9 sept. 2008

Para la trabajadora de cualquier estación

Que no se les ocurra un aparato
Que no decidan colocar una máquina
Que ya bastantes máquinas hay en la calle
A veces creo que voy por una fábrica
de metales histéricos cuando ando en la calle
a veces creo que refrigeradores
microondas y televisiones caminan
con dos patas y ropa por las banquetas
con su frío, con su prisa, con su cháchara
y entran al metro y viajan
como si fueran personas, pero no
me equivoco, aún son personas
que sólo parecen máquinas
porque en su rostro no están los ojos
sino botones de furia y neurosis expedita
ni está la sonrisa en sus bocas
que son como sintonías perdidas
incomunicables y descompuestas
por eso no, por favor no
de la manera más atenta, no
no hagan otra seria caja de metal
con rostro de botones y sin voz
que nos despache boletos
con mirada indiferente, no
yo quiero ver una boca con sonrisa posible
¿y si no es posible?
Si después de tantos días y tantas horas
y tantos boletos para viajes rutinarios
ya nadie puede la sonrisa
ni la mirada amigable ni siquiera,
oiga usted, ni el porfavor ni el gracias.
Entonces, les suplico otra cosita
hagan otra caja de metal
que nos aviente boletos
aunque jamás sonría ni sepa platicar
ni sea dichoso en ocasiones verla
con manos suaves acomodando los billetes
pero al menos, esto sí, con esto me conformo
antes que inventen su horrenda máquina
déjenme darle a la persona unas palabras
si es que se pueden las palabras dar,
porque las palabras a veces
dependiendo de los ojos que las oigan
consiguen ser poemas
y los poemas sirven para sonreír
aunque algunos ojos lloran
yo en este caso sólo quiero
que no sean los que lean ojos de máquina
sino unos ojos con sonrisa posible.

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