17 dic. 2014

Teatralismo navideño sobre la felicidad

VENDEDOR: Todos somos vendedores y todos podemos ser felices si lo deseamos.

POLÍTICO: De acuerdo, es hora de superar los dolores y ser felices.

ACTIVISTA: La felicidad está en la lucha colectiva. Individualmente no somos nada. Para ser feliz, todos debemos luchar, resistir y oponernos.

GENTILHOMBREMASA: La felicidad está en la familia y no ser un encapuchado anarquista que no trabaja.

DOÑA ROSARIO: La felicidad está en cumplir los mandamientos de Dios que nos manda sufrir en este mundo corrupto dominado por el Maligno.

ANTONIO: Realmente yo soy una persona muy callada.

VENDEDOR: Mira, tú podrías ser feliz, basta con que te propongas cinco metas y socialices más de modo que convenzas a otras personas de que pueden ser felices.

ACTIVISTA: Si somos animales sociales, tenemos que ser felices en sociedad. Además la persona feliz carece de necesidades. Postergar la felicidad para cumplir con una meta, ya sea adquirir un coche o una casa, un título o un anillo de compromiso, eso no puede ser la felicidad.

GENTILHOMBRE: Por supuesto, antes de casarse hay que tener un ahorro, una casita o un departamento por lo menos, porque así deben de ser las cosas para poderle dar a los hijos lo que ellos necesiten.

ACTIVISTA: La televisión, el cine, los políticos nos han hecho pensar eso, pero no necesitamos de los bienes materiales para ser felices. En las sociedades desarrolladas hay montones de deprimidos. Vivimos en sociedades enajenadas, ése es el problema.

ANTONIO: Yo sigo sin ver cuál es el problema del que estamos hablando.

POLÍTICO: Es que no hay problemas, si los hubiere, yo ofrezco: escuchar propuestas, realizar reformas, atender y respetar las solicitudes que en su momento, sin violencia, por los cauces adecuados, la ciudadanía misma manifieste.

DOÑA ROSARIO: Efectivamente los bienes materiales no son la felicidad. Si me dejan leerles algo de la biblia, verán que está muy claro que la felicidad proviene de Dios solamente, él nos provee de la felicidad a través de las cosas, pero no hay que amar las cosas, sino amar a Dios.

ANTONIO: Quizá yo opinaría si comenzáramos por definir de qué estamos hablando.

ACTIVISTA: Estamos hablando de la propaganda del gobierno para despolitizar y desmovilizar los 
justos reclamos que todo el país está haciendo. Porque ya nos cansamos de tantas injusticias.

GENTILHOMBRE: Mira, el gobierno es un mal necesario. Lo que no está bien es que haya encapuchados que rompan vidrios o quemen puertas. Porque lo que todos queremos es paz y tranquilidad. La política ni nos va ni nos viene y no vamos a arreglar el mundo.

DOÑA ROSARIO: Miren, todas las personas que no acepten a Dios en su corazón, están equivocadas, la biblia lo dice y fue el mismísimo Dios quien inspiró la biblia, por eso no hay ningún error en ella. El mundo es del Demonio y meterse en política es meterse en cosas diabólicas.

POLÍTICA: He escuchado atentamente las posturas que han expresado, sin duda alguna, son muy respetables, por estas mismas razones les informo que mi partido y el gobierno del cual formo parte, estamos en la mejor disposición para continuar en el diálogo con ustedes que son el núcleo fundamental de la sociedad mexicana y que son muy corteses, amables, hospitalarios y seguramente si continuamos así, llegaremos al futuro.

ANTONIO: No, pus sí, pero no llegaremos a ningún punto.

ACTIVISTA: El punto es que somos mayoría los que estamos dispuestos a luchar por un gran cambio.

ANTONIO: Al menos en esta mesa somos minoría.

MESA: Y a mí ni siquiera me han preguntado.

VENDEDOR: Mira, mesa, tú también puedes ser feliz: tienes la capacidad en ti para ser una mesa de excelencia. Una mesa que brille en las reuniones, ponte metas puedes ser una gran mesa multifuncional, que sea a la vez de jardín y de noche, de café y de billar, qué sé yo, el cielo es el límite, el cambio está en ti.

GENTILHOMBRE: ¡Yo necesito una mesa así! Justo así, ¿en cuánto me la vendes? Me hace falta.

ACTIVISTA: Pues yo voy a quemar su mesa.

DOÑA ROSARIO: El fuego es cosa del diablo, miren les voy a leer algo…

MESA: ¡Ayúdeme! ¡No soy Cuauhtémoc, no me quemen las patas!

ANTONIO: Total, que no entendí cuál fue el maldito tema.

FELICIDAD: Como dijo Shopenhauer, cada cabeza es un mundo y una voluntad.

ANTONIO: ¿Eso lo dijo él?

FELICIDAD: Él o García Márquez, no me acuerdo bien.

ANTONIO: ¿La felicidad no tiene buena memoria?

FELICIDAD: No.

ANTONIO: Y es escasa de palabras…


FELICIDAD: Sí.

10 dic. 2014

Ejemplo

Cómo te fue?  Solamente eso decía el mensaje de texto. Lucía dijo es mi mamá. Ella estaba con tres chicas en una cafetería. Estoy en la hacienda… Comenzó a escribir: su índice era un insecto experto en polinizar las teclas y producir mensajes. Primer día y tareas mal plan, lo bueno es que hice dos amigas más… La madre se había conformado con un todo-bien, en cambio a Lucía le gustaba la abundancia de detalles.

Sin haber finalizado su mensaje, les compartió a las chavas: mi madre todavía se preocupa por mí, aunque vive estresada: tiene una agencia de viajes y se la pasa el día entero al teléfono con sus clientes. Las chicas no dijeron nada al respecto, cada una buscaba imponer su propio tema. Así pasaron aquella tarde.

Antes de que Lucía regresara a casa, leyó otro mensaje: yo sólo tengo una amiga y me ha costado media vida. ¿Será cierto que tú haces tantas amigas?

Claro. Respondió en un segundo Lucía, sin teclear esta vez más letras. Sin embargo, al entrar en su casa sintió una curiosa zozobra, como si faltara alguna cosa, mas allí estaba la despensa y los imperecederos, la vajilla y los electrodomésticos, la computadora y los ruidos vecinos. Calentó un sándwich y se conectó a Facebook, Twitter e Instagram. Se diría que le llegó la brisa de las imágenes veloces. Ojeó lo que comentaban sus contactos, repartió me-gusta, escuchó la música que oían sus cuates, activó el chat y la comenzaron a saludar.

Cuando llegó su madre, Lucía apenas si la oyó entrar, al mismo tiempo un chavo la invitaba a un concierto, otra amiga le pedía consejos, tenía pausado un documental sobre la revolución industrial y veía las fotos del chico que le había coqueteado durante la clase de Redacción.

-Hola, hija, ¿ya cenaste?

-Sí, ma, ¿estás bien?

-¿Estás con tus muchos amigos?

-Sí, con algunos… ¿estás siendo irónica?

-Dime, de verdad, ¿cuántos de ellos enterrarían un cadáver para salvarte?

Gracias mil por apoyarme, te quiero, Lu. Paso por ti a las seis el viernes, eeeehhhh.

-No entiendo a qué viene eso, mamá.

-Me parece que pierdes mucho el tiempo. Es útil tener contactos y contar con alguna amistad pero tú sólo tienes conocidos con quienes desperdicias la vida.

-La disfruto, mamá, lo que se disfruta no se desperdicia. Bájale a tu amargura.

-Te apuesto que ahora que los necesitarás, ninguno de tus amigos de ayudará.

-¿Por qué dices que los necesitaré? ¿Estás bien?

La madre caminó con demasiada lentitud hacia la mesa, se sujetó de ella como para no desplomarse. Patricia Monte era su nombre y estaba amargada por el feminicidio que acababa de cometer y porque el cuerpo del delito yacía en su cajuela. De su bolso Patricia Monte extrajo el arma feminicida y dejó que cayera sobre la mesa del comedor haciendo saltar un poco las moronas del plato que allí estaba.
-Fue una locura, pero ahora necesito tu ayuda, Lucía.

Mi madre está bromeando, pensó Lucía. Sé que es arrebatada pero no es capaz de matar. La pistola es real, la historia no. Mi mamá no podría matar, menos a Karla que es su amiga, aunque la viera en el peor momento. Eso no.

-Me traicionó. La encontré con un babydoll que Enrique supuestamente me había comprado a mí. La pistola es de Enrique. Yo quería darle una noticia. Y la encontré a ella. Se atrevió a decirme que no era una aventura, que se querían. Me apuñalaron. Ellos me apuñalaron por la espalda. Tuve que entrar al cuarto, la cama estaba destendida, olía a sexo, saqué la pistola. Le di dos veces. No quise dejarla ahí. Me la traje en el coche. Ahora te necesito, hija.

-¿Y Enrique?

-No sé, me ha estado llamando. Yo no puedo pensar. Tú tienes que deshacerte del cuerpo. Pídele a uno de tus amigos que te ayude. No les digas que fui yo.

Lucía seguí incrédula: tomó las llaves del auto, se acercó a la cajuela y, luego de abrirla, contuvo el grito que fue gritado en su cabeza. Recordó sin querer cuando se rompió la nariz, quizá por la abundancia de sangre. Vio que sus dedos temblaban sobre el volante instantes previos a que se decidiera a arrancar.

¿Qué amigos buscar? ¿Alguien discreto o alguien sin escrúpulos? ¿Alguien con quien ya se hubiera acostado o un prospecto capaz de todo? ¿Una mujer o un hombre?

Se dirigió a la casa de Cosme. Se rifa en todo, es talachero, me quiere, me va a ayudar. Se decía a sí misma Lucía.

-¿Qué? No mames, Lucía. Si quieres te doy una lana y te pelas hasta la chingada, yo que sé, al gabacho, donde no te encuentren, pero nada más, güey, el coche lo dejas abandonado.

Después se dirigió a la casa de Brenda. La conocía desde la secundaria, varias veces se habían cubierto las espaldas la una a la otra.

-¿Pero qué te pasó? Vas a ir a la cárcel, no vas a poder escapar. Neta es mejor que te entregues. Es que yo no creo que tú vayas a poder vivir con tu conciencia si no te entregas.

Luego visitó a su prima Laura. De niñas eran uña y mugre, más tarde se distanciaron, pero se caían bien y eran familia.

-Ay, Dios mío, le voy a decir a mis papás. No te puedo dejar ir, por favor, por favor, llamemos a la policía, decimos que has estado aquí toda la tarde, ay, no sé, Lucy, lo siento no quería ponerme a llorar, ¿qué hago?

Lucía decidió cachetear a su prima y gritarle que todo era una broma. Pensó que por lo menos así la descontrolaría y evitaría que hiciera algo muy estúpido.

Se quedó un rato sin saber qué hacer, conduciendo sin rumbo. Se acordó de Julián. Sin explicarle nada, le ordenó que fuera al motel al que habían ido una vez en la carretera hacia el Ajusco. Lo vería en la esquina.

Él ya estaba allí cuando ella llegó con cara de gusto. Ella no quería abrir la boca. Ni siquiera le respondió cuando Julián preguntó si estaba bien que le diera doscientos pesos. Ella sin hacerle caso, pagó, recibió una llave y fue a estacionarse con calma. Bajó la cortina metálica y entonces por fin habló desde un costado de la cajuela, ya no quiso volver a mirar. Él un poco asustado se atrevió a asomarse.

-Ay, cabrón.

-Tenemos que subirla, dejarla en la habitación, esperaremos un rato y luego nos iremos. No nos veremos más.

-Estás completamente enferma. Pinches bromitas.

Julián se fue enojadísimo. Lucía comprendió esa reacción cuando Karla con muchos trabajos salió de la cajuela y le dijo “hola” afablemente. Enseguida timbraba su celular. La voz de su madre quería saber cómo iba todo.

-¿Ya sabes si tienes muchos amigos?

-¿Sólo para probar un puto punto hiciste esto? ¿Y si me da un infarto o diabetes o me suicido? Te juro que lo pensé. Eres una adolescente idiota. Tienes más de cuarenta y eres tan inmadura, tan…
Karla, mientras intentaba desentumirse del paseo de casi dos horas, abogó por su amiga: “no te enfades con tu mami”.

-¿Por qué no te ayudaron tus amigos?

-Pobres de mis amigos, voy a llamarles para disculparme, han de estar preocupadísimos. Te pasaste. Asesinar no es una puta broma, ser cómplice de un homicidio no es para bromear.

-Feminicidio.


-Lo que sea. Y sí tengo amigos, pero qué poca madre.

26 nov. 2014

Tengo una pesadilla

Por la fiereza de estos días, he tomado tranquilizantes para dormir. Salí de la golpeada plaza pública hacia el cuarto sin ventanas de los sueños. Allí donde las arbitrariedades del inconsciente reflejan las injusticias que prevalecen en nuestro país como arenas que permanentemente se tragan a valiosas vidas, buenas personas y muchos propósitos de establecer por fin la justicia.

Sé que será para la nación fatal barrer este momento de crisis. En este otoño lluvioso en el que las balas del gobierno han sido disparadas contra los más jóvenes hijos de nuestra tierra, los vigorosos maestros rurales. Esto ha oscurecido el otoño y si simplemente lo dejamos pasar, vendrá un invierno más oscuro. Las luces navideñas serán incapaces de alumbrar las calles de los crímenes y las fosas clandestinas, los campos envenenados de drogas y armas, las celdas de los inocentes y el lugar donde se deciden las tácticas de guerra del Estado.

Pero yo quiero contar lo que he visto con el cuerpo inmóvil, con los párpados abajo y la mente rendida.

Vi que caminaba solo.

Caminaba en espiral, a ratos retrocediendo y el resto de las personas también como perros tras su cola.

Todos daban vueltas.

¿Cuántas vueltas le daremos a esto? Nunca podremos estar satisfechos en un país en el que se asesina a quienes enseñan a leer y a escribir. No podemos estar satisfechos jamás si son tratados como criminales quienes siembran la tierra. Nunca podremos estar seguros si continúan los policías, el ejército y los políticos hermanados a la delincuencia. No vivimos ni viviremos en paz simplemente porque nuestro cadáver pueda desaparecer bajo una fosa ilegal. No es justo, no es fácil y no tendremos dignidad hasta que en la voz de un campesino se reconozca mayor dignidad que en quienes administran indignamente la soberanía mexicana.

No olvido que está escrito que el sufrimiento no merecido es redentor, pero tampoco olvido que en el infierno todavía se conserva la esperanza, que quienes desertan han atisbado la gran ilusión de los que marchan. No puedo olvidar el espíritu de los espejismos.

Estoy sumido en el valle de México, el valle de la desesperación, arraigado a la pesadilla mexicana.
Tengo una pesadilla, que un día no muy lejano, un solo partido político gobernará todos los estados y todos los municipios.

En mi pesadilla, el cerro de Chapultepec será ocupado exclusivamente por el séquito de la pareja presidencial, sin que tengan que tolerar la presencia de los pobres que hoy suelen pasear cerca del Castillo que aún es público.

Yo tuve una pesadilla en la que el estado de Guerrero, sofocado por el caliente aire de la injusticia, será totalitariamente oprimido por un ejército de armas, por un retorno a la esclavitud, por la muerte y sus fosas.

Yo tuve una pesadilla en la que me alegraba de no tener hijos, pues tendría que educarlos en el conformismo, en la miseria del egoísmo y la enajenación para no verlos sufrir humillaciones por ser pobres.

Yo tuve esa pesadilla al despertar esta mañana.

Yo tengo la pesadilla de que las montañas del valle de México se caerán de vergüenza. Y toda la Sierra Madre del Sur y la Sierra de Chiapas van a ser aplanadas por la ignominia de los priistas. La Sierra Madre Oriental y la Sierra Madre Occidental habrán de derrumbarse para que los señores del gobierno y de las drogas tengan caminos más sencillos para desangrar al país.

Tengo fe en la esclavitud futura, trabajaremos doce horas al día y perderemos tres horas más en el tráfico bombardeados por anuncios y productos estafas. Jamás tendremos libertad:

Tú hueles a tragedia, tierra mía…
Si conozco el dolor es por tus lágrimas
que están en mí aprendiendo a ser lloradas…
Porque escribes tu nombre con la X
que algo tiene de cruz y de calvario
México, creo en ti
como creo en los clavos que te sangran
en las espinas que hay en tu corona.

Tengo esa pesadilla y esa fe. Llegará el día en que México sea cementerio, cuernos de chivo y parejas presidenciales haciendo fiestas y viajes.

¡La televisión gobernará! ¡El PRI no tendrá opositores!

¡La esclavitud será una constante por todo el Golfo de México! ¡Resonarán los látigos por los caminos del Sur! ¡Crujirán las celdas por toda la costa del Pacífico!

Y cuando esto suceda, cuando prevalezca la esclavitud en cada municipio y en cada pueblo, podremos acelerar el sueño de los acaparadores de dinero y de los manipuladores de la comunicación, la paz de las fosas clandestinas, la estabilidad, eso dice mi pesadilla:


¡Tendremos un país estable!

11 nov. 2014

Duelo

Ayotzinapa, en el mejor de los méxicos posibles, se volverá una palabra que habrá de evocar tranquilidad y esperanza. Tales dones es preciso trabajarlos admitiendo la realidad.

Porque podemos negarnos y asegurar que el presidente y el procurador mienten, los peritos y las fosas mienten, las cenizas y los huesos mienten. Y están vivos los estudiantes. Pero no. Es triste ver a los padres mendigando por una esperanza de recobrar a sus hijos. Pero ya nunca más los verán. Nadie secuestra a 43 personas. Fueron asesinados y no importan para propósitos de duelo ni para darle un giro político a esta tragedia los detalles morbosos de este crimen.

Tengamos compasión, no pidamos imposibles.

Vivos se los llevaron y ya no podrán regresar ni siquiera como cadáveres.

De nada sirve que haya otro gobernador, de nada sirve que Peña Nieto renuncie, de nada sirve quemar la puerta de Palacio Nacional, o bien, sirve todo eso para otros fines: para redirigir el agua a otros molinos, para que sean encarcelados otros inocentes, para que otros corruptos tengan oportunidad de medrar de nuestro presupuesto. Los estudiantes de Ayotzinapa no volverán a las aulas, no levantarán las manos ni la voz para decirnos su nombre ni para sembrar su tierra con semillas sin ira y estudio. Ninguno de los secuestrados y asesinados. No se negocia con la muerte.

Hemos perdido, como miembros de esta nación, además de cuarenta y tres valiosas vidas, varias ilusiones. La ilusión de que todos los muertos que celebraba cotidianamente Calderón eran narcos, la ilusión de que con las reformas que acordaron los dirigentes de los tres más poderosos partidos políticos México ya era país de progreso y estabilidad, la ilusión de que los medios de comunicación no son simples voceros, timoratos, hipócritas, sensacionalistas, despreciables chorreadores de tinta, fariseos de las tragedias públicas, incapaces de servir a la sociedad. La ilusión de que los organismos defensores de los derechos humanos sean otra cosa que testigos pazguatos, la ilusión de que hay artistas capaces de interesarse en algo más que su espejo, la ilusión de que los anarquistas además de estupideces podrían realizar alguna acción política alguna vez. Pero queda en pie la ilusión más grande: la ilusión de que la sociedad en su mayoría está interesada en lo que ha ocurrido. Mentira, están interesados en sus quehaceres, su chamba, el transporte, el chisme vecinal y familiar. A la mayor parte de los mexicanos no les interesa que policías municipales por órdenes de un alcalde hayan secuestrado y asesinado a decenas de muchachos que protestaban por las condiciones de pobreza e inseguridad. Y algo peor, la mayoría no se preocupa porque ni siquiera se ha enterado.

¿Pero los demás cuándo se enterarán que Abarca no es el único responsable ni tampoco sus policías o los desalmados narcotraficantes, tampoco Peña Nieto o el infame Calderón o el ególatra de López Obrador? Claro que ellos son culpables, pero también el resto, especialmente en este país de la simulación, todos somos culpables y todos somos víctimas. Por eso mismo debemos ser más compasivos. Debemos comprender más y odiar menos. Aceptar la realidad.

La realidad es que han asesinado a cuarenta y tres jóvenes cuyo único delito era querer mejorar la vida de nuestro país, delito que parece insensatez, pues podría lucir más conveniente huir y no volver la vista a México jamás, pero estoy seguro de que los mexicanos no hallaremos un mejor país que éste que nosotros hicimos. Ahora nos toca seguirlo construyendo.

27 ago. 2014

Sabrosear la comida

Mantener la salud no es el objetivo de mi existencia, por el contrario, planeo morir algún día. Esto es lo que respondería a quien me recriminara por no cuidarme, sin embargo, después de un rato, quizá me arrepintiera y acaso pueda comprender que cuidar de mi salud no es necesariamente un defecto.

Hay personas muy exageradas que tosen y se cubren la nariz cuando pasan cerca del humo de un cigarrillo, pero la mayoría de las enfermedades no están en el aire, sino en lo que comemos. No hace falta que alguien vestido con una bata blanca nos lo diga, sabemos que comer bien es fundamental para estirar el frágil hilo de la salud; es evidente que la comida nos condiciona el ánimo y después de todo el buen ánimo es un sinónimo de salud. Si la OMS no lo entiende así, yo humildemente se lo sugiero; es de sobra conocido que la falta de apetito y la tristeza tienen sus queveres, mientras que el buen diente y la enfermedad nunca se mezclan.

Mas si me paro a contemplar las mesas y los platos sobre ellas, hallo que la gente no come para vivir saludablemente sino para energizarse, o bien, para hartarse con bocados de alegría, en otras palabras, con tal de seguir sobrellevando la vida, se contentan con la ingesta de basura o entreteniéndose el paladar con sabores gourmet, mientras llega la hora de probar a qué sabe el revés de la tierra.
Por regla general, las personas prefieren lo sabroso a lo saludable y no las culpo: apostar por la salud a largo plazo no reditúa. La enfermedad, la achichincle de la muerte, dirá la última palabra.

Ignoro si esta es la causa de que no haya conocido todavía a ningún médico que lleve una vida saludable y sospecho que todos los que no conozco tampoco la llevan, pues cómo podrían si apenas pueden dar picotazos a su comida entre paciente y paciente. Para mí los malos hábitos de un médico me crean más reticencias a presentarme en un consultorio que recordar los trapos sucios que han enjuagado en conjunto las farmacéuticas y las asociaciones médicas. Con esto sólo quiero insistir en que abogar por la salud debe ser un síntoma de ya estar enfermo, por lo menos, mentalmente.

Por otra parte, jamás leeré la obra completa de Lenin, así que desconoceré por siempre si el gran camarada dedicó alguna de las ochenta mil páginas que escribió a ofrecer su opinión científica sobre el capitalismo y la glotonería. Pero me parece muy claro que sabrosear la comida como si de una portentosa mujer se tratara es un acto enajenante y burgués.

‘Sabrosear’ es un verbo mestizo que proviene de ‘babear’ y ‘saborear’, y expresa el proceso de fetichización, o sea, la cesura entre el deseo y la realidad, que el enajenado sabroseador padece durante demasiados instantes. Entonces así como se suele censurar al albañil que babea al divisar una morenaza de curvas campaneantes, es decir, por sabrosearla, esto es deleitarse en la contemplación en lugar de realizar lo que es propio de los seres que copulan, a saber, perseguir y fornicar con el sexo opuesto. Del mismo modo, pienso yo, podríamos considerar el sabroseo de la comida: un acto idealista, que se desentiende de lo saludable y que se enfoca en un placer más imaginado que real.

Sí, cuando decimos “qué rica comida, estuvo bien buena, muy sabrosa”, estamos siendo eco de una ideología, una falsa conciencia. En serio, preferir lo sabroso a lo nutritivo es una tendencia mental: el gusto antes que el deber, el principio del placer dominando al principio de realidad, la sensualidad por arriba de la conciencia, la hipérbole y la metáfora pisoteando al axioma transparente.

Para mí el corolario es clarísimo, mientras la gente siga poniéndole harta salsa y crema a sus tacos no vamos a alcanzar una época ilustrada. Dicho platónicamente: mientras las ciudades no sean gobernadas por nutriólogos no podremos vivir un estado de justicia.

El problema es verdadero, no únicamente por las enfermedades compinches de la obesidad, sino también porque los tragones y los pseudotragones –aquellos que comen con los ojos--, encarecen los precios de los alimentos y así vivimos en una sociedad de gordos y desnutridos, millones de personas con pobreza alimentaria y otros millones que tiran las sobras que su estómago ya no pudo ingerir pero sus insaciables ojos sí quisieron servirse, dado que así funciona el fetichismo culinario.

Ahora bien, ¿de dónde viene el sabroseo de la comida? No del hambre por cierto ni de la necesidad de alimentarse. Es evidente que quien desea comida, desea algo que no es comestible. Acaso conservar un recuerdo, socializar, sustituir a un ser ausente, cierto consuelo, no sé, pero no una ingesta balanceada de nutrientes y calorías. No, la comida se ha vuelto un acto simbólico, o bien, un entretenimiento más, así como los ojos ven programas de televisión, los oídos oyen canciones, las pupilas gustativas prueban grasas y harinas.

Quizá sea una digresión insensata, sin embargo, me insiste el recuerdo de los suculentos platos que llegaban a la mesa de Moctezuma, si le podemos llamar mesa a esas tablas labradas con deidades que le ponían sus criados casi al ras del suelo para que se despachara sus tacos de entre más de treinta opciones ya fuera de faisán, codorniz, cerdo pelón o la carne correosa de algún muchacho. Opulencia, despilfarro y egoísmo vil había en Moctezuma. Unas chicas hasta lo cubrían con una puerta de oro para que nadie lo viera masticar, pero a sus cuatro consejeros ni un a pinche sillita les ponían. ¿No era tal glotonería señal de que ese sanguinario imperio debía sucumbir?

Por eso mismo, comprendo bien que haga falta un mito purificatorio antes de comer, algo que sirva para bloquear la mínima rendija por donde pudiera infiltrarse el soplo de la conciencia: exigir que sea kosher o agradecerle a Dios o lavarse las manos antes de tomar el tenedor, incluso contar la calorías o simplemente decir bon apetit, provechito, o cualquier superstición me parece oportuna, funcional y necesaria. Porque comer sin purificar simbólicamente la comida es cosificarla como si tuviera una sola dimensión: el placer. Cabe recordar que la comida no es una cosa sin antecedentes, tuvo vida y desde el otro lado de la existencia lo que tuvo vida nos nutre, así como esta cosa que es nuestro cuerpo habrá de nutrir a otros seres.

Somos comida en potencia. No somos seres para la comida, sino seres para ser comidos. Es nuestra responsabilidad ser saludables para que si los gusanos a besos nos devoran, les haga buen provecho.


Ahora bien, entiendo que un buen chef o una buena cocinera en verdad sean tan codiciables como parejas amorosas, ya que la comida es más que comida para casi todo el mundo y finalmente  creo que la forma en la que nos relacionamos con la comida es lo que los antiguos llamaban alma.

5 ago. 2014

Otra mudanza

Se me fue la edad del poeta
que se fue como una mirada
que se fue tras un guante negro.

Se me fue la edad del palestino
que se fue como un diluvio
que se fue tras veinte siglos.

Se me fue la edad de mi madre
cuando tuvo a su último hijo
que se va tras las edades
que se le van.

2 ago. 2014

Insulto racista

Son escudos
no padecen un largo
e intenso latido en su cuerpo
cuando los aviones acercan
ruido de fuego y plomo sobre ellos.

Los escudos no sienten miedo
son como indiferentes esponjas
sin inteligencia y sin nervios.

Los escudos son cosas como edificios
a los que no les duele volverse ruinas
sin sufrimiento se derrumban.

Aquella casa derribada o aquel animal ciego
o ese ente que llamo escudo
propaga terror
por su simple existencia
ajena a la humanidad.

Los escudos nos son ajenos:
mientras nosotros queremos la vida
los escudos esperarán la muerte.
Nosotros nunca seremos ellos
porque escaparemos de la muerte
y ganaremos la guerra.

23 abr. 2014

Graduación

Antes no distinguía bien el verde
respiraba a ciegas frente al espejo
y pareciera que una mano fiable
puso en mis ojos precisas dioptrías
cuando bautizaste adánicamente
al aire alimonado como cedro
y a la piel erizada entre mis yemas
le llamaste eucalipto y enseguida
trasladaste un bosque entero de nombres
como una generación de fractales
se reunieron palabras y sentidos
incluso inesperadas y de ese modo
redescubrieron mis ojos el verde
de este mundo de semillas y espejos.

9 mar. 2014

Piedra con llagas, con señas

Si enmudeces
y enmudecerás
tendré tus voces
como un secuestro
un árbol en huesos
que queda inmóvil.

Si te ocultas
y te ocultarás
veré otra vez tus inquisiciones
el humo que reía en tus labios
y tendré temblores
por gritos llamados besos.

Si me cierras
y me cerraste
ojos y oídos al presente
en la rigidez de tu puerta
tendré la memoria
y este remorderme de amor.

Si te mueres
y creo que mueres
silente y escondida
sin palabras ni sol
no tendré más remedio
que vivir como epitafio:
piedra con llagas, con señas.

17 feb. 2014

Sentidos

Estoy siendo demasiado ojos
mientras piso tonalidades grises
esquivo curvas coloridas
pierdo juicios, gano imágenes
pero en el lado oculto de las formas
sospecho cierta continuidad de silencios
y sonidos
como si el límite del ojo fuera
el oído
algo vibra debajo de mi mirada
La calle palpita
salen notas del aire
que pasa por el pavimento
quejidos de frenos                                                                                                                     
y voces bases que son tentaciones
de significados
la música de la piel se oye
con el olfato
y se desea con pecho, brazos y dedos
hasta que se cierra la luz
Hasta que reabro la conciencia

en esta casa de mestizos sentidos.

12 feb. 2014

La mujer que sí

Una vez que había concluido la lectura del cuento, el profesor hizo una pausa, inhaló aire fuertemente como era su costumbre y colocó su palma derecha bajo el sobaco izquierdo, luego con la otra mano se cubrió los labios. Un poco antes había dejado un libro sobre el escritorio y mirando a sus alumnos había preguntado su típico: ¿y bien?

La mayoría no opinaba nunca sobre las lecturas en clase, los pocos que sí lo hacían pronunciaban dos o tres frases y a partir de eso el maestro, que realmente tenía una maestría en Enseñanza de la literatura, disertaba sobre las influencias librescas, la vida del escritor, sus recursos retóricos y sus implicaciones sociohistóricas. Como es de imaginarse algunos hacían dibujos en sus cuadernos, otros miraban el reloj, incluso había quienes realizaban mientras tanto tareas de geometría analítica o química.

Está divertido, dijo alguien, No sé por qué no regresó ese hombre, dijo otro. Con eso era suficiente para el profesor. Estiró sus dedos lentamente y arrancó: sí, en una primera instancia podemos apreciar que la retórica en este caso está al servicio de la diversión, pero ello implica la utilización de dos registros, por una parte el romántico-sublime y por otra parte el realista-ridículo… Los alumnos que habían opinado entendieron que no serían requeridos para continuar la discusión, así que cada cual se dispuso a distraerse el resto de la hora como mejor pudiera. Sin embargo, una mujer al detenerse en el umbral del salón detuvo la disertación del maestro, que se disculpó, suspendió la clase y se fue con aquella mujer.

A algunos de los alumnos interesados en la pareja no les pareció que se tratara de su esposa. Los tacones no eran elegantes. Usa demasiado perfume. Además no la saludó de beso. Pero le pasó el brazo por la espalda cuando ya iban a treinta metros de distancia del aula. Después, abandonaron sus especulaciones.
La mujer de ayer, dijo el profesor en la siguiente clase, algo encorvado y sin levantarse de su silla, es muy distinta a la del cuento que leímos. Algunos rieron ligeramente. He perdido la cuenta de todas las veces que he rechazado a esa mujer y finalmente… bueno, no quiero aburrirlos contándoles esto.

Un par de chicas que se sientan al frente le insistieron para que continuara. Los que más se aburrían en clase apenas si notaron entonces que había una gran diferencia con respecto a lo acostumbrado.

Me la encontré fuera de la escuela un día. Me saludó como si me conociera. Pronto averigüé que no nos habíamos visto anteriormente, que no teníamos ningún amigo en común y que de hecho tampoco teníamos intereses en común. Sin embargo, ya estábamos tomando un café juntos.

Ella no trabajaba, vive gracias a que renta una parte de la casa que heredó. Tampoco tiene estudios, pues desde los trece años pensó que la escuela no era lo suyo. Odia el cine, vota por el PRI y, lo más intolerable --tal expresión usó el profesor--, permitió que su café se enfriara sin apenas probarlo. ¿Para qué había aceptado ir a un café si el café no le gustaba? Preguntó a sus alumnos, que semejaban un volcán de curiosidad inactivo.

--Usted era el que le gustaba, profe.

La llevé a su casa y se prologó demasiado la despedida, por tal motivo me puse nervioso. Para que aquello acabara de una vez por todas, ¡yo ya no sabía cómo despedirme! Le había dicho frases típicas: que fue un gusto, que tal vez otro día, que la casualidad ya sabría cuando unirnos de nuevo. Y nada, no se iba, le di un beso, ella sonrió y se fue. La palabra ‘beso’ fue una especie de vapor de agua que comenzó a remover la panza del volcán inactivo del alumnado.

Yo estoy dedicado a los estudios literarios, preparándome para que me acepten en el doctorado, no me gusta perder el tiempo en relaciones intrascendentes. Pero la volví a encontrar en la calle, le dije que iba rumbo a una librería para ver si con eso la espantaba. Falló la táctica y me acompañó sin siquiera preguntarme mi opinión. No pude comprar a gusto. La invité a cenar. Ella no había hecho nada nuevo de su vida. Al parecer la mujer no salía de casa salvo para encontrarse conmigo por casualidad. Era como para tener miedo y lo tuve. Además apenas comió un par de bocados de su cena. Sentí que ya la odiaba.

--¿Y luego? Preguntó una de las chicas de la primera fila porque el profesor calló durante más de cinco segundos como si ya no quisiera continuar.

La invité a mi casa. Agua de origen magmático sacudía las cuarenta cabezas de aquel volcán. Reinició el profesor: en los diez minutos que tardamos en llegar no platicamos de nada. Yo estaba preocupado por la situación en Siria, con ganas de leer cierta antología de filosofía latinoamericana y esta mujer parecía tan cómoda en aquel silencio. ¿Qué podía hacer? La besé con intenciones de desnudarla.

Dióxido de carbono, sulfuro y helio, todo listo, el volcán recobraba su actividad. Me dijo que era virgen y en verdad lo era. Lo cual fue para mí inconcebible y novedosísimo, pues yo era virgen con las vírgenes.

--Se lo chamaquearon, profe.

--Pero ella se ve incluso mayor que usted.

No pregunten más, tengo pruebas. Sin duda no me engañó, pero incluso creo que hubiera preferido un engaño como ése. Hoy me siento endeudo con los hombres que desvirgaron a las mujeres que he conocido. Trabajos hercúleos.

--Se está poniendo rojo, profe.

Tres o cuatro se estaban riendo de la palabra ‘hercúleos’. El maestro los miró con una ira enana. Volvieron a la compostura. Retomó el hilo: como se imaginarán me sentí obligado a darle mi número, entonces me mandaba demasiados mensajes, me llamaba para simplemente saludar y, lo que más exasperaba, cuando nos volvíamos a ver carecía de novedades y esperaba que yo tomara de nuevo la iniciativa o no sé, ¿qué buscan las mujeres mirándonos en silencio?

Las chicas rieron. Uno de los que nunca participaba se contuvo a punto de decir en voz alta una macuarrada y otro que tampoco solía participar en clase inquirió: ¿y le siguen… digo, se siguen viendo?

Sí. He procurado alejarme pero… Incluso conseguí una novia, sin embargo resultó que esta mujer no es celosa. Así que… a veces nos encontramos, voy a su casa, y siempre tiembla cuando se queda desnuda, y aunque hace gestos muy feos, supongo que disfruta, ¿de qué otro modo se explicaría su necedad u obsesión de verme?

--¿Y ayer por qué llegó a buscarlo?

Miró el reloj, faltaban cinco minutos para terminar la clase. Perdón, dijo como si no hubiera oído la pregunta y de verdad estuviera arrepentido, Lo siento, insistió. La próxima semana leeremos el siguiente cuento de la antología del curso. Disculpen, creo que necesitaba desahogarme. Ya pueden retirarse.

Nadie se movió de su lugar. El volcán había hecho erupción. Miró a su grupo. Bajó apenadamente la mirada. La mujer de ayer está embarazada.


El profesor salió del salón. Visto de espaldas parecía un hombre abatido. En su rostro, sin embargo, llevaba una sonrisa, para sí mismo decía: sí les gusta la literatura.

7 feb. 2014

No todos los días veo el sol

A las sombras que huyen
                                       quizá niños que vuelan
     las he llamado pájaros
y a las sombras que tiemblan
                           valientemente
                         en su mismo sitio
           las he creído árboles

 fractales negros, personas quietas

ahora me desengaño
          no son verdes los verdes
ni los otros colores           viven
                                            sin aliento del sol
En este momento

               he comprendido la luz

2 ene. 2014

Variaciones sobre dos versos de Bonifaz Nuño

Poesía hubo en otro tiempo
serán sin valor mis variaciones
hierba de palabrería crecida
donde se rompen y esconden las tumbas
de los símbolos, casas de gusanos.





Existió la razón en otro tiempo,
serán pueriles las revoluciones
instantáneas de gritos
semillas sobre el pavimento,
frondosamente crecerá el absurdo.

Pláticas hubo en otro tiempo
morirán los paisajes con mesa y silla
y al aire libre el caos humeante
del café que con libros platicaba
se ha acabado
el cigarro del alma .
celebraré rutinas y silencios
en la superficie plana del reino
donde los miserables se sienten
derrochando la vida ganadores.

y será sin valor mi testimonio
porque existió el amor en otro tiempo.