el pecado original para quien desafíe a esos seudo-dioses hijos de puta, los Castro.
Músicos, escritores y diversas personas han enviado una carta a Pablo Milanés que tocará mañana en la Tribuna Antiimperialista para que desde ahí pida la libertad de Gorki Aguilera.
Porno para Ricardo no toca en la tribuna (de los comunistas de la gran escena) ni saluda a la bandera ni se traga la mentira de la dictadura.
No es la primera vez que este músico es apresado. Ya pasó dos años encerrado. Y fue y es, hay que decirlo muy enfáticamente, un preso político.
No sé qué hacer ni qué escribir. Simplemente he colocado sus canciones aquí porque también pienso que un blog, como la vida, sin música es un error. Al igual que una ideología.
Las ideologías tienen mal oído. Los tiranos no saben escuchar.
La música, como la poesía, siempre es subversiva, cuando es buena, por su ritmo, por su garra, por la belleza, no por las estúpidas letras que hacen muchos trovadores, que gustan de legitimar el más terrible sistema de gobierno: el comunismo.
Escuchen, pues, Porno Para Ricardo.

25 ago. 2008

En alguna ciudad...

En alguna ciudad dormirás tranquila
verás bellas bestias de marfil o bronce
en esas mañanas sin gente
cuando habla en inglés el aire frío
tendrás también allá que ir a las tiendas
abrir los ojos y hacer cuentas
la heroicidad de cada día
de sentir la piel como un acorde último
el cansancio como un gutural temblor
el silencio como fotografía lastimada
el heroísmo de saberse cristal cada día
y la brisa
esa brisa dulce que da miedo

Escribirás para no romper los relojes
y resistir la apacible madrugada
cuando las canciones astillan
las hogueras celadas del pasado
y para aventurarte de nuevo al sueño
o a la pesadilla de la cama indomable
dejarás escrito algún doliente garabato
y cerrarás los ojos con la melodía
más pueril que encuentres
allí donde escondes tus años
de niña envejecida
niña de quietud oscura
niña que llaman joven, mujer y señora
niña sin fin
por la rudeza de la orfandad…

Vas a abrir otra vez la mirada
habrá un día quizá sin grises
con muy pocos ruidos en la calle
y un discreto olor de vergeles
si caminas entonces
si detienes tu alma
si te pones sincera a llorar la vida
estoy seguro
las piedras que amurallan los hoteles
después de un tiempo
te darán consuelo.

21 ago. 2008

Bécame mucho

Esta bonita poesía sale de lo más profundo de mi corazón, por favor, no se rían...


Bécame, bécame mucho
como si fuera un jodido
y un gran escritor.
Bécame, bécame mucho
que tengo miedo al trabajo
y soy muy güevón.
Quiero tener mucha lana
pagarme mis vicios
pero sin chambear
Piensa que soy un inútil
que no sé hacer nada
más que redactar
Bécame, bécame mucho…

¡Yépez, la porra te saluda... !

El pasado sábado 11 de agosto, Heriberto Yépez publicó en su notable Archivo hache de Laberinto (el Babelia mexicano) una crítica de las Olimpiadas. Creo que vale la pena comentarlo.

A mí me gusta el estilo de Yépez, pero siento que le ocurre lo que a otros escritores con talento para la diatriba: su calidad estilística queda al servicio de ideas lisiadas. Las afirmaciones tajantes casi siempre conducen al absurdo. Los escritores que no le temen al absurdo y que lo enuncian con maestría son recordados y valorados por ello: por su pose, por sus desplantes estilísticos, sin embargo, sus ideas se hacen a un lado, no se les toma en serio.

Yo no quiero hacer eso, sino lo contrario, rebatir esas ideas con la seriedad que siempre me caracteriza.

Dice Yépez: las culturas más autoritarias son las que más brillan en los cuadros de medallas. Está claro que lo dice por China, que por primera vez quedará en primer lugar del medallero. Pero ni siquiera China funciona de ejemplo para la aseveración porque si bien es un país que vive bajo un régimen dictatorial, años antes, allí la falta de libertades eran aún más dolosa. No quiero decir que ahora no lo sea. Lo que digo es que aún teniendo un gobierno autoritario (yo prefiero hablar de gobierno en vez de cultura ya que no sé si existan culturas autoritarias) su deporte no alcanzó el grado de eficiencia que posee en la actualidad. La mejoría se debe a óptimas condiciones económicas.

Tampoco podemos decir que Estados Unidos haya sido el país más autoritario del mundo durante los últimos veinticinco años. No voy a defender el sistema democrático de los gringos, no soy Tom Wolf ni ningún proyanqui comemierda, pero no. Evidentemente no. Su éxito se debe a factores económicos y organizativos. Por supuesto que hay un fondo autoritario en cualquier eficiente organización. Mas, como existen personas convencidas por su propia imbecilidad de que vale la pena entrenar años y años para alcanzar quince minutos de fama, se debe comprender que esas personas escogen libremente para su realización personal el deporte.

Dice Yépez: “Hay una relación directa entre frustración (el subrayado es suyo y lo puso nomás para joder) y afición por los deportes ajenos.” Quién sabe qué considere Yépez un deporte ajeno. ¿Será un nacionalista deportivo? Después redactó algo que me dolió en el alma y fue un golpe del cual todavía no me repongo y no sé cuántos años viva sumido en la depresión por la siguiente frasecita: “Entre menos realizada esté una persona o una nación, más le gustará ver futbol.”

Yo soy enfático defensor de la condición artística del futbol. No me explico cómo puede considerarse arte la mariconería del ballet y no al futbol. No sé si a Yépez le guste esa mariconería o alguna otra. No estoy enterado de cuál sea la mariconería de su preferencia.

Cito al gran jerezano acerca de Cuauhtémoc: escúchame loarte / único héroe a la altura del arte. Versos que no deben leerse como crítica a los héroes revolucionarios y decimonónicos, ni como un malhadado intento de mitificar la herencia prehispánica ni, mucho menos, como encomio al máximo derrotado, para nada. Deben leerse como lo que son: una apología que en realidad es profecía sobre el advenimiento de Cuauhtémoc Blanco.

¡A güevo, putos!

En la medida que el futbol es un espectáculo placentero no creo que pueda condenársele. Tampoco me parece justo denostar al futbol por el efecto que causa en algunos aficionados.
Además de Yépez, recuerdo a otro par de intelectuales (o aproximados a intelectuales) a quienes les disgusta el futbol: Tomás Mojarro y Carlos Monsiváis. Al primero le molesta porque vive enajenado en los dogmas marxistas. Sí, señores, el marxismo causa enajenación y fetichismo. Se sabe de marxistas que en la cabecera de su cama cuelgan al Che, se persignan trazando la hoz y el martillo sobre cara y pecho y con un dildo, también en forma de martillo y hoz, se entregan a malos tactos. Está documentado. Que se muera Fidel si miento.

Entonces, como los enajenados marxistas quieren que el hombre sea un animal de pura praxis, una especie de burro ideologizado, no aceptan que uno elija ver en lugar de hacer. No aceptan el entretenimiento. Si yo nunca voy a jugar tan bien como Messi ¿por qué no quedarme dos horas en casa viéndolo? Cuando apague la televisión sabré que debo pagar la luz, la renta y salir a trabajar. La diferencia es que estaré más relajado. Por supuesto que hay quienes sufren con el futbol y que es difícil no enojarse de vez en cuando. Hasta en esos casos veo con agrado que las frustraciones tengan un canal de salida mediante el futbol.

Y la crítica de Monsi me suena a pura mamonería. Como le gusta la pose de diva intelectual, no quiere que lo confundan con el populacho futbolero. Quizás si le gustara el futbol no estaría atrapado en el conflicto de ser al mismo tiempo izquierdoso y clasista, conflicto por el cual sus análisis tienden a la superficialidad y no al rigor crítico, que sólo puede alcanzar el intelectual congruente. Pero tal vez exagero y en verdad sólo sea cuestión de gustos. Así como yo no puedo disfrutar de la poesía de un montón de mediocres decimonónicos adorados por Monsi, él no sabe disfrutar de la estética (y la ética) del futbol.

Por último, habrá que señalar que entre los aficionados al futbol hay una gama extensísima de personalidades, con diferentes grados de realización personal. No todos vemos el futbol por la misma causa ni reaccionamos con la misma intensidad.

Me he desviado del tema. Yépez criticó las Olimpiadas, creo yo, porque desprecia al autoritarismo. Respeto su crítica, pero no creo que sean estos juegos tan oprobiosos como dice y de plano en el párrafo que no dio una, por dárselas de gurú y consejero diplomático, fue el siguiente:

Al propio Dalai Lama le faltan cojones. Confunde la compasión con la condescendencia. Le sucede lo que a Juan Pablo II: mediante el carisma de turista espiritual, oculta que no ha querido renovar de fondo su religión conservadora. Y su declaración de que espera que las olimpíadas sirvan para la paz mundial es digna de una concursante a Miss Idaho, no del líder oficial de la filosofía asiática. El budismo reducido a wishful thinking.

Dice cojones porque así es como decimos los mexicanos a lo que los españoles llaman huevos. No sé si Yépez crea que la obligación de un líder espiritual sea renovar su religión, pero eso de los cambios me parece más propio de los herejes que de los religiosos.

Tal vez tenga razón en que la declaración del Dalai parece de señorita Idaho, ahí sí me hizo reír para que vean. ¿Pero cómo se le ocurrió escribir “líder oficial de la filosofía asiática”? En esas seis palabras hay, mínimo, siete pendejadas.
¿Filosofía asiática, qué es eso? Casi, casi escribe: líder de la filosofía de ojos rasgados. Está claro que entre más ignorantes somos, los chinos más se parecen. Y a medida que uno pierde ignorancia, comienza a ver diferencias entre unos y otros. El Dalai Lama no es un líder filosófico, sino espiritual, y no todos los asiáticos son budistas ni para todos los budistas el Dalai Lama es el máximo representante. Sólo para una ramita del árbol budista. Y yo no sé si él confunda compasión con condescendencia, son dos conceptos ambiguos. Lo que me parece incontestable es que si los tibetanos eligen una actitud combativa, podría haber ríos de sangre. Y quisiera que nadie quisiera eso.

7 ago. 2008

Silente adicción

No es fácil
hacerse adicto al silencio
a la destrucción imperceptible
que hace hogar en el silencio.
Esa destrucción sólo
es gota estremecedora
cayendo en el pozo del sinsentido
cayendo, cayendo sin caer.
Esa gota taladra
hasta el aire de los días más amenos
es la mancha sepia
la invisible postilla de los recuerdos
que aun siendo buenos duelen
porque el sonido de las risas
como el sonido de las tazas
de café vacías y de plática llenas
y hasta el sonido de los besos
que jamás culminaron el intento
llevan la raíz, la espina y la mácula
del silencio
y el silencio es lenticardia
es la angustia que está exhausta
es el lazo que nos une
a los jirones dolorosos de la música
el silencio es ancla
que nos esclaviza a la tierra hueca.
El silencio es un golpe
que no se puede contener en la garganta
que expulsamos pronto
para no paralizar nuestra venas
El silencio es la eternidad
que no podemos concebir.
El silencio es el silencio.
Y yo amo en silencio
tu silencio.

5 ago. 2008

La pasión de una mujer...

La verdad, este texto me gusta. No me critiquen, ya saben que no soy humilde, la foto que lo ilustra es perfectamente adecuada...

http://www.siriusfem.com/canal6/historiasocial_pasion.html

2 ago. 2008

En gris

Qué se hace con el gris
cuando uno se dedica a la rutina
y con la grisura
que desde la mañana atraca
y ve mis pasos necios
tropezando con las mismas
cosas en desorden
sillas exhaustas y solas
zapatos sin gente
y caídas
botellas de cerveza

Nada sé puede contra el gris
ni linsoja ni reclamo
sólo destender la ropa
¿quién quiere más
lentas lágrimas sucias?
sólo lavar trastes esperando que el tiempo
por cansancio rompa
el vidrio donde vivo
en gris.

30 jul. 2008

Poeminimada

El primer verso tiene decoro
los demás son porquería.
Así el tallerista me mandó
a la poeminimada.

26 jul. 2008

Hoy 26 de julio: una fiesta retro para los comunistas!

En Cuba el rock está vivo. Lo digo oyendo Porno para Ricardo. Hace mucho que no escuchaba una banda que en español me hiciera creer que aún rifa el rock, que conserva su esencia subversiva, la cual no es otra cosa que la capacidad desmadrosa de vivir.
Todos sabemos que el subversivo tarde o temprano debe enfrentarse al revolucionario porque el revolucionario en el fondo es un reaccionario hipócrita, que ha tenido la desfachatez de imponer sus dogmas o de pretender imponerlos.
Por eso mismo el rockero no puede ser bien visto bajo una dictadura revolucionaria. En México Díaz Ordaz odiaba a esos greñudos estridentes. Y probablemente Gustavito, el primer junior greñudo, odiaba a su padre con rabia freudiana. En Cuba, hay que imaginar milagroso que un grupo de rock suene tan impresionantemente bien. Un poco menos sorprendente, pero no menos admirable, es que escriban letras de verdadero impacto: “Matando al padre sabremos quiénes somos y adónde iremos”, dice una rola.
¿A poco no da envidia? ¿Por qué en México tendremos grupos tan pendejos como Panda, más herederos de Magneto que de cualquier banda de rock ochentera?
Oyendo a Porno para Ricardo me dan ganas de invitar a todos aquellos compañeros que me torturaron en sus reuniones con trova cubana. ¡Me cago en Silvio Rodríguez, la trova ni siquiera es música! Que la trova haya acompañado a la revolución cubana sólo significa que para ser revolucionario hay que tener muy mal oído.
¿Recuerdan esa escena de La vida de los otros, cuando alguien menciona que Lenin tuvo miedo de escuchar a Bach porque pensaba que jamás concluiría la revolución si continuaba oyéndolo? Pues así es. No se debe confiar en ninguna ideología que no tenga suficiente sensibilidad artística. Para mí es muy claro, el que desprecia el arte está a un paso de mandar fusilar a los antisociales.
El arte nos humaniza y el rocanrol es arte a pesar de todos los grupos imbéciles que no salen de una tonada o de un estribillo para descerebrados. La izquierda en México no es rockera. Y de ahí nace la negativa a modernizar sus ideas. Además de que hace falta un esfuerzo intelectual para renovar las ideas.
¡Cuánto ganaría la izquierda si admitiera su craso error con respecto al rock! Ahora bien, yo sé que generalizo, debo admitir que hay muchos rockeros izquierdistas, pero digan lo que digan, sólo admiten la subversión contra la derecha, no la subversión generalizada.
En fin, yo no sé qué hago escribiendo estas rumias. Mejor trascribo fragmentos de rolas de Porno para Ricardo.
De Trovaovation: “yo no quiero ser como tú, compañero, que levantas la mano y aplaudes el tiempo entero, no quiero ser monigote de un rey ciego…” (¿me estás oyendo, Silvio?)
De Tan loco: “Que quieren hacer de mí otro títere a su antojo, así me he vuelto tan flaco, fumando cigarro, prendido al trabajo, sin ganas y amargado…”
De El Comandante: “El Comandante quiere que yo trabaje para ganar un salario de mierda, el Comandante quiere que yo le aplauda, después que habla su mierda delirante” (¿Cómo coño es la mierda delirante? Ah, claro, Fidel)
De Muchas putas: “Ya no quiero más telenovelas, ya no quiero más series de televisión, muchas putas lo que quiero yo, muchas putas lo que quiero yo” (No sé por qué me identifico)
De fiesta retro: “Vamos a ser una fiesta retro… y a los comunistas no los invitaremos, a los comunistas le cantamos su canción”
A diferencia de lo que dice esa rola, yo creo que el comunista sólo es concebible en una fiesta retro.

24 jul. 2008

Yo digo que sí

Yo opino que el amor a la opinión es una forma de insensatez, a diferencia del amor por el saber. Sin embargo, el saber no es fácilmente alcanzable ¿y cómo amar algo perpetuamente en fuga, nebuloso y de difícil acceso? Me parece que hay que dudar del saber. El saber, después de todo, gusta de ser impositivo, se nombra a sí mismo autoridad y tiende a ser imperialista.
Amar la opinión, en mi opinión, deviene en actitud democrática. La cual, sin duda, mucho tiene de insensatez. Pero no es malo ser insensato, yo me siento bien entre insensatos y no le pongo peros a la democracia. Una persona, un voto, es decir, una persona: una opinión. Todos opinamos porque ninguno sabe. El saber es para las monarquías, la opinión es para la democracia.
Escribo esto a propósito de La Consulta Ciudadana sobre la Reforma Energética. ¿Qué porcentaje de la ciudadanía sabe a cabalidad de qué trata la susodicha Reforma? Dudo que sea más de un puñado. Aunque la mayoría no sepa, podrá opinar.
Yo no veo mal que uno opine sobre lo que no sabe. ¿Por qué tendremos el complejo de niños a los que sus padres los mandaban a callar en una discusión adulta? Por cada cosa que sabemos desconocemos un millón. ¿El director de Pemex cuánto sabe de la política exterior de EUA? ¿El Secretario de Energía cuánto sabe de los planes del EPR para atacar nuevamente instalaciones de Pemex? ¿Cuánto sabe la oposición de la caída de la producción petrolera? Algo sabrán y muchas otras cosas no. No hay una sola persona que sepa todo lo que hay que saber sobre el petróleo en México y esto significa que debemos opinar sin saber.
Un buen ciudadano no tiene por qué estar informado de la política exterior de los países productores de petróleo, cuyas acciones influyen en el precio internacional del crudo que exporta México. Y más aún, un buen ciudadano, no puede estar informado. Los noticieros son poco más que programas de chismes. Sin embargo, nuestra opinión debe contar, valer; una persona, una opinión.
La cosa pública nos afecta. Comprendo, pero desestimo la postura del PAN ante la mentada consulta del próximo domingo. Por supuesto que abunda la desinformación y nadie sabe. Aun así, la opinión intuitiva tiene que contar. Están más que justificadas todas las sospechas sobre las iniciativas gubernamentales, incluida la misma consulta que organizó el Gobierno del Distrito Federal. Pese a todo, yo digo que sí, que hay que participar.
Y adelanto mi opinión: ¿estoy de acuerdo en que puedan participar empresas privadas en transporte, almacenamiento y refinación de hidrocarburos?
Sí.
¿De acuerdo a que se apruebe la Reforma?
Sí.
Yo digo que sí, porque las empresas privadas puede ser de mayor utilidad a los ciudadanos que las empresas del Estado. Y yo digo que sí porque el punto de la Reforma que más me convence (y que no se menciona en la consulta) es aquel que le permitirá paulatinamente a Pemex disponer de sus excedentes de ingresos. Yo digo que sí porque la Reforma no será ninguna solución mágica ni acabará con el declive de la explotación, pero sí puede mejorar un poco la situación general de esta empresa.
¿Mejorar un poco o que todo continúe igual? Ésa, a mi gusto, es la pregunta. Y la respuesta, mi respuesta, es sí.

Asalto a la sinrazón

PISTOLA: No hagas ninguna tontería o te quiebro.

ALMA: Las pistolas no me matan.

CUERPO: ¡Pero a mí sí! No dispares por favor.

MENTE: ¿A mí me matará o no me matará? No estoy segura. Aunque lo primero sería saber si hay posibilidades de que en verdad quien sujeta la pistola contra mi sien dispararía.

PISTOLA: Cállate, tírate al piso, no grites o te chingo.

ALMA Tal vez la muerte sea la paz al fin.

CUERPO: Sí, sí, hago lo que sea pero no dispares.

MENTE: Hay otra cuestión, qué tal si la pistola no tiene balas o si está descompuesta. Y, además, una vez leí que para los delincuentes las armas son herramientas para amedrentar pero que rara vez asesinan.

PISTOLA: Cierra la boca, dime dónde está el dinero.

ALMA: Yo no sé nada de dinero, no me importa.

CUERPO: Tómalo, llévatelo, pero déjame vivir.

MENTE: ¿Debo entregarte mi dinero? ¿Qué es más noble: ceder ante el robo u oponer resistencia? Acaso la víctima también sea responsable ya que el victimario, el otro, aun con el rostro encapuchado, presenta el rostro de Dios; aunque yo soy atea, entonces, ¿cuál será mi obligación moral?

PISTOLA: Rápido, cabrón, saca tu cartera, tu celular.

ALMA: Yo no tengo posesiones, no hay mío ni tuyo.

MENTE: Alma, ya discutimos eso una vez; tienes una concepción errada. Para que exista un mínimo pacto social es necesario partir de una filosofía materialista y reconocer como indispensable la propiedad privada.

CUERPO: Llévatelo todo, no quiero morir, no quiero morir.

ALMA: Nadie muere, sólo el ego.

MENTE: No, yo creo que sí hay muerte. Mas, lo que debemos debatir es otro asunto, a saber: cuál es la mejor reacción, bajo estándares objetivos, ante un robo con violencia.

CUERPO: ¡No me mates! ¡No me mates!

PISTOLA: Voltéate, te voy a amarrar las manos, si veo que me sigues, te pego un tiro.

CELULAR: No me gusta cambiar de dueño.

CARTERA: Sin billetes me siento desnuda, al menos tengo mis tarjetas.

ALMA: No hay dueños. Si viéramos desde el espacio, veríamos que todo el planeta es uno, somos lo mismo.

MENTE: Qué pendejadas, Alma, eso es estúpida metafísica tradicional. Hay que pensar con seriedad, es decir, considerando al ser humano exclusivamente como ciudadano. La reflexión cívica es la única valiosa, las demás son pendejadas.

CUERPO: No te preocupes, Pistola, yo sólo quiero conservar la vida.

ALMA: Ni te apures, Pistola, no te guardo rencor ni quiero dañarte.

MENTE: Los deberían amordazar para siempre; nomás dicen tonterías.

CUERPO: Ah, ya se fue, sobrevivimos, podemos descansar.

ALMA: Sólo la muerte hubiera sido descanso verdadero.

MENTE: Qué descanso ni qué ocho cuartos, lo que debemos hacer es cuestionarnos, meditemos si nuestra actuación fue correcta.

CUERPO: Qué alivio, un cigarro vendría bien.

ALMA: Una vida sin posesiones, de renuncia, libre, eso vendría bien.

MENTE: ¡Bestias! Par de bestias, una física y otra metafísica, eso es lo que son. Ustedes no pueden ser buenos ciudadanos.

ALMA: Habitaré una ciudad espiritual, donde no se tengan por bienes, los males materiales.

MENTE: ¡Hasta comunista vas a resultar! Lo único que nos compete es el mejoramiento paulatino, modesto, de las relaciones sociales, de lo real, no de esas fantasías religiosas, y también hay que evitar los vicios embrutecedores.

CUERPO: Está muy bueno este cigarro.

ALMA: Más delicioso es estar en paz con el todo, nada es nuestro, de todos es el todo; pertenecemos, hay un hay, eso es todo.

MENTE: Pendejadas. Se me hace que ustedes ni existen. Sólo han de ser representaciones que invento para aclarar mediante un procedimiento burdamente dialéctico mis ideas.

CUERPO: La prueba de que existo es que me dan ganas de orinar.

MENTE: Tal vez tú sí existas, pero tú, Alma, de ningún modo.

ALMA: Estás hablando conmigo.

MENTE: ¡Eso no prueba nada! Quizás yo sufra demencia.

ALMA: No importa, aunque yo no exista, algo existe: el grano de mostaza o el universo, lo que es, lo que hay, vive sin conceptos.

MENTE: Pendejadas. Pero ya me cansé de educarlos y que no entiendan. Cumpliré con los únicos deberes que importan: los cívicos. Voy al Ministerio Público a levantar una denuncia y no me importa si no me acompañan, he decidido andar sin ustedes. No necesito cuerpo ni alma. Son demasiado tontos, no piensan con rigor ni con lógica. Me exasperan por no hacerme caso, yo soy quien sí piensa. ¿Pecaré de Luis XV si afirmo: la inteligencia soy yo?

CUERPO: Tengo hambre, vamos a comer.

MENTE: Ve tú solo, yo ya dije y no cambio de opinión, desde hoy sin cuerpo y sin alma; en el edén de las ideas.

ALMA: Miren, ahí viene otra vez la pistola.

14 jul. 2008

Que se recupere tu garganta

¿Cómo se recupera una garganta
sin los besos de saliva enfermiza
adicta la boca al acerbo gusto
que parece apaciblemente dulce?

Parece cosa de niños lo dulce
y va poseyendo una garganta
La colma, la excluye, la seduce
la hostiga, la alumbra, la tritura.

Y lo dulce no se alivia
con lavarse los dientes antes del trabajo
o antes del insomnio
lo dulce queda amargamente recordando

Una huella de frío en la mano que va sola
una vibración falsa de llamada
cuando sobre el silencio se tiende el tiempo
ese es el sabor que desconocías

Es cosa de crueles lo dulce
y el alcohol y el tabaco no visten
desnudan la garganta y ella sin nudos
deja ver en acres latidos la dulzura

Cómo defenderse, cómo recobrarte

Busca la habitación a solas
cuando giman los aviones nocturnos
cuando las ambulancias griten
y el televisor quede sin señal
con puro y luminoso llanto
pon tu garganta en paz
corriendo como río
y nadie sabrá
sólo el alba y el otro día
o acaso también yo vea
que te has recuperado
de la garganta.

2 jul. 2008

Tesis sobre un escorpión malicioso


para N. y Y.

(¿New York?)


Una de los trabajos más absurdos que realiza un universitario para titularse es una tesis. ¿Cuál es el sentido de enfrentarse a un ciento de hojas en blanco y a otro ciento de libros llenos de referencias que a nadie importan?
No lo sé pero ya me comprometí para hacer una sobre Guillermo Fadanelli. No he podido explicar muy bien de qué se trata a ninguna persona. Quizás sea algo demasiado sencillo. Resulta que intuyo que si se pone una lupa sobre la identidad del narrador en las novelas de Fadanelli se descubrirá una visión compasiva. Yo no estoy seguro de esa tesis, pero con unas buenas dosis de retórica académica se puede demostrar cualquier cosa.
Sin embargo, en verdad me intereso en que Fadanelli tenga lectores y estos tengan algunas claves sobre su obra. Por eso me gustaría hacer una tesis alternativa, una relajada, una más fácil en la que trate los mismos temas, pero sin pedanterías propias de la academia, más bien con puras pedanterías exclusivamente mías.
En esta tesis lo primero que hay que saber es quién diablos es Fadanelli. Un tipo nacido en 1960 seguramente, quizá el 14 de noviembre, por lo tanto, es escorpión y hay que tener mucho cuidado de él. Porque, como todo el mundo sabe, los escorpiones son taimados y venenosos manipuladores. A pesar de ser personas que pueden presumir de autocontrol, son obstinadas, interesadas y cínicas. Tienen asombrosa capacidad para el análisis de la psique ajena y se aprovechan de ello para sus perversidades. Dicen cosas por decir, mienten con tal brutalidad que es fácil creerles. Por eso creo que se asocian con este signo la psicología, la ciencia forense, la investigación policiaca y el arte de los negocios, que es el arte de las mentiras.
En el escorpio hay una mirada escrutadora digna de cualquier detective privado. Todos los nacidos bajo este signo tienen gran disposición a imaginarse e imputar crímenes que uno jamás hubiera pensado cometer. Aunque no sean investigadores de profesión, lo son de afición o, al menos, leen a Agatha Christie. Casi se debiera recomendar que si uno encuentra a un escorpión debe huir de inmediato. Pero se sabe que pese a sus reservas son gente simpática, sensible, aunque no cálida, y uno aprende mucho en su compañía.
Al afán de los escorpiones de imaginarse motivaciones turbias en el otro, lo he llamado: Malicia Narrativa. Quizá algún día hable de eso. Por lo pronto me parece mucho más revelador el horóscopo.
Pelé fue escorpión. Lo cual quiere decir que todos los escorpiones tienen intereses y habilidades futbolísticas. Fadanelli las tuvo pero bastante dañadas, al grado de que en su infancia había en su cuarto colgado un banderín del Cruz Azul. Después de esa traumática niñez debemos entender que él jamás haya podido filosofar como Dios manda.
Ramón del Valle Inclán y Carlos Fuentes también son escorpiones. Por lo cual podemos tener por cierto que este signo es muy contradictorio en lo que respecta a las destrezas literarias, ¿cómo explicar a un escritor tan bueno como Valle Inclán y a otro tan malo como Fuentes? Un misterio.