26 nov. 2009

A la salud de los inmaduros

Creo que no sorprendería a nadie si dijera que el alcoholismo es una forma de inmadurez, pero a mí se me acaba de ocurrir.

En general, el dejarse arrastrar por cualquier exceso es síntoma de una madurez trastabillante. Probablemente ser maduro significa estar capacitado para la estabilidad.

Con esto no quiero decir que yo recomiende la madurez ni mucho menos. ¿Quién quiere estabilidad en un mundo que entiende la perversidad y la decadencia como modalidades del progreso?

Bien vista, la principal función de la madurez es la domesticación. ¿Acaso no son maduras todas las personas resignadas, conformistas y mediocres? ¿Y no son maduros los avaros, los déspotas y los hipócritas? La sal de la tierra son los inmaduros.

Pero estoy cayendo en un exceso de vaguedades y quisiera mostrar aunque sea una sola idea ordenada. Así que le daré muchas vueltas a unas cuantas palabras con la esperanza de que quede clara al menos una idea, a saber, la relación del alcoholismo con la inmadurez.

Conozco muy poco del aspecto biológico-medicinal del alcoholismo, sin embargo, conozco a un buen número de borrachos, por eso, y no tanto por haberlo leído en alguna parte, estoy convencido de que entre más joven un ebrio descubra su vocación más fácilmente puede conservar su gusto.

¿Qué buscan los adolescentes al beber si no volverse niños? Yo no creo que busquen hacerse hombres ni sentirse mayores, por el contrario, me parece que un motivo para emborracharse es el desentenderse de responsabilidades. Y no hay etapa más irresponsable que la infancia.

Mientras el adulto debe preocuparse por pagar cada mes todos sus adeudos, el niño puede estar jugando con la primera fantasía que tenga a la mano. Y el adolescente que ya posee conciencia de su carga de responsabilidades, que además ha de ir en aumento, al alcoholizarse se evade de tal carga, es decir, anda tras ese estado infantiloide de irresponsabilidad.
Creo que las personas que no lavan los platos todos los días son propensas emborracharse. Lo mismo la gente que por flojera, no por falta de dinero o de concetración, paga el recibo del teléfono tres días después de la fecha de vencimiento.

Piénsese en la impertinencia de los borrachines, ¿no se parece a la impertinencia de los niños malcriados? No es precisamente que los niños y los borrachos digan siempre la verdad, sino que ambos dicen estupideces. Ambos rompen el muro de las represiones sociales. Tal muro no es otra cosa que la decencia.

E insisto, yo no escribo esto para elogiar la decencia. La decencia es una lacra social sin duda. Si yo le tengo algún aprecio a la decencia ha de ser puramente a nivel estético. Para mí las impertinencias tanto de escuincles como de dipsómanos son nefandas, pero sólo porque tengo buen gusto, porque valoro la belleza clásica, porque todavía no le hallo gusto a lo monstruoso.

Ni el niño ni el borracho quieren pensar en las consecuencias, mucho menos en las molestias que les causan a los otros. Se expresan a su antojo, con muy pocos frenos, pretenden demasiada atención. Un niño gritando, corriendo, peleándose o llorando me da la impresión de ser, en el fondo, un enano en estado de ebriedad. ¿O al revés?
No niego que algunos sean divertidos, incluso más inteligentes que montones de sobrios y hasta agradables. Pero son sin duda excepciones. A menos que no me encuentre bebiendo, no tolero la conversación de un borracho o de un niño.
Algunos dipsómanos ofrecen una disculpa por su vicio, ya sea algún drama familiar, la hostilidad del entorno, las malas herencias, etc. ¿Pero los niños qué? No hay nada que los disculpe por su inmadurez. Así que hoy brindaré a la salud de los inmaduros.

15 nov. 2009

En la vanguardia caído…

Infamante esto, pues: que habiendo en la vanguardia caído
delante de los jóvenes yazga, más viejo un hombre

Tirteo

Es hermoso un rostro
que ha visto derrumbarse
generaciones de palabras
en la boca de los muertos
y aún así resiste el asalto del silencio.
Es hermosa una garganta
que a pesar de las voces
que el tiempo ha despedazado
se aferra a no romperse.
Es bella el habla de quien habla
con los acentos de los amigos
que debajo de la tierra han enmudecido
porque todas sus oraciones
serán invocaciones a la vida.
En cambio cansan las arcaicas
novedades de los jóvenes
Sus vocablos ligeros
propios de amores precarios.
y son desdeñables los arrebatos
con que rompen el silencio
y desfiguran sus propias figuras
mal vestidas con verbosidades.
Porque la lengua como la tierra
con trabajos, con días, con muertos
se va nutriendo con los años
y es hermosa la plática
de quien vence con arrugas y canas
el silencio de la patria que agoniza
el silencio de los templos en silencio
el silencio de los niños no nacidos
el silencio de los sabios
el silencio de las flores cuando cantan
el silencio de la noche cuando inmóvil
el silencio del amor cuando se agota
el silencio del trabajo cotidiano
el silencio de la música
y el silencio del abrazo
el silencio de los gritos atorados
y el silencio del sueño irritante
el silencio del poema que se olvida
el silencio en la comida y en la cena
el silencio como cama y como piedra
como surco, como asfixia y como hambre
el silencio que hace mares de silencio
el silencio de un pie tras otro paso
el silencio de un año más y un año menos
el silencio envejecido por tanto silencio
el silencio como inicio, puerta y fin y tumba
y sombra y punto y nada y silencio
El silencio que nos tienta, pero resistimos
con palabras necesariamente viejas
y más hermosas que las jóvenes.

14 nov. 2009

Los exiliados por orden de Calderón

¿Qué pueden hacer aquellos que recibieron una notificación un día de presentarse a laborar al siguiente en un centro de trabajo a cientos de kilómetros de su casa? Sería triste ponerse en el lugar de los trabajadores que debido al autoritario decreto de Calderón tuvieron que plantearse un problema de tal gravedad. Y también es lamentable que el periodismo mexicano no nos ha entregado un solo reportaje acerca de estas personas, ninguneándolos como si no existieran.

Sólo la gente que no respeta la dignidad humana cree que los trabajadores deben ser usados en beneficio de los empresarios. Usados como animales de carga o mercancías o cosas que pueden ser trasladables de un día para otro sin problemas.

Esa gente irrespetuosa de los valores del humanismo en México está representada políticamente por el PAN. Y no es la primera vez que trabajadores o burócratas reciben la orden de presentarse al siguiente día en otra ciudad a trabajar. Es una costumbre de la tecnocracia panista cuando buscan “tronar” a un empleado, lo mandan a otro estado de la república. Pero esta vez ha sido más atroz ya que no ha sido a un pequeño puñado, sino que han sido cientos o miles de trabajadores los que tuvieron que decidir en unas cuantas horas entre el desempleo o el exilio.

Porque es un exilio perder a la familia y es imposible trasladarse con toda la familia de buenas a primeras. Y también es un exilio perder el lugar de residencia de un plumazo.

Tampoco puede caber duda de que el exilio es uno de los peores castigos. ¿Y qué delito cometieron para ser desterrados? Sólo ser trabajadores al servicio del Estado, sólo estar atados a un salario escaso.

Es obvio, pero aunque sea obvio conviene repetirlo, que el Estado no es el gobierno federal, es decir, que esos trabajadores nos sirven, nos ayudan, nos hacen habitable este país, mientras que los gobernantes, esos criados creídos, demuestran su ineptitud, su nepotismo y despotismo sin que paguen las consecuencias por su mal desempeño. ¿Y qué gracia tienen para ello? Sólo sabemos que utilizan los privilegios propios de esa clase social que no trabaja.

Quien no crea que el despido de más de 40 mil trabajadores y el traslado forzado (exilio) de otros tantos miles no constituye un pisoteo a la dignidad humana, que comience ahora mismo a aplaudir.