25 ago. 2009

Deliberación

NOÉ: Yo que estuve en el Diluvio les digo que sí fue Él, es culpable, no hay duda.

TÁCITO: No hay pruebas históricas de que él haya sido el culpable, que él mismo se inculpe es sólo muestra de una demencia senil, es un pobre viejo, es inocente.

JACOB: Todos deben darse cuenta de que este es un juicio político, no es a Yahvé sino a los israelitas a quienes se están juzgando, imagínense, nosotros que padecimos el Holocausto nazi, primero Hitler asesina a seis millones de judíos y luego viene este juicio, esto es antisemitismo, por supuesto que Yahvé es inocente.
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SAN AGUSTÍN: Este juicio fue gracia de la divina providencia. Si Dios no quisiera ser juzgado no habría juicio. Si hay juicio es porque quiere ser condenado. ¿Para qué? Para salvarnos, sin duda, él con su condena nos liberara, debe morir para renacer. Comprendan que Dios es a la vez inocente y culpable, y ni lo uno ni lo otro, un misterio. Declarémoslo culpable, tengo fe en que esto es lo que él quiere y la fe no puede equivocarse.
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JUDITH: Yo no asesiné a Holofernes, fue Yahvé, y si él cometió aquel asesinato utilizando mi propia mano, seguramente también cometió esos otros crímenes usando las manos de otras personas. No hay duda de que él es el único responsable, el único culpable.
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SAN CIRILO: Este juicio ha sido un continuo blasfemar. Pero tantas blasfemias han venido a ser ninguna. Porque yo pienso que si Dios se deja juzgar, no es Dios. Y, entonces, el verdadero Dios es Jesucristo, y si como vimos no está en las mejores condiciones para recibir su cargo, debemos crear una institución que vele por el cumplimiento de sus mandamientos, propongo que instauremos varias comunidades para explicar ante la gente y obligarlas a que asistan a misas. Para que comprenda que si decidimos que Yahvé era culpable se debe a la inocencia de sus leyes, y debemos luchar para que tales leyes continúen vigentes para siempre.
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MARX: No enfrentamos a un problema que ya considerábamos superado, la relación laboral hombre-Dios, ¿quién trabaja para quién? Dios necesita liberarse de la especie humana, los seres humanos quieren capitalizar los frutos del trabajo de Dios, mientras que Dios no recibe los beneficios que produce su propia creación, es decir, su fuerza de trabajo está siendo explotada por los humanos, por tanto, el genocidio que cometió no fue sino un despertar de la conciencia de clase, que por ser desorganizado fue infructuoso, pero no por ello lo vamos a condenar, por el contrario, nada debe a la sociedad, lo único que Dios debe perder son sus cadenas. Necesitamos dos, tres, cien Sodomas, que se unan los dioses de los cielos para acabar con la opresión que los humanos les imponen. Inocente.
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HYPATIA: Quisiera recordarles que Dios es infinito, por tanto es invisible, vemos cosas finitas, y si sabemos que existe lo infinito es por la continua transformación de las cosas finitas, que además nos resultan inabarcables, lo finito, pues, tiende a ser infinito y viceversa; gracias a ello lo captamos, pero nuestra percepción sería errada al confundir en las cosas finitas la infinita, a la cual podríamos mejor señalar como el todo, o bien, lo Uno, y si identificamos a Dios con el Uno, o con el Todo, notaremos la imposibilidad de conocerlo más que por parcialidades, estos días de juicio nos habremos representando una de esas parcialidades, pero no el infinito ni la totalidad, ni el Uno, por tanto, aunque sea una parcialidad culpable, no podemos aseverar lo mismo del todo, digo con esto que para mí es inocente.
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LENNON: Quiero imaginarme que no hay culpables ni inocentes, pero como tengo que hablar, diré por decir algo, que es inocente.

DAVID: Habían dos hombres que tenían cada uno una hija. Uno de estos hombres ofendió al otro, que se cobró robándose a la hija del que lo había ofendido. Para que le regresara a su hija el primer hombre fue a pedirle perdón al segundo y le ofreció holocaustos, quedó tan complacido el segundo hombre que le dio al primero no sólo a la hija que le correspondía, sino también la suya propia. Y esa hija se llama Humanidad. Yahvé ha creído que puede darnos y quitarnos bienes a su antojo y tratarnos como si fuéramos cosas. Nos entrega leyes absurdas como la monogamia y después nos da muchas mujeres y luego asesina a nuestros primogénitos. Está loco. Es culpable.
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SADE: Comprendo, señores, el sentido de este juicio: dar una lección de moral a los ciudadanos. Para ello, me parece un grave defecto el que parte del jurado sean personas allegadas a la religión, pues por sus creencias les será imposible mantener un juicio equilibrado. La reflexión que debemos hacer es a tal grado compleja que difícilmente un religioso podrá seguirla. Se trata de ver si condenando las crueldades de Yahvé pueden las personas ser menos crueles. Mientras lo tengan como ejemplo a seguir mal andaremos. Mas considero que hace falta meditar otro asunto, a saber, ¿será el castigo del perverso el mejor remedio para educar en el bien? No lo creo, porque no se puede castigar sin lastimar. Lo que triunfa nunca es el bien, sino un mal aún más poderoso. Sin embargo, si mostramos la apariencia de un mal, por ejemplo: Yahvé triunfante, horrorizaremos a la población, es decir, se avergonzarán del mal y estarán listos para las virtudes. Aunque resulte horrendo, declaremos inocente a Yahvé.
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NIETSZSCHE: Yo me río de este juicio y me río del tonto que se cree muy listo. El pobre humano quiere progresar a través de juicios y no ha sido capaz de enjuiciarse a sí mismo. ¿Qué es un juicio sino la irracionalidad vestida de seria? Yo estoy en contra. ¿Por qué juzgar a Yahvé y no al Anticristo? El verdadero miedo no es a la inmoralidad sino a la amoralidad. Y yo soy el amoral que nadie tolera porque estoy elevado muy por encima de las pequeñas ideas de los leguleyos. Despreciad las leyes y algún día serás justo. No juzguemos al superhombre con nuestra visión de superhormigas. Algunos esperan que yo, el gran Anticristo, el máximo pensador que ha existido, el mejor cerebro de Alemania, que es como de decir de todas las Galaxias, el creador de los evangelios de Zaratustra, me pronuncie con una sola palabra, culpable o inocente, no les daré ese gusto. Yahvé no me interesa, soy muy superior a él como para juzgarlo. Adiós. (Vase pero deja un papel que dice: culpable)

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