20 jun. 2018

Cuatro críticas al gobierno


La confrontación de críticas al gobierno tiende a crear confusiones y polarizaciones. He querido distinguir estas posibles críticas, si bien no para eliminar las polarizaciones, sí para disminuir la confusión.

Después de cierta reflexión personal, con base en mi experiencia, me permito esquematizar cuatro tipos de críticas que a continuación enumero:

1.       La crítica llana
2.       La crítica moral
3.       La crítica radical
4.       La crítica conservadora

La crítica que nombro llana es la que se elabora sin segundas intenciones, sin una ideología clara que acote tal crítica y que se enfoca en las invectivas contra la implementación de programas gubernamentales, en aquellas áreas de oportunidad que considere el crítico.

Posiblemente este tipo de crítica sea la que más cuestione las capacidades intelectuales de quienes ejercen el poder. No suele ser un tipo de crítica ejercida por estudiosos de la ciencia política ni de la economía, tampoco de la historia o de alguna otra disciplina académica, sino por ciudadanos que de manera informal desean participar de los debates públicos.

No incluyo como parte de este tipo de crítica: el insulto, la calumnia ni la visceralidad. Porque dicho de manera simplificada: lo que esta crítica dice es que el gobierno por falta de buenas ideas, de inteligencia o de cuidado en su ejercicio de poder comete errores. De lo anterior se puede suponer que cuando personas más inteligentes y cuidadosas gobiernen el Estado funcionará mejor, aunque la llaneza misma que constituye a esta crítica impide formular una utopía de la inteligencia, incluso puede afirmarse que las proyecciones de futuro desde esta postura son mínimas o inexistentes, en buena medida porque se carece de profundidad y sistematización.

Con respecto a la crítica moral es la que elaboran quienes tradicionalmente se han considerado de izquierda. Es moral en el sentido de que en su discurso se esquematizan dos polos que no representan meramente ideas, sino intenciones y valores. Esta crítica se dirige casi por completo hacia los gobiernos que se establecen en el marco de las repúblicas democráticas, las cuales por supuesto reconocen los derechos humanos, por lo cual resulta por lo menos inconsistente el contenido de las detracciones, a saber, el gobierno es el enemigo del pueblo, que dicho con otras palabras pudiera ser la corrupción generalizada, la clase explotadora, la mafia del poder, etc.

En general, lo que la crítica moral señala es que no hay ineptitudes en el gobierno, sino perversidades. Sostiene que el plan implícito es aprovecharse del resto, el pueblo, que por contraste posee esencialmente virtudes inagotables. De esta manera su visión del Estado es maniquea, una confrontación del bien contra el mal, por ello este tipo de crítica se aproxima a las acusaciones tanto generalizadas: “los que gobiernan son corruptos y traidores del pueblo” como personalizadas: “el actual gobernante se ha enriquecido a nuestra costa y es mentiroso”.

Al mismo tiempo, la crítica moral es de tendencia colectivista. Tiene una base marxista indudablemente, pero no se constriñe al marxismo. En gran parte por esta razón también implica una proyección utópica: cuando los buenos alcancen el poder, cuando se establezca la dictadura del proletariado, llegará la redención y el gobierno no criticable.

Como puede concluirse, la crítica moral descansa en la noción de lucha de clases, esto es, la creencia de que un grupo, cuyo nombre puede variar a conveniencia, se aprovecha del resto de la sociedad, que necesita organizarse para defenderse mediante diversas estrategias, entre las cuales bien podría estar los métodos violentos, pues como se trata de un problema del bien contra el mal, está justificada la lucha armada, el golpe de Estado, el secuestro, la protesta violenta, etc. La crítica moral es la más revolucionaria, la que más promueve la violencia y la más utópica.

En cuanto a la crítica radical, lo es en tanto que el gobierno le parece innecesario, por lo tanto, no estima indispensable conservarlo, por más inteligentes o buenos que sean los candidatos a ejercer el poder del gobierno.

Las ideologías asociadas a la crítica radical son el anarquismo y el liberalismo que pasa por la Escuela Austriaca, y más aún el anarcocapitalismo.

En cierto sentido, la crítica radical al gobierno puede interpretarse como una crítica pesimista, en cuyo fondo se encuentra una concepción de los seres humanos como seres corruptibles y ambiciosos. Por otro lado, su ideal utópico es la libertad negativa plena para lo cual habría que adelgazar tanto al gobierno que terminara por desaparecer. Por eso mismo, es muy difícil, cuando no imposible, que personas de crítica radical se vuelvan gobernantes, pues en esencia están contra la existencia misma del gobierno.

La cuarta crítica que llamo conservadora puede asociarse con partidos de derecha, partidos católicos y cristianos, que de antemano renuncian a la construcción de una utopía y bien podrían considerarse a sí mismos escépticos con respecto a las capacidades humanas para el progreso, la perfección y la paz perpetua.

La crítica conservadora, podría decirse, coincide en porciones limitadas con las otras tres críticas: juzga de falto de ideas al gobierno, le atribuye cierta perversidad, incluso mayor amplitud de la saludable, pero a la vez le reconoce méritos: algunas buenas ideas, beneficios a corto, mediano y largo plazo y, sobre todo, la cualidad de necesario. Acaso en el fondo de la crítica conservadora subyace la fe en que la perfección se encuentra en un plano divino y no humano, por lo que no vale esmerarse en especulaciones utópicas. El gobierno sólo debe mantener cierto nivel de orden e ir equilibrando sus imperfecciones.

Una vez revisadas estas cuatro críticas, cabría la posibilidad de cuestionar si no hay espacio para alguna otra, pero en general me parece que están bien representados cuatro polos del plano político. La valoración de cada una, a mi juicio, conduce a una mejor comprensión de la dificultad, si no es que a la imposibilidad, de superar el malestar en la política.

7 mar. 2018

Nuestra pequeña vida


Nuestra pequeña vida

Con cierta prisa revisamos números:
el viaje de los veloces relojes.
Nos cansan las tareas y las postergaciones
y día a día, fuera de agenda,
vivimos algo pequeño.
Quizá enderezamos un cuadro
justo al lugar de la luz.
Quizá acariciamos a un gato callejero
y nos da sensación hogareña.
Quizá a tiempo le sonreímos al señor Godínez
para que tuviera una buena tarde.
Puede ser poco dar la dirección correcta a quien busca una casa,
o darle un sinónimo a quien anda destrabando una idea,
así como es insuficiente un abrazo para quien llora la muerte.
También, para quien espera en el pasillo del hospital
la operación de su hijo, es un acto modesto
ofrecerle un dulce…
Pero si revisamos los números de nuevo:
esos relojes veloces que en su viaje dicen incansablemente:
para los héroes con capa ninguna alarma suena.
Sólo el segundero frágil se escucha
el de los actos pequeños
que bien cumplidos
nunca son insignificantes.

27 feb. 2018

Las tareas motivantes


¿Son posibles las tareas motivantes para los alumnos? Por experiencia sé que sí. Tengo más de diez años dando clases y he observado emociones de entusiasmo y frustración en los rostros de quienes escuchan mis clases dependiendo de las tareas que propongo. Acaso, como me baso en mi experiencia en vez de en alguna teoría pedagógica europea, fácilmente podrán rechazar mis afirmaciones.
Si aseguro, por otra parte, que he mejorado como docente gracias a la experiencia, voy a provocar carcajadas, o al menos, discretas sonrisas entre los teóricos de la pedagogía. Sólo se mejora la práctica docente cuando se aplican sin cuestionamientos las estrategias establecidas por un órgano central de planeación didáctica que jamás ha dado clases.
Lamentablemente los lineamientos sobre cómo debemos conducirnos los docentes cambian sexenalmente. Entonces en ciertos momentos se nos podría exigir que no haya tareas y en otro momento que obligatoriamente las pidamos; que en un momento suprimamos todo contacto no académico con los estudiantes y que en otro momento los apapachemos para que logren una catarsis emocional que los haga felices. ¿Qué significa esto? Que pasamos de una teoría pedagógica a otra y que debemos seguirla porque a pesar de que la pedagogía no es una ciencia, quien estudia pedagogía adquiere, casi mágicamente, un poder sobrehumano para planear estrategias didácticas que teóricamente funcionan.
¿Y si yo quiero apelar a la experiencia, según mis propios criterios formados con años de clases a diversos grupos, en distintas materias y niveles, tanto en escuelas públicas como privadas? Podré hacerlo, me dirán los pedagogos, pero como no voy a citar a constructivistas, conductistas, cognotivistas ni conectivistas será como exponer sin conocimiento.
Retomando la pregunta: ¿son posibles las tareas motivantes para los alumnos? En cierto sentido, es una pregunta obvia. Por supuesto que hay tareas que dan ganas de hacer. Es preferible replantearlo: ¿cuáles o cómo son las tareas que motivan? Las que estimulan la creatividad y el lucimiento personal. A los seres humanos nos gusta presumir aquello en lo que somos buenos. Nos gusta el reconocimiento, la valoración, el aplauso. Nos gusta provocar la admiración. Y, por eso, aunque parezca evidente, quiero hacerlo explícito: los alumnos quieren ser admirados por sus profesores.
Imaginen a chico o una chica que sabe sus talentos para escribir, dibujar o resolver misterios, pero se lleva como tarea a casa realizar una transcripción de Wikipedia o resolver ejercicios de un libro que trae las respuestas al final. ¿Cómo va a valorarse a sí mismo y a sentir que vive experiencias académicamente valiosas si sus labores son mecánicas? Lo peor es que termina por concebir que lo propio de la escolaridad es cumplir con ciertos trabajos, aunque de ellos no se aprendan ideas. Sin embargo, de esos trabajos sí se aprende cierta pasividad, cierto adormecimiento crítico. “No sé para qué me deja copiar esto, pero yo sólo quiero pasar la materia y por eso lo hago”, dicen los estudiantes.
No es nada extraordinario que estudiantes que suelen ser incumplidos, si se les motiva adecuadamente resulten ser mejores estudiantes, más creativos y analíticos, que aquellos que siempre cumplen aunque no tengan claro para qué hacen las cosas.
¿Y cuál es la motivación adecuada? Depende de las habilidades innatas de cada quien. A unos les gusta hacer maquetas, a otros exposiciones, a otros resolver cuestionarios. No hay una sola cosa que pueda motivar a todos los miembros del grupo. Por eso es importante diversificar, para que en algún momento, cada uno sienta que ha podido tener su momento de lucimiento, la posibilidad de mostrar su talento. Acaso sobra decir que para ello es indispensable una tarea creativa y no mecánica: ser hábil para trasladar de una página de internet hacia un cuaderno rápidamente cincuenta datos biográficos de un personaje difícilmente podrá enorgullecer a alguien.
De esa manera mi experiencia me ha dicho que las mejores tareas son aquellas que pueden hacer sentir a los alumnos orgullosos de haberlas cumplido e, incluso, presuntuosos. Uno como docente debe disfrutar la presunción del estudiante: “mire, qué bien me quedó, escuche cuántas cosas sé de tal tema”.
Principalmente doy clases de literatura y mi experiencia me ha convencido de que es preferible tener una sola tarea a lo largo de los cursos: en clase textos breves, y en casa textos de largo aliento como las novelas. Hay muchas formas de complementar (videos, películas, organizadores gráficos, etc.), pero estoy persuadido completamente que la forma de identificar a alguien que ha aprendido a ser un buen lector, lo cual para mí es el objetivo de una clase de literatura, es descubrir que invierte su tiempo y dinero en libros por voluntad propia.
He aquí la clave: si un niño, o un joven, por voluntad propia busca conocimientos, con total certeza, podemos afirmar que se ha cumplido el propósito de las tareas escolares: mantener viva la hoguera de la curiosidad. En cambio, si copia las tareas o cumple con ellas mecánicamente, irreflexivamente, de forma desmotivada, simplemente para conseguir un número aprobatorio en una boleta, no sólo se está apagando su hoguera de curiosidad, se le está invitando a realizar en la vida acciones carentes de significado y propósito.
En fin, quizá he dicho propuestas que cualquiera puede pensar por sí mismo, pues me he basado el sentido común, por lo mismo, ha sostenido ideas poco o nada pedagógicas. Si lo sostengo es porque confío en que la experiencia es una buena docente; y compartiendo experiencias, los docentes podemos cumplir mejor nuestra tarea de inculcar valores asociados a la búsqueda del conocimiento.

11 oct. 2017

Negación

Hasta próximo aviso se reanuda
la actividad normal.
Entretanto el día quedará suelto,
desorbitado, polviento, disperso
y con cierto temblor de aire en el cuerpo.
Permanezcan atentos:
las noticias serán como las nubes,
como agitadas cortinas oscuras,
bocanadas de deseo sin orden,
pasos que van y vuelven.
Para mayores informes: juguemos
a ser sonrisa de estatua. Quietura.
En la cama insomne seamos budas.
Tened paciencia: no es frágil ni breve
la vida.