13 jul. 2007

Ciudad

¿Qué se puede decir de esta magnífica ciudad? Que es inhabitable. Que deberíamos buscar otra, una mejor, una en la que todavía el cielo conserve su color, en la que se pueda caminar sin miedo a un asalto o a la caída de un pájaro envenenado por el sucio aire. Una ciudad donde todavía existan rincones silenciosos para estar a gusto un rato, lejos de la demasiada luz y el demasiado ajetreo de esta urbe llena de ruidos grises, de escándalos metálicos, de neurosis en cada calle.

Sí deberíamos buscar otra, una mejor, que no sea un basurero ni esté rodeada de ríos muertos, y que no se haya fundado en el crimen para si se abre la tierra no se encuentre la sangre circundando las ruinas de otra ciudad ya sepultada.

Una ciudad en la que la noche no sea un territorio sórdido y los niños no arrojen sus cuerpos a los vidrios o traguen fuego o se pierdan intoxicados de cemento en sus lechos de alcantarilla, junto a las ratas que se aparean y extienden a diario su mancha plomiza, que ya se encarama en los cerros y los devora.

¿Y cómo sería la ciudad a buscar? Tendría que tener su historia, unas cantinas con ecos de carcajadas de otros siglos, iglesias construidas con tezontle para que tengan una presencia mística, pero también edificios de cristal donde pasen las nubes; un palacio de gobierno serio y discreto, como buen mexicano, y una catedral barroca en la que los santos españoles tengan tristeza indígena, quizá también un castillo en un sitio elevado, en medio de un bosque, cerca de un lago al que se pueda ir a remar con la novia o con la familia para que existan los burgueses y buenos paseos dominicales.

Sería una ciudad casi provinciana, con librerías de viejo, con organilleros, con pueblos disfrazados de colonias, con gente amable aunque distraída, con muchos museos y muchos poetas, con una plaza de mariachis, con cafés jarochos y habaneros, con chinampas ebrias, con un tren trasnochado, con turistas mirando hacia arriba todo lo mirable. Sería una ciudad grata, aun cuando hubiera demasiado ruido y contaminación.

Me iría a vivir allí inevitablemente. Y ya no buscaría otra, ¿para qué? Si aunque se cambie de ciudad, no se cambia de alma.

2 comentarios:

Amron Aicitel dijo...

muy bien escrito y con buen estilo..me gustò mucho, especialmente el final....

alejandra loera dijo...

sin duda estoy de acuerdo con usted, esa sería la ciudad perfecta, pero sabemos que eso no sucederá. Me encantó el final. =)