7 dic. 2015

Noticia

Esta noticia me grita intensos versos de veintidós sílabas sin centro
que son de arte desmedido por la contentura ciega de montaña rusa,
aunque tuve miedo y suerte, niñez y ansiedad, saliva en colmillos por dentro,
pues hay ferocidades en las fauces de los instantes previos a la chuza
(y estos instantes fueron meses: un año se hizo canoso con su firma)
Al fin cayeron los bolos, tierra a la vista al fin, ¡Y es l’ora de la comida!
Sólo no olvido lo amargo en el paladeo de la moneda de la vida.

15 oct. 2015

Chimuelo

Tuvo casi la certeza de que estaba dentro de un sueño. Esto le sirvió para tranquilizarse y sentir una especie de respaldo metafísico.
Pudo ver con detenimiento los instrumentos de extracción que sujetaban las mujeres: eran excesivos, demasiado plateados, extremadamente gruesos y de un tamaño absurdo. ¿Cómo alguien en el mundo real podría sacar muelas con esas armas? Además las cinco mujeres que amagaban con violar su boca con tales fierros eran conocidas suyas: una maestra de la secundaria, cuyo nombre tambaleaba en su memoria sin decidirse a caer o a esfumarse; una amiga de la universidad, a quien no veía desde hacía dos años; ninguna de las dos era dentista. Estaba también la prima de su novia que trabaja como enfermera, ella era la única un poco consistente con la sala de dentista en la que él se hallaba, sin embargo, tal chica no llevaba una bata blanca sino unos pantalones de mezclilla muy ajustados y un escote exactamente igual a la primera vez que la conoció.
Sonrió porque pensó para sí mismo que definitivamente estaba en un sueño. Las otras dos mujeres tenían rostros que se difuminaban, como si fueran fotografías que no lograran revelarse. Quizá una era su tía y la otra una mujer que conoció en un viaje y con la que vivió un buen fin de semana. ¿Qué otra cosa podía ser si no era un sueño?
La supuesta prima lo anestesió con un golpe de las descomunales pinzas dentales que traía: sintió la humedad de la sangre bajando con lentitud desde su ceja. Quedó aturdido. ¿Hace cuánto que no tenía un sueño tan vívido? Luego oyó que con una voz que parecía no pertenecerle a la joven enfermera, le preguntaba si le gustaría vengarse dándole una nalgada. Pero como tardó en responder, pues su desconcierto proseguía, recibió otro golpe en otra zona de la cara, la cual cubrió con ambas manos temiendo otra embestida.
Después, la maestra de escuela, quizá se llamaba Nayeli, le dijo que ya podía estar tranquilo, que se descubriera el rostro, que ella no le haría daño. El hombre miró las palmas de sus manos en cuanto las separó de su cara. Se sorprendió de que no estuvieran manchadas de sangre. Antes de que se preparara, Nayeli, o como se llamara, le había introducido un taladro y le destruía una muela. Comprendió que tenía piernas y brazos amarrados a un sillón reclinable. Necesito despertar, se dijo, ¿qué diablos significa este sueño hijo de puta?
Su probable tía también se acercó, al verla de cerca notó que parecían sus facciones hechas de humo. ¿Qué pasa? Se atrevió a preguntarle. Tienes que perder tus tres dientes, ya te destruyeron uno y ahora te quitaré otro. Le metió los dedos a la boca, atenazó el incisivo central y de un tirón se lo voló. A pesar de que seguía creyendo que se trataba de un sueño, el hombre comenzó a llorar.
Su amiga de la universidad lo tomó de la mano, entre sus labios comenzaba a moverse un hilillo de sonrisa, no de burla, sino de coquetería. Vamos a huir, Pepe. Él no pudo responder ni articular palabra ni siquiera en su mente. Si me desnudas no voy a resistirme, dijo ella. Y él se dio cuenta que ya no estaba en el sillón de la tortura dental. A huevo es un sueño, dijo casi llorando, y ella decidió subir su falda desde la altura de la rodilla hasta la cintura.
Cuando me doy cuenta de que un sueño es un sueño puedo manipularlo. Pongo todo a mi favor y luego despierto. Sin embargo, mientras Pepe –si acaso así se llama-- pensaba eso, paradójicamente sufría angustia. La piel la tenía de gallina, temblaba de frío, le palpitaba como una pelota demente el corazón. Pero la mujer seguía encuerándose, y estaba bonita.
Intentó hablar con ella. Helena, Helena, le dijo sin poder armar una frase. Luego con verdadero pavor se acercó la mano al aliento, la detuvo a muy corta distancia de la dentadura, cerró los ojos y dos instantes después, gritó como un niño de tres años. Quiso luego recobrarse, sin pensar con claridad, decía: me arrancaron los dientes, es que es el mismo sueño, y si no despierto, pesadilla no sueño, igual debo despertar, qué significa esto, qué cené, no recuerdo nada.
Parece que no te gusto. Dijo la mujer, casi desnuda: todavía tenía sus zapatos de tacón. Enseguida le dio una patada que le hizo perder otro par de dientes. Se arrastró por el suelo tras los dientes que botaron. Tembló y luego se contrajo y sus párpados se entrecerraban y sus dedos con mucha con rigidez se retorcían.
La otra mujer difusa, la del viaje, hizo un intento por calmarlo. Así que estaba de nuevo sobre el sillón reclinable, pero con herramientas dentales de tamaño y formas regulares.
--Aunque estoy seguro de que esto es un sueño, no me siento consolado.
--¿Y si supieras que esto no es un sueño?
--Es horrible, me han destruido la boca, me quitaron los dientes.
--¿Es tan grave?
--Me da mucho miedo.
--¿Qué?
--No sé qué significa, pero me da mucho miedo.
--¿Recuerdas dónde nos conocimos?
--Sí, en Venezuela, justo después del fallido golpe de Estado contra Hugo Chávez, una asociación política me había invitado a Caracas, pero me escapé a Maracaibo y nos conocimos en un bar, no recuerdo su nombre, ni el nombre de la calle, sólo sé que está a la vuelta de un teatro, y en la esquina hay un semáforo demasiado alto, eso recuerdo, qué semáforo tan alto, nadie lo puede ver, entonces te vi, estabas enojada, luego te me quedaste viendo fijamente, luego bajaste, porque hay que bajar tres escalones para entrar al bar, y me dijiste con mucha seguridad que te invitaría esa noche todo lo que tú quisieras.
--¿Qué más recuerdas de mí?
--Eras psicóloga, especializada en niños, vivías sola porque tu madre había muerto. Estabas divorciada. Tu única hija había preferido vivir con su padre. Estuvimos desnudos muchas horas. Dos días. Tuve que volver a México. No te gustaba usar internet y… no sabía que en los sueños se pudiera recordar, quiero decir sin vivir o revivir, ¿si me explico?
--No. ¿Por qué crees que esto es un sueño?
--Nada tiene sentido, hay saltos en el tiempo y en el espacio: mira ahora este es mi departamento.
--¿Qué vas a hacer?
--Voy a intentar dormirme, me siento muy cansado, molido. Ojalá estuvieras conmigo en la vida real, quiero decir, entonces sacrificaría mi descanso con tal de hacerte unas caricias. Me vendría muy bien tu presencia, mis padres recientemente han muerto y para colmo perdí el trabajo. Al menos cuando despierte tendré mis dientes. ¿Por qué hay privilegios sólo soñados?

Unas horas más tarde Pepe despertó: amarrado, con cuatro dientes menos y viendo frente a él otra vez los mismos instrumentos de tortura dental.

6 abr. 2015

Reciclaje

Además de escribir contra el voto, escribo contra mí mismo porque yo he votado en las anteriores elecciones y creo mis votos han servido para legitimar el corrupto circo de los partidos políticos y sus infames gastos de campañas y precampañas.

Después de apenas dos décadas de semidemocracia en México, la situación política es peor que en 1997. Hay menor libertad de expresión, puertas más estrechas para la participación ciudadana y un cinismo brutal en lo que respecta a la violación de las leyes electorales por parte de los partidos, los medios masivos de difusión y el mismo Instituto Nacional Electoral (INE).

En 1997, no voté por Cuauhtémoc Cárdenas, debido a que yo tenía solamente 17 años. Pero en ese momento me parecía que México estaba cambiando y para bien; que valía la pena salir algún domingo a tachar una boleta, luego de hacer una pequeña fila, que tal acción sería un grano de arena en la recién descubierta playa democrática; pero me ha parecido como dijera en otro tiempo José Vasconcelos, que a esto ya se lo cargó la chingada.

Si en el 2000 hubo unas elecciones equitativas y masivas por primera vez en toda la historia mexicana, las del 2006 fueron más parecidas a las elecciones en un país vacilante entre el autoritarismo y la democracia, es decir, fueron un golpe contra la democracia en pañales que había en México, debido a la intervención del presidente en las elecciones, a una gran campaña de odio y a una gran cargada de medios masivos en contra de la izquierda.

Sin embargo, todavía en 2009 yo creía que la mejor manera de incidir en las políticas públicas era a través del voto. Pensaba tales cosas porque veía, igual que ahora, que los dueños del país son los empresarios y que esta clase social busca explotar a sus trabajadores tanto como pueda. Además creía que los partidos políticos eran necesarios como un contrapeso de los adinerados. Por supuesto hay ejemplos de sobra para notar que más bien los partidos políticos son empleados de las grandes empresas nacionales y trasnacionales. No legislan para beneficio de la mayoría sino para beneficio de sus patrones. En otras palabras, me recrimino por pensar ingenuamente que los partidos políticos podrían resistirse al control de la clase empresarial, hoy veo que el descaro de Televisa y su Partido Verde no tiene límites.

Pero la mayor decepción es la que he visto en el PRD y en Morena, así como en el resto de los partidos de izquierda. Porque no han sido capaces de distinguirse de las típicas prácticas corruptas del PRI y porque han sido muy ineficaces frente al desmantelamiento del país.

Por otra parte el PAN y los nuevos partidos de derecha además de su enormes desaciertos, pasaron de la decencia opositora a la indecencia como gobernantes, y diría más: a la peor de las indecencias en un régimen democrático, pues en lugar de procurar la destrucción del sistema autoritario, durante los dos sexenios panistas fortalecieron tal sistema y destruyeron los vientos de cambio. Traicionaron a la democracia, y ahora estamos como en los setentas: simulando elecciones inútiles.

Esta es mi conclusión lamentable. Yo voté en las cinco elecciones anteriores porque confiaba en que a diferencia de mis padres, a mí me habían tocado tiempos democráticos, pero con la restauración de la dictadura perfecta en 2012, he comprendido que no, que no hay democracia en México y, por lo tanto, votar es un acto de ingenuidad. Destruiré mi voto, así como los partidos colaboraron con la destrucción de la democracia. Y aunque no se me da el mesianismo, éste será mi lema: "rompe tu voto y recíclalo"