Cuando mi padre...
vi
vi por vez primera
vi el mar inmenso
el mar inmenso de la muerte.
31 ene 2008
30 ene 2008
Mi tía y la orfandad
La orfandad se siente por carecer de hijos, no por el abandono o por la muerte de los padres, como la gente piensa.
Mi tía, hija sin hijos, acaso desde muy joven para paliar su orfandad, adoptó por figura paterna a mi padre, su único hermano. Cuando él murió, sin yo comprenderlo entonces, mi tía quedó más huérfana que mis hermanas y más viuda que mi madre y que su propia madre. Porque si ellas se sintieron desamparadas, sintieron también que su labor era proteger a los vástagos, a los niños perpetuos, esos prójimos frágiles perennemente.
La orfandad que puede sentir una madre se deshace ante el afán de proteger a sus descendientes. Porque la orfandad es un sentimiento que inunda a quien está solo, a quien tiene tiempo de preocuparse por sí mismo, a quien extraña esa seguridad inmensa que brinda primero el vientre, luego el regazo, después sólo la sombra de los padres. Y cuando se tiene un hijo, ya se vive para siempre preocupado, ya la soledad que importa y lastima con constancia no es la propia, sino la del descendiente.
Mi tía mostraba esa brillante mirada de las solteronas cuando una niña le sonreía. Acaso estas mujeres miren así porque imaginen que los niños son veneros de alegría y no de preocupaciones. Entre una solterona y una madre media un abismo. Lo maternal es lo humano supremo. No en vano las primeras diosas fueron madres. Qué tranquilidad en el espíritu sobreviene si se cree que la tierra nos ha parido. No es esperable un daño de quien se encarga de cuidarnos. Por eso duele tanto que la vida genere sufrimientos inevitables, es como si hubiera una traición de principios, como si la diosa-madre-procreadora hubiera abandonado su misión de cuidarnos o fuera incapaz de protegernos adecuadamente.
La orfandad está asociada con la infancia porque lo natural es que todos con el tiempo presenciemos la muerte de nuestros padres, pero no se espera que siendo niños los perdamos. Un huérfano despierta compasión porque vivir sin padres será siempre uno de los miedos más arraigados en el hombre. Es algo que remite a la condición humana de necesitarlos para sobrevivir los primeros años, pero también los padres representan el origen, y concebir un origen permite encontrarle un sentido a nuestro estar en el tiempo, y mientras le otorguemos a la vida algún sentido no tendremos angustias existenciales. Para mí por eso la orfandad es un problema existencial, es una pérdida de sentido, es como el descubrimiento de un fraude ontológico. Los niños sin padres no tienen forma de solucionar tal problema. Los adultos, en cambio, con distintos grados de conciencia, han hallado una solución: volverse padres.
Mi tía, sin duda, debió desear ser madre. Lo sé por sus ojos que recuerdo. No estoy seguro, sin embargo, de que haya deseado casarse. Sus enamorados le habrán propuesto matrimonio más de una vez. ¿Habrá rechazado el casamiento por no dejar sola a mi abuela? ¿Pudo mi tía ser la madre de mi abuela, o sea, pudo preocuparse por su cuidado al modo de madre? Me parece que sí. Y he aquí una revelación ética. Uno se vuelve padre y madre no por un tanto de semen arrojado ni por unos óvulos bien dispuestos y receptivos, sino por la capacidad amorosa de cuidar al otro como si se tratara de un ser frágil y desvalido.
La orfandad, asimismo, es un sentimiento intermitente, el egoísmo puede prenderlo y el altruismo contenerlo. Todos somos o seremos huérfanos, pero todos podemos ser padres y madres. No hace falta la gestación in vitro, sino un buen corazón. Los hijos no se gestan gracias a los órganos sexuales, sino a los espirituales.
Mi tía quiso ser madre y lo consiguió en cierta medida. Cuidó a una gran cantidad de perros. Lo cual me despertaba no sé qué de sentimientos contradictorios. Amar a las mascotas, en mi opinión, algo tiene de misantropía.
La orfandad golpeó duro nuevamente a mi tía, como a sus dieciséis con la muerte de su padre, a sus setenta y cuatro años con la muerte de su único hermano.
Por eso yo borraría de su acta de defunción toda esa lista de enfermedades que le encontraron: adenoma hipofisiario, anemia, deshidratación, disnea progresiva, insuficiencia cardiaca y renal crónica, etc. y dejaría sólo una frase: murió de orfandad.
Mi tía, hija sin hijos, acaso desde muy joven para paliar su orfandad, adoptó por figura paterna a mi padre, su único hermano. Cuando él murió, sin yo comprenderlo entonces, mi tía quedó más huérfana que mis hermanas y más viuda que mi madre y que su propia madre. Porque si ellas se sintieron desamparadas, sintieron también que su labor era proteger a los vástagos, a los niños perpetuos, esos prójimos frágiles perennemente.
La orfandad que puede sentir una madre se deshace ante el afán de proteger a sus descendientes. Porque la orfandad es un sentimiento que inunda a quien está solo, a quien tiene tiempo de preocuparse por sí mismo, a quien extraña esa seguridad inmensa que brinda primero el vientre, luego el regazo, después sólo la sombra de los padres. Y cuando se tiene un hijo, ya se vive para siempre preocupado, ya la soledad que importa y lastima con constancia no es la propia, sino la del descendiente.
Mi tía mostraba esa brillante mirada de las solteronas cuando una niña le sonreía. Acaso estas mujeres miren así porque imaginen que los niños son veneros de alegría y no de preocupaciones. Entre una solterona y una madre media un abismo. Lo maternal es lo humano supremo. No en vano las primeras diosas fueron madres. Qué tranquilidad en el espíritu sobreviene si se cree que la tierra nos ha parido. No es esperable un daño de quien se encarga de cuidarnos. Por eso duele tanto que la vida genere sufrimientos inevitables, es como si hubiera una traición de principios, como si la diosa-madre-procreadora hubiera abandonado su misión de cuidarnos o fuera incapaz de protegernos adecuadamente.
La orfandad está asociada con la infancia porque lo natural es que todos con el tiempo presenciemos la muerte de nuestros padres, pero no se espera que siendo niños los perdamos. Un huérfano despierta compasión porque vivir sin padres será siempre uno de los miedos más arraigados en el hombre. Es algo que remite a la condición humana de necesitarlos para sobrevivir los primeros años, pero también los padres representan el origen, y concebir un origen permite encontrarle un sentido a nuestro estar en el tiempo, y mientras le otorguemos a la vida algún sentido no tendremos angustias existenciales. Para mí por eso la orfandad es un problema existencial, es una pérdida de sentido, es como el descubrimiento de un fraude ontológico. Los niños sin padres no tienen forma de solucionar tal problema. Los adultos, en cambio, con distintos grados de conciencia, han hallado una solución: volverse padres.
Mi tía, sin duda, debió desear ser madre. Lo sé por sus ojos que recuerdo. No estoy seguro, sin embargo, de que haya deseado casarse. Sus enamorados le habrán propuesto matrimonio más de una vez. ¿Habrá rechazado el casamiento por no dejar sola a mi abuela? ¿Pudo mi tía ser la madre de mi abuela, o sea, pudo preocuparse por su cuidado al modo de madre? Me parece que sí. Y he aquí una revelación ética. Uno se vuelve padre y madre no por un tanto de semen arrojado ni por unos óvulos bien dispuestos y receptivos, sino por la capacidad amorosa de cuidar al otro como si se tratara de un ser frágil y desvalido.
La orfandad, asimismo, es un sentimiento intermitente, el egoísmo puede prenderlo y el altruismo contenerlo. Todos somos o seremos huérfanos, pero todos podemos ser padres y madres. No hace falta la gestación in vitro, sino un buen corazón. Los hijos no se gestan gracias a los órganos sexuales, sino a los espirituales.
Mi tía quiso ser madre y lo consiguió en cierta medida. Cuidó a una gran cantidad de perros. Lo cual me despertaba no sé qué de sentimientos contradictorios. Amar a las mascotas, en mi opinión, algo tiene de misantropía.
La orfandad golpeó duro nuevamente a mi tía, como a sus dieciséis con la muerte de su padre, a sus setenta y cuatro años con la muerte de su único hermano.
Por eso yo borraría de su acta de defunción toda esa lista de enfermedades que le encontraron: adenoma hipofisiario, anemia, deshidratación, disnea progresiva, insuficiencia cardiaca y renal crónica, etc. y dejaría sólo una frase: murió de orfandad.
17 ene 2008
Dos centavos
Sumados dos centavos más dos centavos doce veces son veinticuatro centavos, son cuatro por ciento, o algo semejante, de aumento al litro de gasolina. A este incremento moderado se le ha llamado apocalípticamente: ¡el gasolinazo!
Algunos se han atrevido a decir que es suficiente razón para una nueva revolución. ¿Pues en qué país viven? El impacto inflacionario va a ser mínimo. Que algunos intermediarios elijan aprovecharse de la situación es otra cosa.
¿Los opositores del gobierno estarán tan vacíos de ideas o serán tan ignorantes que de verdad crean que “el gasolinazo” es un peligro para el país? ¿Hay tan poco qué criticarle al gobierno que se necesitan embustes para llamar la atención?
Si se me permite responder (en mi blog supongo que se me permite casi todo), pienso que sí hay un vacío de ideas y una ignorancia entre los que dictan la agenda de las izquierdas. Qué mejor muestra de esto que optar por Porfirio Muñoz Ledo como jefe del FAP.
Por otra parte, pienso que al gobierno actual se le pueden criticar muchas acciones. Pero se necesita el filo de la crítica, el bisturí agudo, como sugirió hace unos días Jesús Silva-Herzog Márquez en REFORMA, y lo que nos encontramos son machetazos criticones que no contribuyen y sólo pretenden polarizar, alistar masas, vencer la capacidad pensante de los ciudadanos, que éstos se olviden de la reflexión y elijan un grito de guerra: ¡no al gasolinazo!
¿Podremos ver que actualmente los precios suben a nivel mundial? Me encontré con un dato interesante, en promedio, en la Unión Europea los precios de la gasolina subieron un 13 % el año pasado y se pronostica que seguirán en aumento por la escalada del crudo. Lo escribo no porque sea un aumento tres veces mayor que en México, sino porque no hay marchas (maybe in France) ni protestas ni columnistas alarmados. Por supuesto que saben que es una mala noticia, pero no el fin del mundo.
Las malas noticias son inevitables. No hay justicia. No hay posibilidades de recursos ilimitados ni de riqueza universal. Es muy cómodo estar contra el gobierno e imaginar, tontamente, que depende de éste que haya o no haya aumento en los precios. Lo que se debe debatir son otras cuestiones.
¿Qué sucedería en México con un aumento de más del 17 % a la gasolina como en Dinamarca, lo cual significaría un poco más de un peso por litro? Me dirán que Dinamarca no es productora de petróleo como México. Pero se equivocarían porque sí lo es. Dirán que es uno de los países más ricos del mundo, que los salarios de los daneses son muy superiores. Es verdad. Pero es otro tema, ¿no será mejor discutir acerca de cómo lograr un aumento al salario mínimo en México?
Algunos se han atrevido a decir que es suficiente razón para una nueva revolución. ¿Pues en qué país viven? El impacto inflacionario va a ser mínimo. Que algunos intermediarios elijan aprovecharse de la situación es otra cosa.
¿Los opositores del gobierno estarán tan vacíos de ideas o serán tan ignorantes que de verdad crean que “el gasolinazo” es un peligro para el país? ¿Hay tan poco qué criticarle al gobierno que se necesitan embustes para llamar la atención?
Si se me permite responder (en mi blog supongo que se me permite casi todo), pienso que sí hay un vacío de ideas y una ignorancia entre los que dictan la agenda de las izquierdas. Qué mejor muestra de esto que optar por Porfirio Muñoz Ledo como jefe del FAP.
Por otra parte, pienso que al gobierno actual se le pueden criticar muchas acciones. Pero se necesita el filo de la crítica, el bisturí agudo, como sugirió hace unos días Jesús Silva-Herzog Márquez en REFORMA, y lo que nos encontramos son machetazos criticones que no contribuyen y sólo pretenden polarizar, alistar masas, vencer la capacidad pensante de los ciudadanos, que éstos se olviden de la reflexión y elijan un grito de guerra: ¡no al gasolinazo!
¿Podremos ver que actualmente los precios suben a nivel mundial? Me encontré con un dato interesante, en promedio, en la Unión Europea los precios de la gasolina subieron un 13 % el año pasado y se pronostica que seguirán en aumento por la escalada del crudo. Lo escribo no porque sea un aumento tres veces mayor que en México, sino porque no hay marchas (maybe in France) ni protestas ni columnistas alarmados. Por supuesto que saben que es una mala noticia, pero no el fin del mundo.
Las malas noticias son inevitables. No hay justicia. No hay posibilidades de recursos ilimitados ni de riqueza universal. Es muy cómodo estar contra el gobierno e imaginar, tontamente, que depende de éste que haya o no haya aumento en los precios. Lo que se debe debatir son otras cuestiones.
¿Qué sucedería en México con un aumento de más del 17 % a la gasolina como en Dinamarca, lo cual significaría un poco más de un peso por litro? Me dirán que Dinamarca no es productora de petróleo como México. Pero se equivocarían porque sí lo es. Dirán que es uno de los países más ricos del mundo, que los salarios de los daneses son muy superiores. Es verdad. Pero es otro tema, ¿no será mejor discutir acerca de cómo lograr un aumento al salario mínimo en México?
Yo prefiero preocuparme por el salario mínimo que por nuestro "gasolinazo" que estimo debe ser de los menores aumentos a la gasolina a nivel mundial este año. De hecho, retaría a cualquier lopezobradorista a que investigara en qué país aumentó menos que en México la gasolina. Y conste que es subjuntivo "retaría", porque en realidad no tengo ganas de discutir con ningún pejista.
¿Cómo es que se hacen poemas?
a Ara Coeli
no sé cuánto caminé hoy
otra vez la suela
se desprendió de mi zapato
decidí acostarme
sentarme
quedarme quieto
en una ciudad desconocida
estuvo bien la tarde
la noche
unos tipos cruzaron la plaza
dando abrazos gratis
me hubiera gustado un abrazo
aunque no me gustan los tipos
me hubiera gustado un cartel
para repartir poemas gratis
y compartir un poco de esto
con todos
con alguien si hubiera alguien
y si yo supiera lo que es esto
esta cosa crepuscular
debajo del pecho
y si supiera
claro
¿cómo es que se hacen poemas?
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