23 sept. 2011

El narrador del Génesis


ANTONIO: La verdad yo creo que nunca hubo un principio.

NARRADOR: Al principio Dios creó los cielos y la tierra.

ANTONIO: Eso no puede ser.

NARRADOR: ¿Por qué no?

ANTONIO: Porque no sé quién eres tú.

NARRADOR: Soy el narrador del Génesis.

ANTONIO: ¿Tú estabas al principio, antes de que Dios creara el cielo y la tierra, tú existías antes que todo y, por qué no decirlo, antes que Dios?

NARRADOR: No, después.

ANTONIO: Entonces tú no puedes saber si Dios creó o no creó. Estás narrado algo que no te consta.

NARRADOR: Pero fui inspirado por Dios.

ANTONIO: Oquey, entonces, qué te parece este modo: “Muchos años después, cuando su pueblo era esclavo en Asiria, Dios recordaría el momento en el que decidió confesarle a cierto escriba la historia del origen del mundo”.

NARRADOR: No me gusta.

ANTONIO: Pero es una manera más segura de contarlo. Piensa que así no hay riesgo de que te demanden por no verificar tus fuentes. Si pones entre comillas lo que Dios te dijo ya con eso te lavas las manos y te curas en salud. Además, si él te lo dictó lo hubieras puesto en primera persona, si nomás te hizo ver visiones, mejor ten cuidado, porque qué tal que seas esquizofrénico o que aquel día hayas cenado algún hongo alucinógeno o algo así. Todo puede ser.

NARRADOR: La tierra estaba informe y vacía…

ANTONIO: No, eso no puede ser. Estás narrando como si tú hubieras estado ahí, y no podías estar ahí porque la tierra estaba vacía, y en el vacío nadie puede estar.

NARRADOR: y las tinieblas cubrían la superficie del abismo: y el espíritu de Dios se movía sobre las aguas.

ANTONIO: No, carnalito, narrando de este modo dejas muchas dudas. Eso de las aguas y las tinieblas me suena más bien a que estás inventando todo a partir de cómo te imaginas el vientre de la madre: oscuridad y líquido amniótico.

NARRADOR: Dijo Dios: hágase la luz. Y la luz fue hecha. Y vio Dios que la luz era buena y dividió la luz de las tinieblas.

ANTONIO: Dijo que dijo. Yo no sé por qué le crees a pie juntillas. Todos mienten. ¿No te sorprende que la luz conociera su nombre? ¿Cómo algo pudo tener nombre antes de existir? Tampoco entiendo cómo pudo dividir la luz después de crearla. Quiero decir, ¿cómo pudo haber estado unida la luz a las tinieblas para necesitar luego ser dividida?

NARRADOR: A la luz la llamó día y a las tinieblas noche.

ANTONIO: Es una locura. ¿No mejor hubiera dicho: hágase el día? Se hubiera ahorrado tiempo y esfuerzo. ¿Por qué la llama luz si poquito después le cambiará el nombre y lo llamará día? Este es su primer error notable.

NARRADOR: y así de la tarde aquella y de la mañana siguiente, resultó el primer día.

ANTONIO: No sé si te has dado cuenta que aún no existe el sol.

SAN GREGORIO NISENO: Esta luz pudo ser el elemento del fuego o la materia de que al cuarto día se formaron los astros.

ANTONIO: Nah

NARRADOR: Asimismo dijo Dios: Haya un firmamento o una grande extensión de en medio de las aguas que separe unas aguas de otras. E hizo Dios el firmamento, y separó las aguas que estaban debajo del firmamento, de aquellas que estaban sobre el firmamento.

ANTONIO: No me hace sentido lo que narras. A ver, ¿qué fue exactamente lo que Dios te dijo que dijo? Porque o te dijo firmamento o te dijo extensión de las aguas, o quizá no te dijo nada y tú nomás inventas. ¿O pudo decir ambas? Qué indecisión ¿no? Además, ¿por qué ahora dices “e hizo…”?, hace rato con lo de la luz, nomás dijo: hágase y ya estuvo hecha. ¿O sea que la luz sí, solo con decirlo se hizo, pero en este caso del firmamento, además de decirlo tuvo que hacerlo? Yo digo que tu narración está muy mal.

NARRADOR: Dijo también Dios: reúnanse en un lugar las aguas que están debajo del cielo, y aparezca lo árido o seco. Y así se hizo. Y al elemento árido dióle Dios el nombre de Tierra, y a las aguas reunidas las llamó Mares. Y vio Dios que lo hecho estaba bueno.

ANTONIO: Oquey, ¿tú estás narrando en hebreo, verdad? ¿O sea que Dios habla hebreo? Ahora, ¿te diste cuenta que aquí el procedimiento es distinto a la creación de la luz? Primero utiliza una perífrasis y luego ya que existen tierra y mares les da nombre. Pero aún así es muy raro: está hablando a solas. Se me hace que está bien loquito.

NARRADOR: Dijo asimismo: produzca la tierra yerba verde y que dé simiente, y plantas fructíferas que den fruto conforme a su especie, y contengan en sí mismas su simiente sobre la tierra. Y así se hizo.

ANTONIO: ¿Y qué época del año era? ¿Todo fructificó así en un ratito?

NARRADOR: Dijo después Dios: haya lumbreras en el firmamento del cielo que distingan el día y la noche, y señalen los tiempos, los días y los años, a fin de que brillen en el firmamento del cielo, y alumbren la tierra.

ANTONIO: Qué cosa tan más absurda: no había dado Dios ninguna explicación y al cuarto día se le ocurre explicar las cosas. Y realmente lo que hace es mostrar lo absurdo de las creaciones de sus tres días anteriores. Si ya había creado el día y la noche, ¿a qué venía crear ahora lumbreras? Si ya existía la luz, ¿para qué necesitaba brillar el sol? Si, además, las plantas y los árboles podían subsistir sin él. Todo esto es absurdo. Y cómo está eso de que las lumbreras servirían para señalar los días. Ya habían pasado tres días sin necesidad de movimientos estelares. Yo digo que te equivocaste bien gacho. Reescríbelo todo.

NARRADOR: Dijo también Dios: produzcan las aguas reptiles animados que vivan en el agua, y aves que vuelen sobre la tierra debajo del firmamento del cielo.

ANTONIO: Yo no sé por qué los fundamentalistas critican tanto la teoría de la evolución. La fotosíntesis es el descubrimiento científico que vuelve absurdo el Génesis. ¡Las plantas existían antes que el sol! ¡Y la luz existía también antes que el sol! ¡Pasaron cuatro días antes de que el tiempo comenzara a ser medible! ¿De dónde sacaste tantas ocurrencias?

NARRADOR: Y por fin dijo: hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra, y domine a los peces del mar, y a las aves del cielo, y a las bestias, y a toda la tierra, y a todo reptil que se mueve sobre la tierra. Creó pues Dios al hombre a imagen suya: los creó varón y hembra.

ANTONIO: ¿Por qué narras dos veces lo mismo? Es curioso y extraño. ¿Quién escribe el “por fin”, querido narrador, tú o Dios? ¿Dios te dijo por fin creé al hombre? ¿O tú lo estás agregando? ¿Ves por qué son importantes las comillas? Esas palabras son claves. Ahora, si el hombre es imagen de Dios, Dios tiene como los hombres boca y dientes y lengua. Pero hay otra cosa, ¿Dios es hembra o varón? Si creó a los hombres, hembra y varón, ¿qué tal que es al mismo tiempo hembra y varón? Aunque eso rompería la semejanza. Dios tiene que ser hembra o varón. ¿Por qué suponemos que es varón?

SEGUNDO NARRADOR: Tal fue el origen del cielo y de la tierra, cuando fueron creados, en aquel día en que Dios hizo el cielo y la tierra, y todas las plantas del campo, antes que nacieran en la tierra, y toda la yerba de la tierra, antes que de ella brotara: porque Dios no había aun hecho llover sobre la tierra, ni había hombre que la cultivara. Salía empero de la tierra una fuente que iba regando toda la superficie de la tierra. Formó pues Dios al hombre del lodo…

ANTONIO: ¿Qué? ¿Y tú de dónde saliste?

SEGUNDO NARRADOR: Soy otro narrador del Génesis, el narrador de la historia de Adán y Eva.

ANTONIO: Tienes otro tono, otra perspectiva, y estás contando algo distinto a lo que contaba el anterior narrador, ¿te das cuenta?

SEGUNDO NARRADOR: Sí.

TRADICIÓN ORAL: ¿Qué esperabas, que todo saliera de un plumazo?, no señor, aquí pasaron siglos.

ANTONIO: Ya veo: hay dos mitos superpuestos. Qué lástima, era gracioso el primer narrador. Este segundo es mucho más rebuscado. Me hizo perder el interés.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Aunque yo creo que intentas engañarnos con esta reseña literaria de la creación, - ¿o es qué acaso, poeta egoísta, lamentas haber nacido? – con ese cinismo asolapado y quasimodo tan tuyo, optaré por ignorarte y ocultar este mismo pensamiento.

Salmerón Amargo