10 sept. 2009

Aprende a andar

Llevaba semanas sin hallar palabras
iba de un cansancio a otro
con sueños sucios y en desorden
gastando mis días
en la inversión inútil del deseo
por el miedo al tropiezo, vivía detenido
y detenido llegué a una calle
de inclinación pedregosa, doliente
detenido estuve un momento
sobre las piedras mirando
cómo está hundida
cómo está inmensa, plomiza y dura
la ciudad que sobrevivo.
Cómo fue fácil en ese instante
estar vivo y repasar las desgracias
mis comidas a solas, deshumanas
mis hojas en ruginoso blanco
mis visitas aplazadas al cementerio
por el miedo de hallar
en vez de un rostro, una tumba
y en lugar de una voz, el silencio
por el miedo de que mis recuerdos
enmudezcan más y más y más
ante una fecha, ante un nombre
enterrado para siempre.
Y quería huir del olvido estando inmóvil
con la mentira de la memoria quieta
pero sin darme cuenta, me movía
olvidaba, caminaba
con breves
pasos
y llevaba
semanas sin hallar palabras
recordando rostros ya casi mudos
en la galerías ingratas de mi mente
rostros que ya me habrán desechado
también de sus propias galerías
porque no hay memoria inmóvil
ni hay palabra que no camine al silencio
dejando duros senderos de piedras
porque se desmoronan
como cerros heridos
montones de palabras hacen el silencio.
¿Cómo seguir la vida, cómo dar otro paso
si se quiere la blandura, la quietud?
Con brevísimos pasos
me preguntaba esas cosas.
Entonces
en la misma calle que yo
en la misma tarde que yo
en ese siguiente momento
una niña dijo
“tengo miedo de caer”
y la madre respondió
“aprende a andar entre las pinches piedras”
Me gustó el consejo
para aventurarme a caminar
un poco más
entre las pinches piedras del silencio.

8 sept. 2009

Viva España

Se acerca el 16 de septiembre y se acerca el bicentenario de la Independencia de México. Dentro de un año, probablemente no se hablará de otra cosa que de festejos y homenajes, próceres, héroes. Hace un año, un acto terrorista opacó tales fechas y apesadumbró a todos aquellos que aún conservan, quién sabe cómo, un poco de optimismo.

Sé que yo no solucionaré los problemas de México ni siquiera creo poder a través de unas cuantas palabras concientizar a alguien. Esa labor de atribuirle poderes mágicos a las arengas y a los discursos se los dejo a los políticos y a los ideólogos de la superación personal. Yo con comer un plato de pozole estoy servido.

Nunca he tenido suficientes ánimos para alzar la voz a la mitad de un foro, ya que ni en sordina me atrevo a echar una alocución por la patria, pero quisiera cortar del trauma histórico de la Conquista un gajo de dos palabras nomás: Viva España.

Como muchos niños aprendí a odiar a Hernán Cortés. Porque nos conquistó, nos trajo enfermedades, acabó con nuestra cultura y etc. Luego, como se comprende la inexistencia de los Reyes Magos, comprendí que ante la historia somos ciegos describiendo un elefante. Pero también entendí que si hablamos español, si somos católicos o ateos católicos (es decir, ateos por culpa del catolicismo), y si no tenemos labrada la cara, no tenemos derecho a creernos indígenas ni conquistados, mucho menos a guardar un rencor hacia los españoles, ya que, como escribió Vasconcelos, ser antiespañol es ser antimexicano.

He ahí el problema, pareciera que disfrutamos haciéndonos las víctimas y al despreciar a los conquistadores nos despreciamos a nosotros mismos. Yo creo que este desprecio por nuestra hispanidad es lo que otros han llamado complejo de inferioridad del mexicano.

Yo tampoco apreciaba mi hispanidad. Pero poco a poco, leyendo las noblezas del Cid, las triquiñuelas de la Celestina y del Lazarillo, los lúcidos discursos del Quijote, las oscuras noches místicas, las soledades gongorinas y las tristes reflexiones conceptistas. ¿Cómo no iba a amar a España?

Se podría cuestionar, ¿en verdad España está en la literatura española? ¿No es España el gallego, el andaluz, el vasco, el aragonés, el valenciano, el balear, el catalán, el leonés, el canario, en suma una gran complejidad de Españas? Sí, sólo que yo entiendo por literatura española hasta la que no se escribe en español. Y sé también que España está en las otras artes y en las otras expresiones culturales y en un territorio físico que no conozco, aunque a mí el que me importa es el territorio espiritual. Tal vez yo no amo a España ni amo a México, sólo amo el español, al cual nunca le diré castellano, por cierto.

Sé que es una locura conmoverme por las palabras, por los sonidos, por el seseo sibilante. Sin embargo, no veo más raza que el idioma, no creo en otra patria que la lengua, sé que habito un rinconcito del lenguaje, en un piso hispánico, y aprecio tanto este habitable lugar de la lengua española que sería capaz de gritar en plena Plaza de la Constitución, la mera noche del 15 de septiembre: ¡Viva España, hijos de algo! Aunque después tuviera que echarme a correr.

3 sept. 2009

Un mundo menos miserable

No sé cuánto tiempo tenga que se haya muerto, sé que le siguen haciendo homenajes. Tenemos una cultura que alaba a los muertos y que alaba aún más a los famosos. Debo decir que al principio me fue indiferente su deceso, después, sin que yo le preguntara a nadie, me he enterado de algunas situaciones de su vida y tengo que decir que, con ese conocimiento, me dio gusto la muerte de Michael Jackson.

Me parece que las canciones suyas que me gustan las cantó antes de que yo naciera, en otras palabras, musicalmente no lo podría extrañar. Visualmente me parecía un personaje sacado de una película de terror. Pero no es por ninguna de estas cosas que me da gusto su muerte. Éstas son más bien las que provocaron mi indiferencia.

Había sido acusado dos veces de abuso sexual de menores, se conocía su farmacodependencia, su inestabilidad mental debido a la vida tan duramente aislada que llevó y, aún así, se le concedió la patria potestad de unos niños, que quizá no eran suyos, ¿cómo, por qué? ¿Cuáles cosas pudo un juez sostener para preferirlo a él que a la madre de los niños?

Habría que ser muy ingenuo, conocer muy poco del mundo, para creer que le otorgaron la custodia de esos niños por razones legales. No, ¿qué argumentos valdrían para impedir que la madre pudiera verlos? Se trato, evidentemente, de dinero, de soborno. Estoy seguro que ningún hombre con dos juicios previos sobre pederastia y con aspecto de travesti en decadencia y con sospechas acerca de su verdadera paternidad hubiera podido ganar la tutela de sus hijos. En mi opinión, el caso de Michael Jackson, a diferencia de Elvis y de Sinatra que perdieron sus respectivos pleitos de interdicción, vino a demostrar que el sistema de justicia de Estados Unidos ya está bien podrido.

Ahora, quizá esos niños todavía puedan ser rescatados del terrible paraíso en el que vivían. Quizá hasta puedan llegar a ser personas normales, lo cual hubiera sido imposible si no muere el supuesto rey del pop, por tanto me atrevo a lanzar una sentencia optimista, con perdón de sus fans: gracias a la muerte de Michael Jackson, hoy el mundo es un poco menos miserable.