25 sept. 2011

Intempestivas


Un bebé tiene edad suficiente para ser envidioso. Es un ser maligno y frágil. Lleno de odio y necesidad. Es la semilla encarnada del crimen, es divina animalidad quebradiza.
Nunca seremos seres angelicales. Es imposible si hemos comenzado cometiendo este contundente error de haber nacido.

El pecado original no es otra cosa que la herida que infringió la nada cuando nos defecó.

Si asumieran que nacer es un infortunio, que siempre habrá crímenes, perversidades y torturas; que no hay paraíso ni revolución ni retorno al hogar posible, qué cerca estarían de la felicidad.

Si perdiera toda esperanza. Si caminara totalmente seguro de que miles de niños mueren de hambre sin remedio, me imagino que sería feliz. Si al mirar horizontes estuviera convencido de que toda oveja es una fiera, y que las sociedades entre bestias sólo pueden ser inmorales, como son: falsamente democráticas, verdaderamente despóticas. Si al nadar libremente por los días comprendiera que mejor sería no haber nacido nunca, cuánto daño dejaría de hacer. Si renunciara a todos los paliativos como el alma, el espíritu, los dioses, la ciencia, la filosofía; si pudiera desnudarme de cultura y alcanzara un lenguaje sin tradición, apuesto a que vería con claridad. Pero ya perdí la esperanza de que eso suceda. He asumido mi caída, lo cual, apenas, me da un poco de gracia.

1 comentario:

hugo dijo...

Felicidades