8 dic. 2008

III

Ella fue los ojos
que brillaban
como arrulladoras
lámparas de miel
en las noches de aquellos días
cuando yo dormía y a mi lado
ella no dormía, ella temblaba
antes del desayuno
como si los ruidos acechantes
del sueño aún la atacaran
con esa metralla indescifrable
del peligro
con los animales sueltos de la paranoia
me abrazaba y temblaba y descalza
huía de la cama para preguntarme
si todavía, si aún, si en verdad
y sí, yo la quería hasta el umbral
del odio
y en las noches rodeados de ciudad o de frío
la quería hasta su pasado
hasta el origen inocente de su perversión
la quería casi hasta el amanecer
peleando
insistiendo en el acero venenoso
de los celos
hasta el adiós definitivo la quería
pero se fue y se quedó
como los sueños, como las pesadillas
y ahora comprendo
los temblores del insomnio
porque no duermo y no es por hambre
ni por la música
mi agitada espiga dolorosa...