14 oct. 2016

Noche segunda

Cuando una persona tiene miedo se vuelve más impredecible. Andrea estaba realmente asustada después de que intentara responder una simple pregunta de uno de sus amigos y sintiera que su voz se había esfumado.
--Andrea, ¿tienes o no tienes una pluma que me prestes?
Andrea giró con lentitud su cabeza para negar. Deseaba negar esa sensación de realidad y de pesadilla. No se acercó a nadie durante toda la mañana para que no le hablaran, no quería moverse de su lugar como si estuviera apestada. ¿Por qué no poder hablar le hacía sentirse sucia o despreciable? Sin despedirse de nadie, cuando llegó la hora de la salida, arrancó lo más rápido que pudo: odiaba la idea de que le pidieran explicaciones y que sólo tuviera su rostro parco y triste como respuesta.
Al llegar a su casa, trato de escabullirse directamente a su recámara, pero su madre la interceptó y le pidió que trajera varias cosas de la tienda. No le preguntó cómo le había ido, sólo le pedía cosas y le daba explicaciones.
Mucho rato después, mientras Andrea lavaba los trastes, su madre le dijo:
--Has estado muy callada, ¿estás bien?
Andrea respondió con la cabeza. Su madre siguió viendo unos comerciales en la tele. Fue hasta ese momento que Andrea, quiso aprovechar una ráfaga de cansancio, para irse a su cama y dormir. Sospechaba que en el sueño encontraría la causa de la pérdida de su voz.
--¿Ya acabaste? –Preguntó su madre sin dejar de ver los anuncios televisivos, mientras Andrea cerraba la puerta de su cuarto y se tiraba en la cama. Sintió miedo de cerrar los ojos, pero lo hizo fuertemente y luego despacio fue relajándose, acomodándose a la almohada, al colchón, al aire, al silencio, a la negrura, a la falta de temperatura, a la sensación de flotar, a las letras que volaban, a las flores extrañas que la rodeaban, a la luna púrpura, a los ojos del diablo de las palabras.
--Oye, maldito, ¡devuélveme mi voz!
--Me parece que tú tienes tu voz.
--¡No! Bueno, ahora sí, pero en la vida real no tengo.
--¿Y si esta fuera la vida real?
--No. No me preguntes eso. Obvio que esto es un sueño. ¿O estoy soñando que soy muda? Más bien creo que… bueno, no sé cómo decirlo.
--He ahí el problema. Ni yo ni nadie puede quitarte tu voz. Lo que sucede es que no sabes cómo hablar con tu propia voz.
--Yo sí sabía, no es que hablara mucho, así, tú entiendes, ¿no?, pero, pues, ahora, ya no, y, ¿ves?
--Si recuerdas, yo te advertí que hoy vendrías a pedirme respuestas. Lamentablemente tus preguntas son de un laconismo deplorable. Te invito a que no escatimes palabras en tus planteamientos, abunda, hija mía.
-¿Qué?
-Escucha, yo estoy bien dispuesto para responder tus cuestionamientos, bajo la condición de que preguntes con cabalidad y coherencia.
-No sé si soy coherente, pero ¿por qué no puedo hablar?
-Estás hablando.
-Aquí, pero esto es un sueño. Quiero hablar en mi escuela y en mi casa y en todas partes.
-¿Qué te lo impide?
-No sé.
-Arriesga una hipótesis.
-No, ya dime. Tú sí sabes, yo no sé.
-¿Y qué tal si tú supieras el verdadero motivo para que se haya apagado tu hablar?
-Pues no sé. Creo que lo que yo digo no es importante. Tal vez por eso. No siempre sé lo que la gente quiere oír. Soy de hueva… ¿verdad?
-¿Hoy cuando no pudiste hablar intentaste, acaso, decir lo que tú de verdad querías decir o intentabas decir lo que creías que los demás esperaban que respondieras?
-Pues lo que los demás… o sea que si dijera lo que yo quiero… ¿sí podría hablar? ¿Neta?
-Digamos que debes hablar con tus propias palabras, que por cierta diablura, lo que no podrás pronunciar son palabras de otros.
-¿Y cómo sé cuáles son las mías?
-Buena pregunta. Por lo menos, esta vez no te limitaste a un lacónico “qué”. Las palabras son de dominio público, pertenecen a todos y a la vez a nadie, sin embargo, hay estilos de hablar, ritmos, como decía ayer; ese ritmo propio que responde a tus latidos, las oraciones que se amoldan a tu forma de respirar, las frases que pareciera que salen del alma; esas son tus palabras, aunque otros también las usen. Se trata de tu manera de expresarte.
-Oquey. Espero que funcione… ¿Si no funciona hay algo que pueda hacer para seguir hablando?
-Hay una diablura que yo sólo comparto con mis amigas más entrañables.
-Aja. ¿Cómo?
-Puedes invertir en un banco de palabras, eso siempre da buen rendimiento, por el pequeño sacrificio de oír frecuentemente a un narrador.
-No entendí nada.
-Yo te puedo asignar a algún narrador que te acompañe. Los narradores son agentes de bancos de palabras, con fondos disponibles todo el tiempo.
-¿Puedes explicármelo de manera más simple?
-¡Un narrador, niña! Una voz que dice palabras: describe lugares, cuenta acciones; unos explican, otros informan. La voz estará en tu mente, sólo tú la escucharás. ¿Qué dices, firmas el contrato de una vez?
En ese momento, Andrea vio ante sí un descomunal pergamino que contenía letras pequeñísimas, a simple vista le era imposible leer; para colmo el Diablo de las Palabras lo hacía girar buscando la parte final, en la que sí estaba escrito con una letra de tamaño regular: firma de la protagonista y un cuadrito. El Diablo le explicó que ni siquiera tendría que firmar, que bastaba con que acercara su dedo y él mismo le tomó la mano y la arrastró hacia el cuadro donde de inmediato se dibujó una palomita. Un instante después había desaparecido el pergamino, el Diablo y todo lo onírico.
Andrea se encontraba una vez más en su cama y en su cuarto. Se quedó absorta un minuto mirando su ropero, su escritorio y su tocador. Era como si por primera vez viera aquello y le pareció deprimente no tener ningún cuadro en las paredes, también le disgustó notar que había muy pocos colores y que esos pocos eran oscuros. Esto debe cambiar, dijo.
-¡Ya puedo hablar!
Entonces comenzó a imaginarse cómo personalizaría su habitación.
-¿Tú eres el narrador, verdad?
Andrea decidió buscar un cuaderno y comenzar a dibujar para que lo primero que adornara la pared contigua a su cama fuera un dibujo de su propia mano.
-Oye, esa es buena idea.
Sin darse cuenta, comenzó a pronunciar en voz alta sus pensamientos como si hablara con alguien más, de manera que su madre alcanzó a escucharla y, extrañada, se acercó a la puerta de la recámara de Andrea, pegó el oído y como volvió a oír que hablaba, a pesar de que esa tarde había estado muy callada, preguntó:
--¿Estás bien, hija?
--Órale.
--¿Estás bien?
--Sí, ma, estoy leyendo en voz alta.
Andrea, luego de mentirle a su madre, miró al techo y dio vueltas en su cuarto como buscando un rostro entre sus cosas, sonrió y, al mismo tiempo, sintió ganas de llorar. Se vio al espejo, se acomodó el cabello y corrió luego hacia uno de sus cuadernos para dibujar, con trazos muy seguros, su propio cuarto, también se dibujó a sí misma mirándose al espejo y añadió una burbuja de diálogo en la que escribió: ya puedo hablar. Se sintió satisfecha con el resultado del dibujo, así que lo pegó a un costado de su cama y, aunque tenía ganas de continuar dibujando, también un gran oleaje de cansancio crecía en su cuerpo.
--Oleaje de cansancio, me gusta.
Andrea murmuró algo para sí misma mientras se acomodaba para dormir.

-Hasta mañana, narrador.

11 oct. 2016

En busca de un aforismo

Enlistaré ocurrencias cuyo anhelo máximo consiste en volverse aforismos.


1. La vida con reggaetón es un error.


2. Si la gente entiende que un embarazada está "enferma", debería entenderse, sin mayor reparo, que el aborto es un alivio.


3. "Realidad" es una palabra, no un hecho.

25 ago. 2016

Noche inicial


La más detestable de sus pesadillas era la que más a menudo la hacía despertar odiando a todo el mundo. Consistía en una escena en la que alguna persona, a veces su madre, otras veces la maestra de español, incluso en ocasiones personas desconocidas, se le acercaban y comenzaban a gritarle, a regañarla con manoteos y amenazas frente a su rostro, en esos momentos Andrea no podía separar sus labios para defenderse: ni siquiera lograba musitar cachitos de palabras. Odiaba sentir que el silencio estaba incrustado en su boca. No sólo sentía un nudo en la garganta, sino un manojo de nudos. Por eso despertaba molesta y durante un buen rato cargaba esa molestia como si no fuera suficiente con la mochilota repleta de libros que solía jorobarle la espalda.

Aquella vez, Andrea estaba caminando por un puente, abajo había varias columnas de automóviles, arriba volaban helicópteros y aves; ella veía sus pasos y sus pasos dejaban huellas de colores, esto le provocó ganas de saltar, de danzar para experimentar con las pisadas coloridas, entonces mientras bailaba en el puente dejando un arcoíris de pies, se topó con un viejo que de primera impresión se le figuró un pez bigotón.

Andrea sintió miedo de que ese viejo la comenzara a insultar, después sintió más miedo de no poder hablar en dado caso que la fuera a reprender. Sin embargo, al verlo con más detenimiento, sospechó que el viejo era inofensivo. Sus ojos eran de chino, o tal vez coreano; aunque su tono de piel no era amarillo sino verdoso y estaba arrugadísimo; era pequeño, casi un enano; en suma, no inspiraba temor. Así que lo pensó y se atrevió a hablarle.

-Yo soy… digo, ¿quién eres tú?

-Soy el Diablo de las Palabras.

-¿Qué? Eso qué. No existen los diablos.

-Hablas conmigo, me ves, luego existo.

-Además no quiero saber nada de palabras ni de literatos ni de literatura. Estoy harta de los mapas conceptuales, de las líneas del tiempo, de los proyectos en equipo, de exposiciones sobre géneros literarios y corrientes, ¡ay, es demasiada información basura! Todo se me olvida, no tiene caso. Déjame sola en mi puente.

Andrea no solía ser así de grosera y ruda con nadie, pero en ese momento el miedo de estar en una de esas pesadillas en las que la mudez la sometía la hizo reaccionar de ese manera enfática, sin embargo, el viejo no se alejó, por el contrario, se trepó al barandal del puente donde se sentó con las piernas cruzadas y la miró con curiosidad.

-¿Por qué has relacionado la literatura con todas esas tareas, acaso por la escuela?

-Obvio. Y lo peor es cuando la maestra Liz se enoja con algún latoso y nos pone a hacer fichas bibliográficas: Apellido paterno, apellido materno, nombre, título, editorial, lugar de publicación, año de la edición y número de páginas.

-Vaya, vaya. No quiero hablar mal de la maestra Liz, pero eso no tiene nada que ver con la literatura. A muchos literatos no les gusta perder el tiempo haciendo fichas bibliográficas. Para hallar un libro basta goglearlo, ¿o no?

-La maestra dice que no hay que confiar en lo que encontremos en Internet.

-En fin. No perdamos el tiempo discutiendo esas cosas. He venido a hablarte de otros temas.

-No, no más temas aburridos.

-Cálmate, no seas tan mimada. ¿Acaso quieres seguir soñando con regaños y con la imposibilidad de abrir la boca cuando te humillan?

-¿Cómo sabes que he pesadillado con eso?

-Los diablos sabemos muchas cosas, aunado a esto, estaba libre esta noche y me dije: visitemos a Andrea, es buena chica, aunque un poco callada, seguro que será lindo platicar con ella.

-Oquey, pero… yo no sé platicar.

-Es muy fácil, preguntas y respondes, comentas y ríes, empatizas y así, vamos a ver, ¿no te gustaría saber lo que en verdad es la literatura?

-Bueno, ya lo sé, deja me acuerdo… es, bueno, no recuerdo muy bien pero creo que venía del latín litera: un arte de expresión mediante la escritura, bueno, algo así.

Los ojos rasgados comenzaron a redondearse y a crecer y a iluminarse con un brillo de enfado.

-¡Nooooooooooooooooooooo! Andrea, no, no sé de dónde sacas esas tonterías. Por principio, la literatura no depende de la escritura, sino de las palabras y éstas no sólo se escriben, también se cantan, se gritan, se murmuran, se rompen, se ahogan. La literatura nace cuando las palabras actúan, no cuando están quietas y muertas en esos cementerios que llaman libros.

-Los libros no son cementerios. ¿Eres un diablo o un idiota?

-Modera tu léxico, rapaza.

El Diablo, entonces, se agigantó: como si le crecieran las piernas, el tronco y, sobre todo, la cabeza, se fue estirando hasta doblar su anterior estatura. Andrea quiso disculparse en parte por miedo y en parte porque sentía que sí se había pasado de la raya al sugerir que era un idiota.

-Los libros son cementerios de palabras. Hay palabras totalmente muertas que ya nadie pronuncia. Hay palabras que agonizan. Pero las palabras tienen una gran ventaja con respecto a los humanos. Basta que alguien las pronuncie para que vuelvan a la vida. No tan vigorosas como cuando eran comunes y constantes, pero reviven. El punto, niña, es que no hay literatura en los libros sino en la lectura. La literatura es un acto comunicativo, para que exista se requieren por lo menos dos. Así que no repitas como perico que el latín y que la letra y que no sé qué. La literatura es el arte de transferir sensaciones de una persona a otra a través de las palabras.

Andrea sintió que el Diablo estaba plenamente convencido de lo que decía y que sería mejor no llevarle la contraria, también recordó a su maestra y pensó que ella quizá sí se opusiera a tal definición.

-Cuando yo leo a veces no entiendo nada ni siento nada, sólo confusión.

-Como si te hablaran en chino o en ruso o en valyrio. Eso es normal, si no sabes llevar el ritmo.

-¿El ritmo?

-Sí, el ritmo, chamaca, el ritmo: sonidos y silencios que circulan en las curvas del tiempo.

-¿Las curvas del tiempo? Espera, sé que los sueños son locos, pero tal vez tú seas un diablo y todo eso, pero ya me está doliendo la cabeza y no comprendo, mañana además tengo informática a las 7 de la mañana, de verdad debería dormir sin pesadillas para descansar y estás empezando a ser una pesadilla peor que esas otras en las que no puedo alzar la voz.

 -Menosprecias la sabiduría de los diablos literatos. Te advertí que moderaras tus decires, yo domino el reino de lo inefable porque reino el dominio de lo decible. Esta noche me has silenciado, mañana me rogarás que te diga y te dé más de una respuesta. Adiós, muchacha.


El Diablo, entonces, comenzó a empequeñecerse hasta alcanzar el tamaño de un celular, también su forma dejó de ser la de un aciano jorobado para volverse rectangular y plano. Andrea lo tomó y enseguida casi lo suelta porque vibró sorpresivamente y después chilló como ambulancia. Andrea tardó un poquito en acordarse de que estaba soñando: tenía su celular en la mano: se había dormido con él 6 horas. No sentía que hubiera descansado, pero se levantó a bañarse, escuchó las indicaciones de su madre sobre los útiles escolares, el desayuno y demás. Siguió su rutina de malas y como no sentía ganas de hablar no se dio cuenta hasta tres horas después, ya estando en la escuela, que se había quedado muda.

El Diablo de las Palabras

Introducción


A Andrea no le gustaba la clase de español porque debía leer demasiado. Lo peor era cuando al leer todas las palabras pronto éstas le parecían extravagantes, insospechadas y hurañas, entonces debía visitar una y otra vez el diccionario, lo cual, francamente, se le hacía de hueva.

Pero una noche, quizá durante una pesadilla, Andrea conoció al Diablo de las Palabras, que a regañadientes la inició en las artes de la escritura y la lectura, de esa forma descubrió que las letras pueden cobrar vida. Sí, halló expresiones bailarinas, vocablos gesticulantes, ancianitas locuciones y voces recién nacidas, todas vivas, bien vivas.

Mas, vayamos poco a poquito, a la primera noche, quizá el primero sueño, o la primera pesadilla.
















10 may. 2016

Humildad ante todo

Publicado originalmente en sombradelaire.com.mx

Si en lugar de hacer un test de personalidad de esos que abundan en algunas páginas de internet y son amigos de la procastinación, me pusiera a pensar cuáles son mis defectos y mis virtudes, sin más auxilio que mi capacidad analítica y crítica, sinceramente, creo que me conocería mejor a mí mismo... Sin embargo, si me fijo, lo que acabo de afirmar se puede decir de otro modo: tengo más confianza en lo que yo pueda decirme acerca de mí mismo, que lo que cualquier otra persona pudiera decir sobre mí, ¿no podría acaso esto indicar que uno de mis defectos es la falta de modestia o humildad?

La humildad es una virtud asociada a las prédicas de Jesús de Nazareth, un hombre que para algunos fue el Mesías largamente esperado, para otros fue un profeta, pero con el tiempo en Roma y Europa y lo que llaman Occidente se tuvo por el hijo de Dios, y luego por Dios mismo. Así que, ¿no es absurdo pretender que Dios sea humilde? Se imaginan que dijera: sólo a veces soy omnipotente, no todo el tiempo, y bueno, sí tengo omnisciencia, pero poquita.

Por supuesto, que Jesús, en comparación con el airado Yaveh, es un pan de Dios. Puedo entender que Jesús sea humilde porque anduvo en la tierra, se juntó con pescadores y prostis y no le hacía el feo a nadie, salvo a los mercaderes, y tal vez porque andaba de malas ese día. La humildad en este caso me parece muy cercana a lo que llamaríamos buena onda, buena vibra, vivir alivianadamente. Esta virtud no la tengo.

Me gusta el Jesús que trata de mostrar Luis Buñuel en una película llamada “La vía láctea”, recomendable por otras muchas razones, en ella Jesús se ve como echando desmadre. Qué diferencia con el Jesús de los católicos: moralizante y sufridor. Si la humildad se asocia a la actitud de víctima permanente del destino, de compasión máxima por todos los pequeños gusanos que padecen algún dolor, etc. La verdad es que esa clase de humildad no me gusta ni la considero virtud y tampoco la tengo.

Supongo que la humildad se puede comprender en contraste con la soberbia, la petulancia, el orgullo, la mamonería; defectos o características mal vistas. Pero también hay que oponer la humildad a sus extremos patológicos: la baja autoestima, la timidez, la depresión, la inseguridad, etc. Al contrastar una y otra vez ejemplos de humildad, soberbia y baja autoestima, he llegado a la conclusión, en otras ocasiones, de que la mediocridad es mi ideal ético y, por otra parte, que no hay fronteras fijas entre los defectos y las virtudes, sino que las perspectivas de análisis inciden al interpretar hechos juzgándolos unas veces indignos, otras laudables. Esta vez, sin embargo, no quiero llegar a una conclusión, sino siendo un poco más humilde quiero sencillamente señalar unas erosiones en la piedra de toque que afila los prejuicios sobre la humildad.

Hoy un periodista deportivo podría preguntar ¿Jiménez, has tenido una actuación soberbia, hiciste un gol soberbio, cómo lo has conseguido? Y Jiménez responder: Con humildad, trabajando con mucha humildad. Esto quiere decir que nuestro español está jodido hasta el carajo, no que la humildad nos conduzca a las actuaciones soberbias. A pesar de eso hay que intentar que las palabras signifiquen alguna cosa comprensible. A mí no me interesa la semántica, sino la posibilidad de comprender y a la vez comprendido.

Estoy seguro de que más de una persona ha tenido la impresión de que soy mamón, es decir, una mezcla de presuntuoso, soberbio y elitista. También otras personas, que acaso me conocen un poco más, me consideran tímido, inseguro y humilde. Esto me deja creyendo o que soy un maldito Jekyll-Hyde o que la gente nada más habla por hablar.

La verdad es que antes de que me acostumbrara a leer y de esa manera aprendiera cosas diversas, yo ya confiaba en mi capacidad para responder las preguntas que me planteaba a mí mismo. En otras palabras, si se considera que la confianza en mis procesos mentales es falta de humildad, no me queda más remedio que aceptarme como una persona incapaz de ser humilde, pues la red de palabras que junta mi cerebro me parece de lo más natural, no creo poder desconfiar alguna vez de mi propia razón.

Siento que otras personas sí desconfían de su razón y prefieren hacerle caso a lo que dicen las estadísticas, las autoridades y las citas, las bibliografías gordas, los títulos y las vestimentas. A nada de eso yo le otorgo mucho valor. ¿Qué gano yo con lo que reflexionara Tomás de Aquino acerca de la humildad si él no conoció a quienes en lugar de juntar ideas sólo juntan citas para publicar artículos? La humildad predicada desde una religión puede ser una barrera de contención para el pensamiento crítico.

Ahora que la religión ya no domina el mundo, la humildad que proclaman los deportistas también podría ser susceptible de una crítica seria: ser humilde es interpretado como un estado de insatisfacción motivante, ser humilde es desear más y más logros sin festejar ninguno. Esta clase de humildad ha de estar impulsada por los capitalistas. ¿Cómo es posible que alguien crea que es humildad anhelar un campeonato tres años seguidos? O que ser humildes consiste en trabajar horas extra sin goce de sueldo y elogiar a los jefes para un día ascender un escalafón. Yo nunca tendré esa clase de humildad.


En general debe pensarse que quienes ejercen dominio sobre otros tratan de persuadir a los dominados para que asuman un comportamiento dócil, en no pocas ocasiones tal docilidad es elogiada y designada con distintos nombres, humildad es uno de esos nombres. Pero no me crean mucho, tengo escasos conocimientos de teología y psicología, carezco de formación filosófica y ni siquiera me he dedicado al autoexamen metódicamente, así que lo que he escrito es con llaneza mi humilde opinión.

20 abr. 2016

Dasein W. B.

Desde el paraíso un huracán viene
Acumulando cadáveres de piedras
Sopla esqueletos hechos polvo
Es la ruina de ruinas sobre ruinas
Inscritas en el viento del progreso

Nunca quedará quieto el pasado.


7 abr. 2016

Los gérmenes de la bella época

http://sombradelaire.com.mx/principio/los-germenes-de-la-bella-epoca/

La bandera del segundo imperio francés fue destruida en México y un poco más tarde fue hecha añicos en la guerra franco-prusiana. Aun cuando Napoleón III había sido vencido, los parisienses tuvieron que resistir otros cuatro meses un sitio que dejó más de veinte mil muertos y la coronación en Versalles de un emperador alemán, lo cual algunos historiadores consideran humillante.  En mi opinión tal humillación no vale nada frente al hambre que padeció la gente de París. Es posible que de aquellos sufrimientos naciera el espíritu solidario, rebelde y autogestivo de la Comuna.

¿Qué fue la Comuna? Setenta y dos gloriosos días que aterraron a la burguesía, pues sólo eso duró aquel experimento de justicia, solidaridad y verdadera democracia hecho principalmente por obreros. Aquellos comuneros establecieron pensiones para las viudas y los huérfanos, suprimieron las clases de religión obligatorias y abrieron la puerta al sufragio universal. Comenzó el 18 de marzo de 1871, a punto de comenzar el mes germinal. Terminó cuando las autoridades francesas de la Tercera República, o bien, ese monstruo inhumano de la modernidad llamado Estado, calle por calle, destruyera barricadas, masacrara a diecisiete mil personas y capturara a otras cuarenta mil.

Así, con sangrientos ríos de inocentes fusilados, comenzaron en Francia y en el resto de Europa unos años de paz, es decir, de represión, de disidencia silenciada y de pactos oscuros; años de hipocresía victoriana y de supuesta gilding age, un tiempo que coincidió con nuestro cacareado porfiriato y que suele suscitar la nostalgia de los cursis: La Belle Époque. 

¿Por qué esos años que van de 1871 a 1914 han sido mitificados? La bohemia, el Moulin Rouge, el burlesque, el can-can y los afiches de Toulouse-Lautrec. Sí, todo eso tiene su encanto, pero no me hacen olvidar “La Trucha” que pintó Courbet desde la cárcel. Para mí esas décadas se sobrevaloran, en retrospectiva, por el contraste que hacen con la barbarie de las dos grandes guerras europeas y el auge de los fascismos. Aunque supongo que durante la bella época la gente sí llegó a maravillarse con la fotografía y la dinamita, el telégrafo y el teléfono, el fonógrafo y la luz eléctrica, etc., tales cosas fueron símbolos del poder de las ciencias naturales.

La ciencia muchas veces causa un deslumbramiento semejante al chamanismo. Eso fue lo que ocurrió con algunos que sin verdadera formación científica llegaron a conclusiones racistas, ideológicas y mágicas, según ellos basados en el método científico. Me refiero a los lectores de Comte, Taine y Spencer. No a esos autores, sino a quienes los divulgaron, porque aquellos ideólogos positivistas nunca escribieron las tonterías que sus divulgadores sostuvieron y que se pueden resumir así:

La sociedad humana se divide en fuertes y débiles. Los fuertes tienen derecho a someter a los débiles. Los fuertes se apoyarán en la ciencia para progresar, mientras que los débiles recurrirán a la religión porque están incapacitados para ser libres, por lo tanto, los europeos deben colonizar África, Asia y Oceanía. Mientras que América debe reconocer que su grado de civilización depende de su proximidad con Europa.

El positivismo vulgar que anduvo en los salones de fiesta, en los artículos periodísticos, en los cafés, en las clases de preparatoria, no era sino un instrumento ideológico para justificar el imperialismo, el racismo y la desigualdad económica. Yo no puedo evitar entristecerme cada vez que escucho un eco positivista, ya sea en una lectura o en la boca de algún trasnochado.

La idea positivista de que las ciencias naturales pueden meter sus narices en todas las cosas humanas tuvo su correlato literario en el naturalismo. Emile Zola predicó la posibilidad de hacer una novela experimental, siguiendo el método del doctor Bernard y, realmente, sus propuestas fueron influyentes en la historia de la literatura, pero debería estar clarísimo que se quedó muy lejos en la práctica de su teoría. Sus novelas son narradas mediante una tercera persona omnisciente que manifiesta prejuicios típicos de su época. Yo pienso que el naturalismo debería llamarse zolaísmo y tan tan, adiós a las polémicas bizantinas de los filólogos ociosos que aun discuten qué cosa es o fue el naturalismo.

Lo importante es que Zola fue el escritor más influyente en Francia, por ende en el resto de Europa por aquel entonces. Y es un hecho contrastante que durante esos años decorados por los tonos cálidos de la pintura impresionista, lo más destacado en la novela fuera calificado como sórdido, soez y grosero. Por supuesto que el estilo de Zola no merece esos insultos. Por el contrario, debería ser elogiado por sus virtudes para enhebrar secuencias narrativas, por fabricar minuciosas verosimilitudes y por la finura de sus sugestivas descripciones. Claro que Flaubert había iniciado en ese arte de narrar con la perspectiva que hoy llamaríamos close up, pero Zola lo superó, para mí es el primer escritor plenamente moderno.

Cuando se publicó Germinal, la novela más célebre de Zola, en 1885, acá en México, Heriberto Frías, entonces un muchacho que repartía impresos de una librería francesa, se enamoró de esa obra y unos años después con el seudónimo de “Germinal” firmó muchas de sus colaboraciones en periódicos mexicanos combativos. Sin duda, Frías fue entre nuestros escritores quien mejor asimiló la influencia de Zola.

Germinal si bien es realista, cuenta una historia simbólica: ciertos mineros que viven bajo tierra, ajenos al sol, con hambre y con sed, sin aire y sin justicia, empujados por las palabras de un joven, organizan una huelga. La historia no acaba bien porque a Zola le parecía que la justicia poética era contraria a la realidad, pero el desenlace es lo suficientemente incierto como para que surja más de una interpretación, de tal suerte unos lo juzgan desesperanzador, otros lo ven como profecía de redención.

Hay que recordar que germinal en el calendario republicano francés es el mes que se corresponde con nuestro marzo. La novela comienza en un marzo y en otro marzo finaliza, tal circularidad refuta la flecha del progreso que tanto se estimó durante la bella época. Esa circularidad no es pesimista ni optimista. ¿Qué es? Yo no puedo concluir algo preciso sobre la circularidad, que concluya Zola:

Echó a andar más de prisa, contemplando el espectáculo grandioso de la naturaleza, que a tal punto contrastaba con la vida sombría de aquel pueblo subterráneo de esclavos. Pero allí abajo también crecían los hombres, un ejército oscuro y vengador, que germinaba lentamente para quién sabe qué futuras cosechas, y cuyos gérmenes no tardarían en hacer estallar la tierra.

16 mar. 2016

Ubú Doctor



UBÚ: Yo

ANTONIO: Buenos días

UBU: Insisto: yo.

ANTONIO: ¿Este es el seminario sobre la patafísica en la dramaturgia mexicana?

UBÚ: Yo. Cuando yo digo “yo” significa “buen día” y “bienvenido”. Además ya debería saber que la dramaturgia mexicana soy yo.

ANTONIO: Bueno, a mí me gustaría saber cuál es el programa de estudio.

UBÚ: Yo.

ANTONIO: ¿Me está diciendo otra vez “bienvenido”?

UBÚ: Yo soy el programa. Yo soy el camino, yo soy el fin. Yo soy tema, método y conclusión. Dejé de ser rey para doctorarme y volverme Ph. D. Ubú.

ANTONIO: Sí, entiendo, doctor, pero yo quisiera aprender algo de dramaturgia.

UBÚ: Pues aprenda y no me interrumpa, porque lo que a continuación diré es muy importante, tome nota, apunte: Yo, yo y yo.

ANTONIO: Disculpe, es que yo no sé qué significa cuando usted dice “yo”.

UBÚ: Yo

ANTONIO: ¿O sea, cómo?

UBÚ: Yo he sido y sigo siendo porque seré. Yo, desde el principio, por una necesidad de mí mismo, yo, así de fácil, yo. Soy tan yo.

ANTONIO: Bueno, sí, pero, ¿todo el curso será de usted?

UBÚ: De yo.

ANTONIO: Oquey, de su yo.

UBÚ: Yo es la respuesta. All you need is Yo. (cantando) Yo, Yo, Yooo… Mi yo es la totalidad. Las finanzas de Polonia son poca cosa frente a mi yo.

ANTONIO: Ya.

UBÚ: No, ya no: ¡Yo!

ANTONIO: (aparte) Lo que tengo que aguantar para titularme como maestro en Patafísica mexicana de 1907.

UBU: Como iba diciendo, yo, cuantas veces sea necesario hay que insistir, hasta asimilarlo con plenitud: yo. Además, cuán interesante es esto: yo. Ahora me estoy dando cuenta: yo.

ANTONIO: (aparte) Cogito ergo ego.

UBÚ: Yo tengo una base en mi yo.

ANTONIO: (aparte) tal vez la enseñanza es imposible.

UBÚ: 1+1=yo. En resumen, yo.

ANTONIO: (aparte) ¿Pero cómo puede ser posible el aprendizaje sin enseñanza abstracta y despersonalizada?

UBÚ: Yo soy examen, yo dicto: primera pregunta: ¿yo?

ANTONIO: ¿Qué se supone que debo responder?

UBÚ: Error. La respuesta era yo. (aparte) vaya idiota me tocó como alumno. (pausa) Continuemos: segunda pregunta: ¿yo?

ANTONIO: Yo.

UBÚ: Exactamente, muy bien. (sacando unos papeles para escribir una calificación) Una de dos, el promedio es cinco, esto baja a cero. Debe recursar aún no está listo para la maestría. Pero le diré una última palabra…

ANTONIO: ¿Acaso “yo”?


UBÚ: Mierdra.

13 mar. 2016

Ceguera

Sospechamos que no es un dios
sospechamos que no es un castigo
sabemos que pasará
sabemos que sabemos sobrevivir
aun así ignoramos
cuál es el destino y la fría
dispersión de este polvo
que los vientos mueven
sin preguntar sin sospechar y sin saber

que se llama vida.

29 feb. 2016

Dos acotaciones [dʒɔɹdʒ]

A Jorge Emilio Esquivel Muñoz lo llamaban George o Yorch, [dʒɔɹdʒ], a la prensa no se le ha ocurrido escribir su apodo con G, tampoco usar la ‘ch’ como grafías finales. Pareciera que Jorge Esquivel no tuviera derecho a usar el nombre del padre de la patria de una república democrática. 

Detrás de las variantes ortográficas hay discriminación, pero si alguien considera que esto es minucia, tal vez tenga razón, que la prensa lo discrimine, viole su imagen e incite al público a odiarlo, es menos grave que su detención ilegal y su igualmente ilegal trasladado a Hermosillo, a casi dos mil kilómetros de su casa y de sus amigos, ¿dónde quedó su presunción de inocencia? ¿Dónde quedó el estado de derecho?

Su caso no debe relegarse al olvido ni al anonimato, como dice esa pinta-acotación, es un compa.

8 ene. 2016

Teatralismo del meme y la evaluación

ANTONIO: Quiero escribir un paper serio sobre las evaluación de las competencias lectoras…

PINCIANO: En lugar, de un paper, haz un teatralismo, es más didáctico.

MEME: Simplemente comparte un meme. Ahí te va:



EINSTEIN: Yo nunca dije esa pendejada.

MEME: Que sí, Beto, lo dijiste justo después de acertar con esa belleza de que “el mal es el resultado de la ausencia de Dios en el corazón”.

EINSTEIN: ¡Que no, con una chingada! ¿Cómo voy a decir esas reverendas m…

ANTONIO: Por favor, tranquilo, ya sabes que así es la gente de los memes, que si no pones comillas: el escándalo.

MASAS DE TWITTER: ¡Plagio, plagio! ¡Ave maría purísima, los derechos de autor sin pecado concebidos!

ANTONIO: Pero atribuirle tonterías a famosos respetables es de lo más común. Hasta que surja la idea de que debe haber un derecho negativo de autor: que se respete nuestra capacidad de callar, de no decir estupideces.

CERVANTES: Que se nos admire por lo que no dijimos, por el sensato pudor de la omisión.

EINSTEIN: O sea, que actualmente a la educación ya se la cargó la fregada.

MEME: Es porque no le hacemos caso a Einstein que dijo: “Hay dos cosas que me admiran: el cielo estrellado y el orden moral en mis adentros”.

KANT: Coño, que ésa es mía.

ANTONIO: Bueno, miren, no importa quién dijo qué, el autor no tiene mucha importancia más que para las comidillas pequeñoburguesas, como dijo Einstein.

EINSTEIN: Que ya lo agarraste de coto y eso es bullying, ya no hace gracia.

ANTONIO: Lo que iba a decir es que si me dejan solo un ratito, puedo hacer mi paper.

MEME: ¿Vas a escribir que los peces no deben trepar árboles? ¿Qué los alumnos no deben presentar exámenes para obtener certificados, ingresar a la universidad u obtener fondos públicos?

PEZ: Mejor te cuento mi historia: yo iba según me llevaba la corriente, cuando una rama se cayó cerca de mí y también fue arrastrada por el río.

MEME: “Una rama no cae dos veces en el mismo río”. Albert Einstein. (A. Einstein amaga con un revólver a Meme)

RAMA: Me gustaba más estar arriba, resistiendo las corrientes de aire, unida al árbol, rodeada de hermanas. No me gusta ser un pez ahora.

PEZ: Yo le dije que estar en el río y dejar que el flujo la lleve no la convierte en pez.

RAMA: Yo no puedo ser lo que yo quiera, antes era rama y ahora el destino me ha vuelto pez.

MEME: “El destino es una fórmula que tenemos que despejar día a día con trabajo y amor”. Albert… digo, Immanuel Kant.

ANTONIO: Muy bonita historia, ahora, si me permiten, escribiré mi abstract: Se presentará en este trabajo un análisis para llevar a cabo en las aulas una evaluación entre pares con respecto a las competencias lectoras, especialmente, en el caso de los textos literarios... ¿Suena chido, no?

PINCIANO: Todavía él no había terminado su historia, prosigue, Pez.

PEZ: Le pregunté a otros peces si era verdad que además de peces podríamos ser otra cosa, por ejemplo, ramas. Si así fuera a mí me gustaría disfrutar las corrientes de aire y nadar como las aves.

CARDUMEN: Sigue la corriente. La vida es así y así son las cosas. No se puede hacer nada más. Esto es como es. Emparéjate, reprodúcete, sigue la corriente.

PEZ: Yo empecé a sentirme insatisfecho, sentí que un flujo de cosas inexplicables me llevaban a contracorriente. Decidí salirme del río y treparme a un árbol.

COSIMO PIOVASCO DI RONDO: Avanti, Pez, ven conmigo, y no desciendas más.

PEZ: Sólo que había un comité académico que antes de treparme me pidió que escribiera una solicitud de encaramamiento y me pidieron que firmara una responsiva, además de tener en cuenta que sería evaluado, de modo que si mi evaluación era mejor que la de otros animales allí presentes, se me otorgaría una licencia por dos años para subir a los árboles.

ANTONIO: Ya, qué interesante. Mi introducción dice lo siguiente: Dos problemas asociados a la evaluación son el derecho y la justicia, es decir, ¿cómo hacer una evaluación justa?, y ¿cómo formular reglas operativas que establezcan derechos sobre la evaluación, así como la metaevaluación?

MEME: “Para saber lo que es la justicia, tienes que sincronizarte con los dados del universo”. Immanuel… (Kant esgrime un sable hacia Meme) Albert… (Einstein hace que su pistola se asome) Antonio Rangel.

PEZ: Bueno, ya no me interrumpan: participé en el concurso de oposición, pues tal era la única forma de subir al árbol, se presentó también un mono, un pingüino, una elefanta, un tlacuache y el cenzontle. El mono en un parpadeo alcanzó la cima de la copa, yo fracasé en mis cinco intentos, lo mismo que la elefanta y el tlacuache, quien sin embargo, subió como 20 cm. Por su lado, el cenzontle comenzó un nido en cierta rama.

COMITÉ ACADÉMICO: Dado el protocolo, daremos a conocer nuestro resultado dentro de un mes, una vez que analicemos los desempeños según la reforma educativa.

PEZ: Dos meses después publicaron los resultados, y por suerte, fui aceptado como becario de encaramamientos; el tlacuache y el mono fueron rechazados porque carecen de la competencia de colaboración; el cenzontle también fue rechazado y hay una demanda en su contra por hacer uso del árbol sin previa licencia, con lo cual demostró que no tiene la competencia de obediencia ni de paciencia nivel súbdito. Sólo la elefanta y yo fuimos aceptados, ya que ambos tuvimos la competencia de sexualidades alternativas.

KANT: ¡Puta!, ¿qué ya nadie sabe lo que es la Ilustración?

EINSTEIN: Qué bueno que reencarné como perro.

MEME: “Aunque no esté de acuerdo en lo que compartes, diré que me gusta, porque la hipocresía es el comienzo de la libertad de expresión”. R. Descartes.

DESCARTES: ¡Ora!, ésa ha de ser de García Márquez, yo zafo.

ANTONIO: ¿Les interesa más la historia del pez que mi paper?


PEZ: Ya sé por qué me miran, pensarán que si como becario de encaramamiento arbóreo logré una nueva identidad, la verdad es que después de tres meses como becario, una vez recibido mi pago, comprendí que lo mío era otra cosa, entonces abandoné la idea de andar por las ramas, para evitarlo, me convertí en salamandra. Y puedo decir con orgullo que por fin estoy a gusto en este cuerpo. He corregido a Dios que si no juega a los dados es porque juega con los géneros sexuales, como bien decía Immanuel Einstein, mi novelista preferido.

ANTONIO: Fin, bravo, adiós. ¿Me dejan trabajar? Ya no quiero que digan que me la paso procastinando.

SALAMANDRA: Falta la moraleja.

MORALEJA: El pensamiento crítico, nuestra fuente de evaluaciones, no es reducible a un meme.

MEME: No le entendí.


1 ene. 2016

Año nuevo: teatralismo nuevo

ANTONIO: Típico: estás en un teatralismo y terminas tirado en la calle.

2016: Te recuerdo que el año pasado no escribiste ni viviste, creo yo, ningún teatralismo.

ANTONIO: Tú qué vas a saber, sabrás el futuro pero no el pasado, así que vete a la farmacia y tráeme unos chilaquiles.

2016: Conozco el pasado por anamnesis, además la farmacia está cerrada y allí ni venden chilaquiles.

ANTONIO: Anamnesis, eso ni existe, ¿verdad tú Pinciano?, Oye, y ya que estás por aquí, prepárame un suero, por ahí debe de haber bicarbonato.

PINCIANO: Claro que existe la anamnesis, es la recordación que lleva al reconocimiento y a la reconstrucción de la identidad.

COCINA: Aquí no hay bicarbonato ni limón, tampoco azúcar, es más ni agua. A ver si ya haces el súper.

ANTONIO: Qué feo despertar así, inexplicablemente, desgastado.

HERIBERTO FRÍAS: Es el efecto sotol.

ANTONIO: ¿Qué?

DÍA ANTERIOR: ¿Tan pronto te has olvidado de mí? ¿Basta un nuevo sol para un nuevo olvido?

SOTOL: Mátame y recuérdame.

PROPÓSITOS: ¿Cómo ves, empezamos de una vez?

ANTONIO: No, aguanten, vuelvan mañana.

LARRA: Gran persona debió de ser el que llamó pecado mortal a la pereza.

ANTONIO: Si no es pereza, es que es día primero, hoy no se chambea. ¿Si es hoy primero?

SOTOL: No querías terminar el año si conocerme.

ANAMNESIS: Recorriste 42 vinaterías hasta encontrar una botella de sotol, primero quisiste echarte un caballito, y estabas escuchando ska; luego lo mezclaste con Squirt, y pusiste rock nacional.

LA PARRANDA MAGNA: Voy a tomar y tomar hasta mi nombre olvidar.

PANTEÓN ROCOCÓ: Esas noches, esos días, cuando tú te retorcías en mi brazos.

ANTONIO: Pero a mí ni me gusta el ska.

2016: Pues ayer y en el año que murió bien que bailaste One step beyond. Tal vez los chilaquiles te ayuden a desolvidar.

PINCIANO: Estábamos platicando de la conciencia, decíamos que vive bajo el resguardo de la memoria. Sostenías, sin embargo, que hacer conciencia no implica necesariamente hacer memoria, que si esto fuera necesario, entonces la historia sería más filosófica que la literatura.

ANTONIO: ¿Yo dije eso? ¿Antes o después del sotol?

2016: ¿Y a todo esto, ustedes cómo se conocieron?

ANTONIO: Pérate, tamos, tratando acá de... en fin,  vamos a barajearla más despacio. Lo que yo digo, es que el olvido es la obsesión más poderosa.

PINCIANO: Estamos claros que una obsesión es una necedad que retorna.

ANTONIO: Como los aboneros.

TELÉFONO: Buenos días, llamamos para darle la buena noticia de que en este año va a gozar de una cobertura médica, asistencia telefónica los 365 días y un seguro por gastos funerarios, ¿está de acuerdo?

ANTONIO: No, gracias, ahorita estoy en un teatralismo.

MADNESS: Hey, you, por qué no te gusta el ska?

ANTONIO: Volviendo al tema, yo diría que por más persistentes y duras que sean las obsesiones, nada es más persistente que el olvido. Hay pequeños olvidos, amnesias retrógradas y antero… ¿Tú te las sabes, Pinciano? Yo no me acuerdo.

BUÑUEL: La amnesia anterógrada esconde palabras y nombres, pequeños recuerdos. La amnesia retrógrada  puede borrar los recuerdos de toda una vida, como le sucedió a mi madre.

PINCIANO: En cierto sentido, debes reconocer que sin memoria la conciencia se debilita, ¿cómo una madre que ha olvidado el rostro de su hijo podría ser consciente de la obligación que tiene para con él?

ANTONIO: Ya, claro, por eso es que la anamnesis es terapéutica y la Historia es indispensable para la cohesión social y shalalá. ¿Pero no será que imaginar el pasado es muy semejante a imaginar el futuro? ¿No es finalmente el pasado una reconstrucción verosímil y onírica? Entonces si la memoria es sueño, el sueño no puede fundamentar la conciencia, la conciencia entendida como reguladora ética debe inspirarse en lo innato, en aquello que trasciende cualquier rememoración.

TELÉFONO: En la actualidad es muy importante estar preparados para las contingencias y qué mejor que adquirir un seguro para que nuestros seres más queridos tengan una protección, ¿está de acuerdo?

ANTONIO: Deje le paso a Pinciano.

PINCIANO: Que no, hombre, que no, que yo ya voy por el cuarto siglo de muerto. Mejor, usted, señor Colcénter, díganos, ¿le parece plausible que exista una ética innata, ajena a los avatares de la memoria, y que aunado a esto podamos usarla como fundamento de la conciencia?

ANTONIO: ¿Por cierto, quiere un poco de chilaquiles? ¿Sí?

TELÉFONO: Tomaré estas preguntas como una afirmación, hoy mismo se descontará de su cuenta su primer pago. Gracias. Que tenga una excelente tarde.

ANTONIO: Bueno, equis. ¿Tú qué dices?

PINCIANO: Que no alcanzo a ver cómo esto ser relaciona con la literatura.

MADNESS: Ni con el ska.

SOTOL: Ni con la cruda.

ANTONIO: Pues es que no se concentran. Pongan atención. Si en una narración hay una vuelta al pasado por parte de un personaje, lo que vulgarmente llamamos anamnesis, para precisar lo llamaré recuerdo. Entonces cuando un personaje revive el pasado, con ello, transforma la identidad del presente, tanto para sí como para el público. Esto muestra la pervivencia de lo vivido y que la conciencia está vinculada a la remembranza.

PINCIANO: ¿Entonces cómo es que lo niegas?

ANTONIO: Porque, pongámonos ingenuos, si esto es así. ¿Qué es más conveniente para el espíritu…

HAMLET: Ésa era mi línea…

ANTONIO: Tú cállate, digo, ¿qué es más conveniente para la sociedad tener presente la historia y tomar conciencia de los hechos históricos  o tomar conciencia de los hechos que pudieron haber ocurrido según los textos literarios?

PINCIANO: Supongo que piensas que individualmente también se puede plantear la pregunta: ¿qué es más terapéutico recordar pasado o trabajar con imaginaciones?

ANTONIO: El filósofo no se equivocó: la historia no es más filosófica que la literatura, o dicho de otro modo, la literatura es más terapéutica que la historia.

SOTOL: ¿También la literatura es buena para la cruda?

ANTONIO: Tú desaparece, que no quiero saber nada de ti, porque ya me acordé de lo que pasó.

2016: Aquí comenzamos.


PROPÓSITOS: Nosotros volveremos mañana.